Gabriel Contreras
De pronto ellas estaban en el suelo como figuras de plastilina, ellas se derrumbaban sin explicación y sus cuerpos pasaban a ser letras de una protesta sin palabras.
Eran como cadáveres arrojados a los adoquines de la calle Morelos, y alguna gente pasaba sin voltear a verlos, otros los miraban con cierta indiferencia, otros sólo atinaban a preguntarse de qué se trata.
Este performance antiviolencia se realiza un domingo en la tarde, en pleno corazón de Monterrey, generando preguntas sin respuesta, ojos atónitos, palabras que apenas se entretejen.
Mientras ellas hacían de la calle un escenario de la protesta en Monterrey, en Fresnillo unos hombres colgaban a dos mujeres en unos postes. Por un lado, la escena urbana, la imaginación, las ideas. Por la otra, la sangre, las armas, el poder de la sinrazón.
Su presencia, sus cuerpos yacentes, ofrecían un mensaje inesperado a los transeúntes. En silencio, la presencia de todas esas mujeres con el rostro golpeado y los ojos cerrados, nos decían algo que no se puede decir con palabras.
Esto no es un arrebato, no es un alboroto, tampoco es una fiesta. Así nos lo va diciendo Nirka Alejos Puga, estudiante de comunicación, quien participa en la realización de un performance que se opone al ejercicio de la violencia contra la mujer.
La acción se desarrolla en un Monterrey frío y húmedo, y tiene en la mira sumarse a las acciones del Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, que se ha establecido el 25 de noviembre.
Alejos Puga nos indica que esta acción se halla relacionada con otras muchas que han tenido lugar en distintas ciudades de España y Francia, y puntualiza que, en Monterrey, en nuestra ciudad las cosas apenas comienzan a ocurrir en este sentido, y que en realidad queda un gran camino por recorrer, ya que las autoridades se muestran resistentes ante la necesidad de visibilizar el problema de la violencia contra la mujer en muchos espacios sociales.
Alejos Puga nos indica que, para las autoridades, es sumamente difícil aceptar la existencia de los feminicidios en Nuevo León, que cuentan con una lista importante, pero no generan respuestas institucionales considerables.
Mónica Lozano forma parte del elenco actoral de este performance, y nos indica que “existen muchas formas de la violencia que nos negamos a ver. Nosotros, a través de esta acción escénica y urbana, tratamos de llamar la atención respecto a este problema, y me parece que gran parte de la esencia de esta cuestión no está en el exterior, sino dentro de nosotros mismos”.
Para Sandra Cardona, activista en cuestiones de género y violencia, el problema femenino desborda a veces la fuerza de la mujer.
“Muchas mujeres no se atreven a dejar a su pareja, a su marido. No pueden dar un paso adelante para salir de ese entorno. No es fácil. La vilencia real, más allá de lo escénico, es algo terrible, y enfrentarlo es en sí mismo un progreso”.
Sandra Cardona encabeza un grupo de autoayuda para mujeres y para lesbianas. “En el Instituto de la Mujer de Nuevo León, por ejemplo, no tienen opciones para las lesbianas, no saben cómo abordar el problema, ahí no hay puerta que tocar. Mientras que Forcados sí es un grupo que está intentando crear alternativas en relación con este problema, que toca lo mismo a la mujer como a la mujer lesbiana”.
“Todas, ahora mismo, nos dice Cardona, vamos buscando ayuda, y vamos dándonos ayuda entre nosotras mismas, esa es la salida”.
Lucero Montes, productora artística invitada a esta acción escénica por Mónica Lozano, nos indica que en una acción performativa como esta resulta interesante estar directamente en la acción. “En esta ocasión no participo como una artista, sino como una ciudadana más. Esto no es un espectáculo, es un afán de preguntarnos qué sucede”.
