Narciso Bassols, educador, político y diplomático

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Jorge Pedraza

narcisobassolsoA través de sus 92 años de existencia, la Secretaría de Educación Pública en el país ha sido encabezada por figuras como José Vasconcelos, Bernardo J. Gastélum, José Manuel Puig Casauranc, Moisés Saenz, Ezequiel Padilla, Aarón Saenz, Carlos Trejo y Lerdo de Tejada, Alejandro Cerisola, Narciso Bassols, Eduardo Vasconcelos, Ignacio García Téllez, Gonzalo Vázquez Vela, Luis Sánchez Pontón, Octavio Véjar Vázquez, Jaime Torres Bodet, Manuel Gual Vidal, José Ángel Ceniceros, Agustín Yáñez, Víctor Bravo Ahuja, Porfirio Muñoz Ledo, Fernando Solana Morales, Jesús Reyes Heroles, Miguel González Avelar. Ernesto Zedillo Ponce de León, Miguel Limón Rojas, José Ángel Pescador, Reyes Tamez Guerra, Josefina Vázquez Mota y Emilio Chuayffet.

A uno de ellos, al licenciado Narciso Bassols, habremos de referirnos en esta ocasión. El Lic. Bassols era el titular de la Secretaría de Educación Pública en el país, cuando se creó la Universidad de Nuevo León hace 80 años.

Cuando tuvimos el privilegio de dirigir la Capilla Alfonsina, biblioteca central de la Universidad Autónoma de Nuevo León, presentamos en dos ocasiones en ese lugar al geógrafo Ángel Bassols Batalla, prestigiado profesional hijo del licenciado Narciso Bassols, quien fuera secretario Educación Pública, secretario de Gobernación, secretario de Hacienda y Crédito Público y representante diplomático de México en varios países.

¿El motivo de sus visitas a la Capilla Alfonsina? La presentación de varios de sus libros. El maestro Bassols Batalla editó, entre otros, la “Correspondencia selecta de Narciso Bassols”. Ésta incluye 398 cartas escritas por el licenciado Bassols a lo largo de 26 años, entre los de 1933 y 1959. Es, obviamente, una selección pues, como advierte Ángel Bassols en la introducción del libro, le tomó casi dos años de trabajo el leer, seleccionar, copiar y revisar los textos. En total, procedió al examen de más de 700 cartas.

Pero, ¿por qué puede resultarnos interesante la correspondencia de este personaje, aparentemente ajeno a la región? Porque independientemente de su relevancia como hombre público durante las gestiones presidenciales de Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines, el licenciado Bassols jugó un papel fundamental en el nacimiento de la Universidad de Nuevo León, hace ya 80 años.

En efecto, como secretario de Educación Pública de México en esa época, Narciso Bassols brindó su apoyo a personajes tales como el doctor Pedro de Alba y el licenciado Héctor González, decididos impulsores del proyecto tendiente a crear nuestra Alma Máter, así como a quienes por ese tiempo eran estudiantes y que más tarde llegarían a ser rectores, como el periodista José Alvarado y el humanista Raúl Rangel Frías. Baste decir que, sin el apoyo del licenciado Bassols, el parto que dio vida a la Universidad de Nuevo León, actualmente autónoma, hubiera sido más doloroso y definitivamente más tardado. Su buena disposición, su cercanía al entonces Presidente, Plutarco Elías Calles, y la indiscutible influencia que ejercía sobre él, allanaron el camino para la creación de una institución de educación superior que se ha significado en su historia como una de las más importantes del país. Nacido el 22 de octubre de 1897 en Tenango del Valle, Estado de México, el licenciado Narciso Bassols murió, víctima de infausto accidente, el 24 de julio de 1959 –el mismo año del fallecimiento de nuestro entrañable don Alfonso Reyes– en la ciudad de México.

Narciso Bassols realizó sus estudios profesionales en la Escuela Nacional Preparatoria, entre 1911 y 1915, y en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, entre 1916 y 1920. Ese mismo año se significó por la obtención de su título profesional, el 29 de mayo, y por su matrimonio con la licenciada Clementina Batalla Torres. Impartió cátedra de Lógica en la Escuela Nacional Preparatoria, entre 1921 y 1929; de Garantías y Amparo, en la Facultad de Derecho de la Universidad de México, de 1923 a 1931, y de Derecho Constitucional, en la misma escuela y en el mismo período.

Ocupó sucesivamente los cargos de secretario general de Gobierno del Estado de México (1925-1926); jefe del Departamento Jurídico de la Comisión Nacional Agraria (1926-1927); director de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de México (1928-1929), y presidente del Comité Liquidador de los Antiguos Bancos de Emisión (1930-1931).

Fue Secretario de Educación Pública de México, entre 1931 y 1934; Secretario de Gobernación, en 1934, y Secretario de Hacienda y Crédito Público, en 1934 y 1935. Fue asimismo ministro de México en Londres y delegado de México en la Sociedad de Naciones; representante de México en España antes y durante la guerra civil; ministro de México en París, de 1938 a 1939; embajador en Moscú, de 1944 a 1946; consejero del presidente Adolfo Ruiz Cortines, de 1953 a 1954, y miembro mexicano del Buró del Movimiento Mundial por la Paz, de 1958, hasta el momento de su muerte, en 1959.

Esta intensa actividad política, diplomática y periodística lo obligaron a escribir copiosa correspondencia, gran parte de la cual, desgraciadamente, ha desaparecido porque, según lo explica Ángel Bassols Batalla, él mismo se deshizo de muchos documentos que estimó ya no le serían de utilidad alguna. Sin embargo, con lo recuperado, procedió a realizar la obra de referencia.

El libro que compendia la correspondencia del licenciado Bassols ha sido dividido por su hijo en nueve capítulos, aparte de la introducción y una guía biográfica. Los capítulos son: I. Cartas familiares y de relación personal; II. Política nacional en general; III. Problemas económicos y sociales; IV. El petróleo nacionalizado; V. Derechos democráticos y el Partido Popular; VI. Asuntos educativos y culturales; VII. Política mundial, subdividida a su vez en: 1) Actuación diplomática y relaciones internacionales; 2) México, América Latina y Estados Unidos, y 3) Relaciones de México con la URSS; VIII. España 1937-1940; IX. Contra el fascismo y en favor del movimiento por la paz mundial.

Una muestra de estas cartas es la que dirigió a Don Rodrigo de Llano, Director General del Periódico Excélsior, en la cual entre otras cosas dice: Señor director: «Cuando no puedas argumentar, patea, llena de injurias a tu interlocutor. Conseguirás por lo menos disfrazar tu impotencia, y hasta desorientar a los tontos, que nunca escasean».

“A tan pobre consejo se atuvo el colaborador de Excélsior que en la página editorial de hoy, se ocupa del primer artículo –titulado ¡Salgámonos de la ONU–, de la serie que vengo publicando sobre ese tema. Los meros desahogos, señor director, me hacen lo que el aire le hizo a Juárez. Mi imperturbable buen humor está a prueba de bomba.

“Y por fortuna no a todos los mexicanos les merezco la misma opinión. Da la casualidad de que precisamente el mismo día en que sin ningún respeto para los lectores de Excélsior –que no son todos tontos– se publica en la página editorial la opinión que de mí tienen en las piqueras, aparece en la revista Hoy un juicio del general Lázaro Cárdenas sobre mi persona, que por bondadoso en sus términos no habré de citar textualmente, pero que con exceso lava los detritus de mosca, que como puntos sobre las íes quiso poner hoy su colaborador.

“He afirmado, y se reconoce que lo hice, entre otras muchas cosas, esto: «La ONU, nacida como instrumento de cooperación internacional, se convierte en arma de lucha ideológica y militar desenfrenada. Se creó como un recurso de paz, supremo y universal, para verse transformada en centro organizador de una contienda futura. La guerra de Corea marca un punto crítico en la historia de la estructura jurídica nacida en San Francisco. Inicia también una nueva etapa en el desarrollo general de sus actividades, y por consecuencia impone una revisión urgente de la actitud de México respecto a ella…» Y veinte cosas más, ciertas o falsas, pero dignas de consideración y estudio público.

El anterior documento nos da una ligera idea de la forma de pensar del licenciado Narciso Bassols en dos asuntos de política nacional e internacional. La lectura de sus cartas, en el libro editado por su hijo, nos dan material para eso y para mucho más. Por medio de ellas, podemos hacer un recorrido particular por una etapa de la historia de México particularmente interesante.

Vaya para el lector una invitación a conocer este libro; una felicitación para Ángel Bassols Batalla, por haber puesto a nuestro alcance estos documentos de indudable valor histórico, y un recuerdo agradecido a quien puso su grano de arena para el nacimiento de una institución que, ahora, es motivo de honda satisfacción y justificado orgullo para Nuevo León y para México: la Universidad Autónoma de Nuevo León.

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