Por Gabriel Todd
En 1970 Monterrey con 1,200,000 habitantes tenía una densidad poblacional de 95 habitantes/hectárea. Para el año 2000 con 3,200,000 regiomontanos abordo bajo la densidad a 60 habitantes/hectárea 7 años después se contabilizo en 47 habitantes/hectárea. ¿Qué es lo que está ocurriendo?
La ciudad se extiende territorialmente pero la población no le sigue el paso porque realmente no necesita tanto espacio urbanizado para contener sus necesidades. Solo nos hemos dispersado en esta baja densidad para crear un mayor caos general para todos. Se vuelve cara la ciudad para mantenerla y la congestión vial se torna una constante sobre todo si nuestro modelo de ciudad es precisamente el de escala vehicular.
En la tabla anexa se encuentra un resumen de un estudio hecho para el Programa de Desarrollo Urbano de Nuevo León 2030 en donde se sugiere para centros de ciudad densidades más altas , de al menos 250 habitantes/hectárea pero con urbanismo de escala humana para aspirar a la sustentabilidad urbana. La tabla es muy interesante ya que engloba diversas variables para crear trozos de ciudad amable.
Lamentablemente en Monterrey como en otras ciudades mexicanas el tema densidad es malentendido. Existe la creencia de que la alta densidad implica hacinamiento e insalubridad. Se relaciona una mayor densidad con pobreza o bajo nivel social cuando en Europa es lo contrario y hasta en algunas ciudades latinoamericanas no existe mejor sitio para vivir que cerca de todo, en un lugar céntrico y compacto precisamente.
Y esto se da combinando los factores de la tabla con usos mixtos del suelo, mejores banquetas y conectividad entre espacios públicos y un transporte público de calidad, este último rentable solo con mayor número de habitantes por hectárea. Es urgente que los diputados y las autoridades aprendan a navegar con mayores densidades en sus iniciativas de planes, leyes y reglamentos, conscientes de que la formula no es DENSIDAD aislada sino CON URBANISMO, como dice el Arq. Andrés Duany cuando criticó Valle Oriente en San Pedro Garza García por su ausencia de escala humana. La formula se resume pues en diversidad urbana dentro de la cual existan centralidades que velen mas por crear ciudad que por regular su densidad. La densidad no es pecado.


