Muchos de nosotros sabemos del rol y la importancia que tienen las bacterias en el intestino, pues contribuyen a nuestra digestión. Sin embargo recientes estudios de científicos de la Universidad de Cleveland, y cuyos resultados se publicaron en la revista Nature, señalan que las bacterias que vienen en nuestro intestino, que casi siempre son amistosas, pueden contribuir a enfermedades del corazón por el simple hecho de ayudar a digerir las grasas dietéticas.
Es decir, el trabajo de esas bacterias es descomponer la grasa que encuentran en productos cárnicos, lácteos, así como pescados. Pero al realizar esa acción se ha detectado que crean una reacción en cadena, misma que conduce a la acumulación de una sustancia que obstruye las arterias.
Para el cardiólogo Stanley Hanzen, de la Clínica Cleveland, todo esto resulta ser increíble, pues nunca se llegó a si quiera considerar la mínima posibilidad de que la flora intestinal tuviera relación con las enfermedades ligadas al corazón.
Derivado de lo anterior, el estudio en cuestión, utilizó la comparación de plasma sanguíneo de individuos sanos versus plasma de individuos que habían sufrido de un ataque cardíaco y accidentes cardiovasculares cerebrales. Sus resultados encontraron 18 pequeñas moléculas que están relacionadas con la acumulación de grasa en nuestras arterias.
De forma más específica, los resultados arrojaron que cuando las bacterias intestinales rompen una grasa llamada colina o conocida también como lecitina, se produce la Trietilamina N-óxido (TMAO) y mientras más se tenga de este subproducto, aumenta el riesgo de que padezcamos una enfermedad cardiaca.
Ahora, los investigadores liderados por Hanzen, aclaran que las bacterias intestinales solamente son intermediarios en la producción de la TMAO, pues diversos microbios convierten la lecitina en un gas con un olor desagradable, para que después una enzima en el hígado modifique el gas oloroso a la debatida TMAO.
Gracias a las investigaciones se está debatiendo sobre si en verdad las bacterias en la flora intestinal contribuyen de forma significativa en las enfermedades cardiacas y de ser así, utilizar fármacos para atacar mejor esa enfermedad.
La colina, de acuerdo a Wikipedia, fue descubierta por Andreas Strecker en 1862 y es un nutriente esencial para el funcionamiento cardiovascular y cerebral, incluso es un neurotransmisor involucrado en diversas funciones de la memoria y del control muscular y se recomienda su ingesta de forma controlada, mediante una dieta revisada por un médico.
Sin embargo, de acuerdo a Hanzen, en la actualidad muchos complejos vitamínicos y otros suplementos alimenticios contienen colina y el ingerirla de forma libre y sin control médico puede ser dañino como lo señala el estudio mencionado.
