Indira Kempis
Escribo para Reporte Ciencia desde La Plata, Argentina. Las hojas amarillas que caen de los árboles son el gran signo de que el otoño se instala en la ciudad. Pero entre mis pies hay algo más que hojas: ¡banquetas anchas! Los signos de admiración son con todo propósito que la misma sorpresa indica.
Entonces, mientras una de mis compañeras habla de Mérida, Venezuela en donde también la característica de las calles es tener “aceras” espaciosas para poder caminar hasta tres personas juntas, surge una pregunta que me resulta un poco incómoda, pero que resuelve justo lo que estoy pensando mientras escucho su narrativa, ¿en tu ciudad se puede caminar?
Mi imaginación se traslada entonces a las banquetas del centro de la ciudad en donde prácticamente puede sólo una persona ir caminando “cómodamente”, pero también me recuerda algunos tramos de Vasconcelos en donde están obstruidas por los postes de luz, árboles o las pendientes para los estacionamientos de los negocios en las que los clientes obstruyen con sus grandes autos las banquetas, al punto en que o te tienes que rodearlos por adentro del negocio o por la avenida. También dí un paseo por Juárez donde hay pedazos de banqueta y gente sorteando al tráfico de la calle. Recordé, incluso, el día en que me lastimé el pie derecho por no haber visto una tapa de la luz sobre una banqueta cerca de Plaza Fiesta San Agustín, en San Pedro.
¿Cuál hubiera sido su respuesta? La mía fue: No es que no se pueda caminar, es que el peatón no cuenta con los espacios para caminar cómodamente, con tranquilidad o con prisa, pero cómodamente. Donde el riesgo de ser atropellado porque tenga que bajarse de la banqueta o de caerse porque estén en malas condiciones, sea el mínimo. Donde caminar también implique la convivencia que es lo que veo en La Plata. La gente camina en las aceras y como pueden hacerlo hasta cuatro personas, ves a grupos de amigos, de estudiantes, trabajadores o familias completas caminando juntos, que es, además, el acto simbólico del vivir en una sociedad que no se concibe como aislada o individual, sino como integrada al ambiente y tejiendo redes de manera constante.
También es poner en la agenda gubernamental la importancia de devolverle a la ciudad su escala humana, esto quiere decir que se le dé prioridad a toda aquella infraestructura que debería ser amable con el ciudadano considerándolo como ser un ser humano que vive en un determinado ambiente. Si la infraestructura sigue construyendo en Monterrey una sociedad distante y sin puntos de contacto humano para el tejido social, entonces, poco servirán las intervenciones sociales que se puedan realizar sobre el territorio o espacio urbano. “Caminar a las anchas” significa beneficiar al peatón en lugar del auto, a la convivencia en lugar del distanciamiento, a maravillarse de cómo las hojas de los árboles se mueven al ritmo de nuestros pies, ¿En tu ciudad se puede caminar? Se podrá caminar, me respondo mientras me dirijo a los helados.
