Jorge Pedraza Salinas
El nueve de agosto de 1894 nació en la ciudad de México un hombre que habría de influir notablemente en la literatura de nuestro país. Su nombre: Francisco Monterde. Incursionó en la poesía, el teatro, la novela, el cuento, la fábula, la biografía. Son numerosas las narraciones por él escritas, así como sus estudios críticos y sus trabajos de historia.
Recordamos a este destacado escritor mexicano al cumplirse 30 años de su fallecimiento (27 de febrero de 1985).
Durante muchos años fue Presidente de la Academia Mexicana de la Lengua y la Agrupación de Críticos de Teatro de México. De 1916 a 1965 fue maestro en la Universidad Nacional de México. Impartió cátedra en la Preparatoria y en la Facultad de Filosofía y Letras.
Tuvimos el honor de conocer a este hombre sabio, a quien se le debe —entre otras cosas— la Biblioteca del Estudiante Universitario, colección que publicó numerosos libros. Destacó como poeta, dramaturgo y novelista y fue un gran conocedor de la literatura mexicana.
Entre sus obras figuran “El Madrigal de Cetina y el secreto de la escala”, “Fábulas sin moraleja y finales de cuentos”, “Moctezuma, el de la silla de oro”, “Proteo”, “La hermana pobreza”, “Cuaderno de estampas”, “Una moneda de oro y otros cuentos”. Además, publicó antologías y bibliografías.
AMISTAD Y LITERATURA
A principios de 1966, el domingo 23 de enero —hace ya casi medio siglo— publicamos en “El Porvenir” una entrevista con este destacado escritor, en la cual nos habló, entre otras cosas, de la amistad y la literatura.
Este destacado intelectual, que este mes cumpliría 30 años de haber fallecido, tenía entonces 72 años de edad. La entrevista se realizó en el hotel donde se hospedaba. Tal y como habíamos convenido, el Dr. Monterde estuvo puntual a la cita. Aún recuerdo el momento: cerca de nuestra mesa había flores frescas y se escuchaba el trinar de aves.
EL AMIGO SUPERA AL HERMANO
Después de los saludos de rigor, el doctor Monterde tuvo frases de elogio para la ciudad y para los regiomontanos. “Monterrey —nos dijo— se encuentra ya en la lista de las grandes capitales del mundo”.
Recordamos luego al regiomontano ilustre y mexicano universal don Alfonso Reyes, de quien don Francisco fue amigo. Surgió entonces el tema de la amistad. “Para mi —dijo— la amistad es fundamental. Sin temor a equivocarnos, podemos calificar de dichoso a un hombre que ha cultivado cuidadosamente una amistad y que, al final de su existencia, puede afirmar que tiene un amigo”.
Después, recorriendo pasajes desde la antigua Grecia, apuntó que para los clásicos el título de amigo supera al de hermano. “La literatura de diferentes nacionalidades —agregó— ha dado cabida a la amistad. La historia ofrece ejemplos de la amistad, que perduran hasta el presente”.
Aún recuerdo aquel momento como si fuera apenas ayer.
Cambiamos de tema. Me encontraba ante un escritor y era obligado hablar de literatura.
—He tenido oportunidad de leer algunos de sus escritos Dr. Monterde. Sorprende el hecho de ver que cultiva, al mismo tiempo, la poesía, el ensayo, la historia, el cuento y la novela. ¿Cuál es el género que más le gusta? y ¿Desde cuándo se inició en la literatura?
Don Francisco, que para entonces tenía ya 23 años de ser doctor en letras, contestó así:
—No tengo predilección por alguno de los géneros en particular. Cuando era apenas un adolescente, comencé escribiendo versos, pero por fortuna pronto me alejé. También, por fortuna, se quemaron el original y las copias de ese primer libro de versos, al incendiarse la imprenta donde se editaba.
LITERATURA Y REVOLUCION
Después de lo que le sucedió, don Francisco dejó de escribir pensando que todo terminaría en cenizas. Pero, afortunadamente, en el año de l9l6 decidió tomar de nuevo la pluma y la dirigió hacia la novela corta. Se le llegó a considerar el iniciador del rescate del colonialismo en la literatura mexicana.
Nuestro entrevistado relató luego como la Revolución produjo un receso en la literatura de nuestro país. De 1910 a 1916 no hubo concursos literarios y disminuyeron notablemente las publicaciones. Fue hasta finales de 1916 cuando se celebró un certamen de cuentos.
También cuentos y ensayos escribió el Dr. Monterde. Por otra parte, nos dejó interesantes trabajos de carácter histórico.
Era sobrino del historiador Joaquín García Icazbalceta. Publicó un interesante libro sobre Moctezuma, el de la silla de oro. El tema le fue sugerido por Alfonso Caso. Antes no había una buena biografía de Moctezuma, figura de nuestra historia a quien generalmente se le ve como el entreguista, el traidor, sin llegar a comprender realmente al ser humano.
Para reivindicar a Moctezuma, el doctor Monterde trató de explicar su actuación, pues los acontecimientos lo obligaron a actuar en la forma en que lo hizo.
Otra de las preguntas que hicimos al doctor Monterde fue la siguiente:
-¿Cuáles son sus autores favoritos?
—En el ámbito mundial –nos dijo— admiro a los clásicos de cada literatura, desde los trágicos griegos, pasando por los latinos y después hasta el Renacimiento. Dante y Cervantes, están a la cabeza de todos. También me gusta Goethe, por su “Fausto”. En lo que a escritos mexicanos se refiere, no puedo dejar de mencionar a Sor Juana.
Un nuevo tema surgió en la entrevista:
-¿Considera usted que en México exista actualmente buena literatura? ¿Qué opina de los escritores contemporáneos y de los nuevos valores?
Don Francisco llevaba traje color gris claro y corbata azul a rayas. Alzó la vista y con voz clara respondió:
—Es indudable que tenemos buena literatura. Gracias a escritores como el regiomontano Alfonso Reyes, que merecía el Premio Nobel, podemos estar seguros de que en México hay muy buenas obras. En cuanto a los nuevos valores, basta con leer a Juan Rulfo y a Juan José Arreola, cada uno en su campo y con sus características bien definidas.
Mientras charlábamos, el tiempo había transcurrido y ya era mediodía. El doctor Monterde tenía que abandonar la ciudad. En ese momento nos despedimos.
Tuve la buena fortuna de verlo un par de veces más en la ciudad de México. El 27 de febrero de 1985 –hace 30 años— nos enteramos de su fallecimiento.
Hoy, sus palabras y su imagen están presentes en nuestra memoria.
LA FRASE DE HOY
Hemos de concluir en esta ocasión con una frase del propio Monterde: “Los viajeros no recogen la belleza, sino el dolor de los países que han recorrido”.

