Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
El pasado viernes murió Leonard Nimoy, actor querido por nerds y fans de la ciencia ficción de varias generaciones (desde la anterior a la mía hasta las actuales) por su inolvidable y definitiva interpretación de Mr. Spock, el oficial científico de la nave interplanetaria Enterprise, en la serie televisiva de los años sesenta Viaje a las estrellas (Star Trek) y sus secuelas en cine y TV de las décadas siguientes, hasta el presente.
Hijo de madre humana y padre vulcano, Spock se caracterizaba por su personalidad ultra-lógica, que muy ocasionalmente entraba en conflicto con su reprimido pero emocional lado humano.
(Por cierto, Nimoy murió a los 83 años víctima de la terribleenfermedad pulmonar obstructiva crónica, o EPOC, cuya causa es el tabaquismo y una de cuyas manifestaciones es la degeneración del tejido pulmonar llamada enfisema, que mata lentamente de asfixia a quienes la sufren. La EPOC afecta al cinco por ciento de la población mundial, y mata a tres millones de personas al año. En comparación, el cáncer de pulmón y el sida matan, cada uno, a millón y medio. Usted decide si sigue fumando…)
Dos días después de la triste noticia apareció publicado en The California Sunday Magazine un artículo que narra el inesperado éxito en México de otro actor, protagonista de la serie de los años noventa El mundo de Beakman: Paul Zaloom. A diferencia de Nimoy, Zaloom está vivito y coleando, pero muy sorprendido del inusitado éxito que Beakman tuvo y sigue teniendo en Latinoamérica, y muy especialmente en nuestro país. Recordará usted la multitudinaria asistencia que sus dos presentaciones el año pasado tuvieron aquí.
¿Qué tienen en común ambos personajes? Spock era fascinante porque actuaba siempre basado en la lógica y la ciencia. Beakman lo era porque convertía a la ciencia, mediante el absurdo y la sorpresa, en algo divertido y accesible. Ambos atraparon las mentes de jóvenes de distintas generaciones y despertaron su entusiasmo y curiosidad por la ciencia.
Indudablemente, la ciencia y la tecnología son vitales para cualquier sociedad actual. Y parte importantísima de lo que un país necesita para ser de primer mundo es tener un número suficiente de científicos.
Pues bien: sostengo que, junto con los esfuerzos de enseñanza escolar de la ciencia y de divulgación científica tradicional, medios como la televisión, a través de programas como Viaje a las estrellaso El mundo de Beakman, contribuyen también a despertar vocaciones científicas, pues logran, como dijera el gran Carl Sagan, “encender la llama del asombro”.
Gracias, Beakman. Y gracias, Spock: vida larga y próspera.
http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2015/03/spock-beakman-y-la-ciencia.html


