Discutir la ciencia

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Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

El periodismo científico es un poco el patito feo de los medios: se le da escaso espacio, se le considera una “curiosidad” (o sea, algo poco importante, que entra si queda espacio, y que si no cabe no importa demasiado), y se lo coloca al final del periódico, revista o noticiero.

Quizá por eso los periodistas científicos somos tan quejumbrosos cuando nos reunimos, como ocurrió la semana pasada durante el III Seminario Iberoamericano de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación, organizado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología y otras instituciones en Jurica, Querétaro.

Esta tercera edición del Seminario, en la que participaron periodistas de ciencia de todo el país y del extranjero (hubo invitados de Estados Unidos, Cuba, Argentina y Ecuador, por lo menos), se caracterizó por ofrecer mucho más espacio para el diálogo y la polémica que las dos anteriores.

Al escuchar a mis colegas, entre los que había reporteros, columnistas y editores, confirmé que una de las dificultades del periodismo científico es precisamente el carácter cambiante de la ciencia. Hay ciencia válida, ciencia que se está debatiendo, ciencia que queda obsoleta y ciencia mal hecha, y que es luego exhibida como tal. Por no hablar de las seudociencias propiamente dichas, que por desgracia frecuentemente se confunden con ciencia legítima. Y a veces resulta difícil distinguir entre estas variedades.

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Por ejemplo, al discutir sobrenanotecnología, expresé mi opinión de que ésta ha fallado en cumplir con las promesas denanorrobots (también conocidos como nanomáquinas, nanobots y, entre los fans de ciencia ficción, como “nanitos”) que arreglarían por dentro las lesiones de nuestras arterias y curarían tumores cerebrales (o al menos, como proponía la artista musicalLaurie Anderson, “reptarían por nuestros cabellos y curarían la orzuela”). A cambio, sólo ha ofrecido materiales: materiales que logran cosas útiles, como jeans que resistan la mugre, o muebles de baño con propiedades antibacteriales… pero nada que lo deje a uno con la boca abierta (aunque son invenciones que han originado industrias que valen millones).

Más tardé yo en decirlo que la prensa en desmentirme, pues el mismo día se publicó que Michel Sidibé, director ejecutivo de Onusida, anunció que pronto podrían estar disponibles nuevos tratamientos para pacientes que viven con VIH (no “sida”, como erróneamente lo cabecearon muchos medios: el tratamiento evita la replicación del VIH, con lo que precisamente impide que los pacientes lleguen a la etapa avanzada de la infección por VIH, que es propiamente el sida), y que consistirán ya no en tomar una o tres pastillas diariamente (lo cual de por sí ya era un gran avance, comparado con los tratamientos de hace no tantos años, cuando se tenían que tomar de 12 a 24 pastillas diarias, siguiendo horarios rígidos), sino en una inyección cada seis meses.

A mí me sonó rara, incluso increíble, la información. Farmacéuticamente no me imaginaba cómo se podría sustituir la toma diaria de pastillas por una inyección cuyo efecto durara tanto (y no, por ejemplo, un implante o algo similar). Investigando un poco, hallé que esta nueva terapia se basa, precisamente, en nanopartículas cristalinas que van dosificando el medicamento. Si la nanotecnología está logrando esto, creo que puedo vivir sin nanorrobots.

Otros temas, como los cultivos transgénicos, causaron discusiones que no llegaron a más acuerdos que el deber de informar a los ciudadanos sobre ambos lados del debate científico: a diferencia de temas como elcambio climático o las vacunas, cuya discusión científica ya quedó atrás (hoy se debate sobre esos temas por razones ideológicas, políticas o económicas, no científicas), en asuntos como los transgénicos no hay todavía un consenso científico. El periodista no puede, por tanto, dar a su público una versión final de la discusión, sino sólo reportar cómo ésta va avanzando.

Se discutieron también temas como la forma de lograr que las noticias de ciencia, además de ser más profesionales –para lo cual urge reforzar la formación de periodistas y editores especializados­ en el tema–, estén mejor posicionadas (“jerarquizadas”) en laagenda informativa de los medios.

En síntesis, fue un evento provechoso que ha dado frutos a lo largo de sus tres ediciones, gracias al continuo apoyo del Conacyt, para lograr una mejor comunidad de periodistas de ciencia y tecnología en nuestro país, lo que redundará en una mejor información sobre estos temas entre nuestros ciudadanos. Enhorabuena.

http://lacienciaporgusto.blogspot.mx/2015/09/discutir-la-ciencia.html

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