Gabriel Contreras
Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg, son sin duda grandes impulsores del escenario global de la cultura creativa hoy en día.
Cada vez que generamos un post, un tweet, una foto en Instagram, subrayamos nuestra deuda con ellos, sí, porque son –o han sido- gente muy valiosa, muy inteligente en su campo, gente que además ha disfrutado de una coyuntura social, histórica y psicológica que les ha permitido crear grandes opciones de comunicación, gran influencia social, y sobre todo grandes negocios.
Cada uno de ellos ha contado, además, con un fervor por la incertidumbre, el riesgo y la imaginación, cosa que los ha convertido, incluso, en “famosos”. O sea, que muchos conocen sus nombres, aunque no tengan la más remota idea de lo que hacen. Por eso, precisamente por eso, decimos que no es suficiente poner sus nombres sobre la mesa. De hecho, en algunos sentidos la fama de estos personajes resulta un obstáculo que no nos deja mirar a otras grandes contribuciones en el campo de la comunicación y la innovación, personajes valiosísimos, pero ajenos a los reflectores: por ejemplo, Steve Wozniak, Ferrán Adriá y Luki Huber.
Hablaremos unos momentos en torno al diseñador industrial suizo Luki Huber.
Para hablar de Luki Huber tomaremos como pretexto la reciente aparición del libro “Manual Thinking” (Editorial Urano, colección Empresa Activa, 2015). Otros pretextos interesantes son la participación de Huber junto al chef Ferrán Adriá y a la empresa Lekue, especializada en artículos de cocina.
Comenzaremos por decir que en algún momento del Siglo XX, la imagen pública del cocinero dio un giro radical e inesperado, y dio lugar a una especie de superhéroe de la creatividad posmoderna: el chef.
Efectivamente, conforme se desarrollaban los conceptos importantísimos de la nouvelle cuisine, la cocina molecular y la cocina fusión, el chef pasó a ser algo así como un pensador con sartén, que habría de fortalecerse tremendamente tan pronto se arribó al nuevo siglo.
Hoy, el chef es algo parecido a un sacerdote del diseño creativo, y la cocina es un templo de las ideas, en algunos casos más citada y más aludida que, por ejemplo, las universidades.
Y es en ese contexto que surge la alianza entre Ferrán Adriá y Luki Huber. Vamos cómo ocurrió.
Adriá tenía puesta la mirada en la transformación de la cocina, específicamente del concepto de restaurante. Y para lograrlo, ideó una alianza interdisciplinaria, que al cabo resultaría un gran acierto. Adriá acudió a Luki Huber. Así, metió el diseño industrial a la cocina, y cambió todas las reglas del juego. Creó la cocina como una expresión del diseño, una actividad ligada también al ejercicio de las artes visuales.
De esa alianza entre cocina y diseño, proviene el llamado “Manual Thinking”.
¿En qué consiste este enfoque?
Manual Thinking es una manera de abordar los problemas creativos, que busca la generación de nuevas ideas, el establecimiento de prioridades, y la creación rápida de compromisos que sellan el trabajo grupal, transformándolo en algo así como un contrato dibujado.
Manual Thinking posee una metodología que ha ido más allá del ambiente restaurantero, aplicándose en diversas ramas de la producción industrial, llamando la atención del terreno de las artes, y generando una gran atracción en los espacios museísticos del llamado primer mundo.
Si buscamos detalles del desarrollo de Luki Huber en el campo de la creatividad y el diseño, podremos ver que, efectivamente, se ha especializado en no especializarse, y gracias a ello ha producido velas, modos de transportar comida, y utensilios para cocinar, además de un método de resolución de problemas.
“No exagero –escribe Adriá- si digo que una de las personas más importantes en el proceso creativo de elBulli no es cocinero: es diseñador industrial (…) Con él empieza la primera relación interdisciplinar que establecimos como creativos con otros ámbitos. Es más, esta relación nos hizo ver lo mucho que aprendíamos abriéndonos a otras disciplinas”.
Las virtudes y el perfil de Luki Huber cayeron como anillo al dedo en la generación de un restaurante cuya vocación no era tanto llegar al estómago como llegar al cerebro del cliente.
“Pocas personas conozco –continúa Adriá- que me entiendan tan deprisa,sin apenas pronunciar yo una palabra”.
¿Cuáles son esas virtudes, que vuelven a Huber tan especial?
Adriá lo explica: “Tiene mucho que ver su marcada personalidad creativa, sus cualidades, su pragmatismo, su rapidez para establecer asociaciones, su agilidad de pensamiento”.
De ahí, del magnífico entendimiento entre este genio de la cocina y este diseñador suizo, surge el Manual Thinking, que vendría a hacerse ver a nivel mundial a través de plataformas totalmente ajenas a las universidades y las escuelas.
El Manual Thinking se hizo presente en cada mise en scene de elBulli, generando formas de servir, utensilios para cocinar, e incluso maneras de transportar la comida.
Otra de sus formas de expresión que vale la pena tener en cuenta, es la exposición “Los métodos creativos de elBulli”, que se ofreció en el Centro George Pompidou, en Paris, en 2005, y en el 2014, esta aportación se hizo visible en los espacios del Drawing Center, en Nueva York.
Y un aspecto más de este abordaje creativo, está en los exprimidores de limones de Lekue, por decir algo.
Hoy, el perfil de este método puede ser observado detenidamente a través del libro “Manual Thinking”, en el cual se retrata sintéticamente lo esencial de esta manera de abordar la imaginación, la creatividad y la producción. Además, este libro nos enseña a observar la cocina como un espacio desde el cual podemos estimular el talento, la imaginación y la novedad de las ideas.

