
MEC Gisela Aguilar Martínez
Algunas cepas de bacterias han desarrollado una mayor tolerancia a los alcoholes en los desinfectantes para manos, lo que indica que los hospitales reconsideren el cómo proteger a los pacientes de las bacterias resistentes a este tipo de desinfectantes.
Un estudio encuentra que cepas de Enterococcus faecium, un patógeno bacteriano asociado al cuidado de la salud, han surgido desde 2010 y son diez veces más tolerantes a los desinfectantes para manos a base de alcohol que las cepas más antiguas.
Un control muy estricto en la higiene de las manos con desinfectantes a base de alcohol antes y después de las interacciones con los pacientes ha estado en vigor en los hospitales de diferentes países desde 2002, para frenar el aumento de SARM mortal, una forma resistente a los antibióticos de Staphylococcus aureus (estafilococo dorado).
El control realmente reglamentado de la infección garantiza que los profesionales médicos, los visitantes o los propios pacientes no propaguen bacterias por todo el hospital. Eso ha sido muy efectivo para deshacerse del estafilococo dorado.
Para ver si esa resistencia se traduciría en más infecciones, se realizó un estudio donde introdujeron distintas cepas de la E. faecium en los suelos de jaulas de ratones. Entonces, limpiaron las jaulas con toallitas de alcohol isopropílico, lo que debería haberlas desinfectado de manera efectiva.
Las bacterias que habían desarrollado una resistencia a los geles antisépticos fueron más capaces de evitar la desinfección y de colonizar los intestinos de los ratones colocados en las jaulas, mostraron los hallazgos.

El análisis genético de las bacterias resistentes al alcohol encontró que habían desarrollado varias mutaciones en genes vinculados con el metabolismo celular. Esas mutaciones parecen hacer que las membranas celulares de la E. faecium sean más resistentes a los solventes, como el alcohol.
Dichas mutaciones se han incfrementado a medida que los hospitales se han vuelto más estrictos en el control de las infecciones, mediante un uso abundante de geles basados en alcohol como forma de evitar la propagación de patógenos nocivos.
Las bacterias como las Enterococcus son muy hábiles para desarrollar mecanismos para sobrevivir en condiciones difíciles, así que no es sorprendente que esta especie esté creando una tolerancia a los geles antisépticos basados en alcohol.

Son necesarios geles de manos más potentes que contengan unas concentraciones mayores de alcohol para vencer esta resistencia. Pero uno de los problemas que se suman a esta situación es que el riesgo aumenta cuando la gente no sigue las recomendaciones de asepsia y mantiene sus manos limpias.
Lo que nos recomienda la Organización Mundial de la Salud es frotarse las manos con desinfectantes a base de alcohol durante 20-30 segundos para obtener mejores resultados aunque no todo el mundo será tan minucioso cada vez.
En cualquier lugar en el que los tiempos de contacto con el producto completo no sean óptimos, se corre el riesgo de que se produzca algún avance o de que persistan las bacterias.
Algunos lugares usan espumas o geles en lugar de soluciones, y se piensa que tal vez las espumas no penetran en todas las grietas y grietas de la piel, así como un gel o un líquido.
