Oxitocina: la hormona del apego

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MEC. Gisela Aguilar Martínez

La oxitocina es una hormona que favorece los sentimientos de conexión y apego. Se produce cuando abrazamos a la pareja de muchos años, o a los hijos. La producen las madres cuando amamantan a sus pequeños. Los topillos de la pradera, animales con elevados niveles de oxitocina, se emparejan de por vida. Cuando los científicos les bloquean los receptores de oxitocina, estos roedores no forman vínculos monógamos y tienden a rondar en busca de parejas.

Algunos investigadores opinan que el autismo, trastorno caracterizado por una profunda incapacidad de establecer y mantener conexiones sociales, está relacionado con una deficiencia de oxitocina. Se han hecho experimentos con personas autistas tratándolas con oxitocina, y en algunos casos ha contribuido a aliviar los síntomas.

Se cree que en las relaciones largas que funcionan, la oxitocina está presente en abundancia en ambos miembros de la pareja. En las relaciones largas que nunca llegan a despegar o que se derrumban una vez superada la pasión inicial, es probable que la pareja no haya encontrado la forma de estimular o mantener la producción de oxitocina.

Pero hay cosas que ayudan como los masajes o las relaciones íntimas. Esas cosas estimulan la producción de oxitocina y estrechan los lazos de la pareja.

Y ¿se tiene que fingir deseo hasta sentirlo de verdad? Suponiendo que la relación sea razonablemente saludable, se acabara sintiendo apego por la pareja si se tienen suficientes orgasmos con ella ya que se estimularás la oxitocina.

El arte del beso describe el movimiento de la energía a través de varios chakras y la manifestación de la emoción en los labios. Habla de la importancia de besar con todos los sentidos y enseña a establecer contacto visual como preludio y a susurrar de manera adecuada.

Existen prácticas para estimular el amor, se realizó un experimento que ilustra algunos de los mecanismos de la atracción entre dos personas. Se reunió a un grupo de hombres y mujeres, se les distribuyó por varias salas en parejas de sexos opuestos para que realizaran una serie de tareas, entre ellas la de contarse detalles personales. Luego, cada pareja que se mirara a los ojos durante dos minutos. Se comprobó que la mayoría de las parejas, que hasta ese momento eran completos desconocidos, experimentaron sentimientos de atracción. De hecho, una de ellas incluso se casó.

También se sugiere hacer cosas nuevas juntos, porque la novedad potencia la dopamina en el cerebro, un neurotransmisor que puede estimular las sensaciones de atracción. En otras palabras, si el corazón palpita en compañía de la pareja, se puede pensar que no es porque este nerviosa, sino porque lo ama. Llevando un poco más lejos este razonamiento, se observó que incluso si hacen ejercicios de carrera sin moverse del lugar, es más probable que le parezca atractiva la persona que se conozca a continuación. Por eso, si en la primera cita una pareja hace algo que produzca ansiedad, como subir a la montaña rusa, es más probable que haya una segunda y una tercera cita.

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