Escrito por Ivy Nevares
Conceptos de Keith Raniere
¿La psiquiatría es una ciencia médica?
La medicina generalmente se define como la ciencia y arte de mantener la salud y prevenir y tratar las enfermedades. La psiquiatría se ocupa del estudio y tratamiento de los desórdenes mentales, emocionales y de conducta. Dadas ciertas similitudes significativas (similar formación educativa, habilidad para recetar medicamentos y autorizar tra-tamiento clínico, entre otras) la psiquiatría es considerada una rama de la medicina. Sin embargo, ¿la psiquiatría es ciencia médica per se? Examinar el proceso de diagnóstico de cada disciplina puede empezar a esclarecer esta vital cuestión.
Si un hombre busca atención médica para un cierto padecimiento, la mayoría de los doctores llevan a cabo concienzudas evaluaciones científicas para diagnosticar el problema. Al principio, el doctor entrevista al paciente, haciéndole una serie de preguntas acerca de cómo percibe y entiende su padecimiento. La descripción del paciente sirve de base para que el médico pueda iniciar su indagación. A continuación, el practicante lleva a cabo un examen físico y a veces extrae sangre o muestras de tejido para su análisis en laboratorio. Para concluir el diagnóstico inicial, el doctor correlaciona el testimonio del paciente, sus propios hallazgos durante el examen físico y los resultados del laboratorio, si los hay. Si el padecimiento físico en verdad existe, el doctor lo encontrará sin importar el sesgo subjetivo del paciente, su nivel de honestidad o su salud mental. Esto es, si el paciente cree tener lastimada la espalda pero en realidad está sufriendo de una falla renal, la disfunción se volverá evidente en los datos recolectados. El paciente puede incluso tratar de engañar a 100 diferentes médicos acerca de su condición, pero si estos se adhieren al rigor científico, llegarán a conclusiones similares en sus diagnósticos. La única circunstancia en la que el proceso de diagnóstico puede verse coartado por el paciente es si éste se niega a ser examinado y / o a dar permiso de que se lleven a cabo las pruebas de laboratorio. Más allá de esto, el proceso del médico actúa como una red de seguridad: la indagación científica y objetiva siempre trascenderá al sesgo subjetivo del paciente.
Si un hombre busca atención psiquiátrica digamos para una depresión, la indagación de los psiquiatras se asemejará a la de los doctores únicamente en su primer paso: el paciente describirá sus síntomas, los cuales el psiquiatra considerará como es debido en su diagnóstico. Más allá de este punto, el proceso de diagnóstico es dramáticamente diferente al de la ciencia médica. Una vez recolectados estos datos iniciales, el psiquiatra en el mejor de los casos requerirá otras pruebas en las que el paciente se evalúa a sí mismo y le reporta. El psiquiatra cuenta únicamente con el testimonio del paciente y las conductas de éste que le sean observables para su examen; no hay otras pruebas científicamente mensurables con las cuales evaluar. En la ciencia médica, si una muestra de tejido es enviada a 100 laboratorios para que se le haga la misma prueba, se obtienen los mismos resultados. En la psiquiatría, si un paciente quiere convencer a 100 psiquiatras de que está deprimido y es lo suficiente hábil, bien puede lograrlo. ¿Por qué? Porque aún no existe un modelo directo, objetivo y capaz de brindar predicción científica para el trabajo psiquiátrico.
Comparada con la ciencia médica, la psiquiatría es un arte que describe, más que predecir. Esto no implica que la psiquiatría no sea científica; sin embargo su mo-delo y herramientas para el diagnóstico no están basadas en datos experimentales objetivos y reproducibles y / o una explicación matemática de ellos. Durante años los pioneros en la psiquiatría y sus ciencias relacionadas se han esforzado por evolucionarlas para hacerlas “duras”, objetivas, reproducibles y verificables. Sigmund Freud trabajó como fisiólogo y neurólogo para traer rigor científico a las ciencias blandas relacionadas con la psique humana. El psiquiatra alemán Emil Kraepelin es considerado por muchos el fundador de la psiquiatría científica, la psicofarmacología y la genética psiquiátrica mo-dernas. Kraepelin, al igual que su colega, el psiquiatra y neuropatólogo Aloysius Alzheimer, creían que las enfermedades psiquiátricas eran causadas principalmente por desórdenes biológicos y genéticos.
Con el tiempo, la psiquiatría ha tratado de tomar la ciencia blanda que pudiéramos llamar “psicología” y convertirla más bien en psicobiología. Más recientemente, la psiquiatría se ha orientado más a tratamiento en base a fármacos, una cualidad que comparte con la ciencia médica. Interesantemente, si Ud. se lesionara la cabeza y consultara a un psiquiatra, es muy probable que éste le refiriera a algún otro tipo de médico para atender el problema funcional, biológico, estructural, orgánico.
Todas estas distinciones no invalidan a la psiquiatría; simplemente la presentan bajo una luz diferente. Ninguna de estas aseveraciones sostienen que la psiquiatría no sea científica; no es una ciencia médica, sino más bien una ciencia descriptiva derivada del estudio de la medicina. Si fallamos en entender lo que es la psiquiatría, especialmente en yuxtaposición con la ciencia médica, le hacemos un mal a la psiquiatría, a la ciencia médica y al mundo en general. Adicionalmente hay un riesgo mayor: el fingir que la psiquiatría es igual que la ciencia médica trae consigo serios peligros.
“Curando” lo “anormal”
En la ciencia médica, la mayoría de los padecimientos se derivan de un problema origen. Una vez que se logra identificar el problema origen, todas las demás condiciones (secundarias, terciarias, etc.) surgidas del problema origen pueden ser examinadas y clasificadas de manera lógica y funcional. Si padece Ud. prolapso de la válvula mitral (MVP por sus siglas en inglés), puede experimentar dolor moderado en el pecho y falta de aire. Sus síntomas se deben a la regurgitación mitral que con frecuencia resulta del prolapso. Esta relación hace sentido: el MVP causa la regurgitación mitral, la cual a su vez causa el dolor de pecho y la falta de aire. Estas son relaciones funcionales.
La psiquiatría clasifica lo que Keith Raniere llama sus “padecimientos descriptivos” en varias clases. En los Estados Unidos, la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) codifica los padecimientos psiquiátricos en su Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), el cual es utilizado alrededor del mundo como herramienta de diagnóstico. Como el estudio y diagnóstico de estos padecimientos se basa en descripciones subjetivas, su agrupamiento se vuelve cuestión de la perspectiva desde la cual se estén agrupando, y no de la funcionalidad. Los psiquiatras e investigadores examinan un padecimiento, y luego otro, y otro, y si hay una similitud entre ellos entonces los agrupan. Las relaciones establecidas en este proceso de clasificación no pueden ser establecidas de la misma manera que en el ejemplo del prolapso mitral. Esto también se puede observar en la física subatómica (una ciencia en su etapa primitiva), pues enfrenta el mismo reto al nombrar y clasificar ciertos fenómenos, ya que actualmente depende de las cualidades y propiedades de los eventos examinados, los cuales aún no son plenamente entendidos en términos de funcionalidad. Diferentes ciencias están en diferentes etapas de desarrollo: la ciencia médica, en comparación con la psiquiatría, parece estar en una etapa más avanzada.
A fines de los sesentas y principios de los setentas, la APA enfrentó severa oposición respecto a una clasificación en su DSM. El DSM clasificó la homosexualidad como un padecimiento mental. En 1974, la APA retiró la homosexualidad de su categoría de padecimientos del DSM, introduciendo en su lugar una categoría de “perturbación de la orientación sexual”. Seis años después esta categoría fue reemplazada con “homosexualidad egodistónica” en el DSM-III, la cual también fue eliminada más adelante.
Durante esas décadas, los homosexuales eran diagnosticados con un “mal”. Actualmente, la homosexualidad está lejos de ser considerada un padecimiento. Entonces y ahora: misma persona, mismas acciones; diagnóstico enteramente diferente. Esto nunca sucedería con la insuficiencia cardiaca: la insuficiencia cardiaca sigue siendo considerada una insuficiencia cardiaca porque no tratarla resultaría en la muerte del organismo. El concepto mismo de “padecimiento” como lo utiliza la psiquiatría sigue sin estar bien definido. Desafortunadamente, la homosexualidad en aquel tiempo era lo que Keith Raniere denomina un “Síntoma Culturalmente Rechazado”.
La reclasificación no es algo nuevo para la ciencia médica. ¿Cuántas veces, por ejemplo, nos han recomendado las autoridades médicas renunciar a ciertos alimentos, suplementos y fármacos debido a recién descubiertos riesgos para la salud? Por supuesto, tiempo después dichos riesgos no sólo son descartados, sino que lo que era prohibido ahora se demuestra benéfico. Sin embargo, es enteramente diferente considerar públicamente peligrosa a una sustancia que efectuar el mismo juicio respecto a conductas que varían de la norma social.
Al examinar el concepto de una “enfermedad” o “padecimiento”, entendemos que es una discapacidad que causa el inadecuado funcionamiento biológico de forma dañina o incluso mortal para un organismo. Cuando hablamos de una enfermedad, existe la consideración de que el organismo puede “morir del padecimiento”, donde si el padecimiento no existiera, el organismo viviría más o mejor. Identificar fenómenos psicológicos dentro de este marco presenta numerosas dificultades. Considere una conducta altamente irregular en la sociedad, incluso una que sea atemorizante para muchos: ¿quién puede decir que es un verdadero mal psicológico o psiquiátrico? ¿Exactamente contra qué estándar estamos midiendo?
Surgen graves peligros cuando la humanidad empieza a comparar cosas contra las normas sociales. Nuestras normas, en esencia, son meras derivaciones teóricas. Si las sostenemos como un estándar, ahora la cola está moviendo al perro: es la derivada convirtiéndose en el modelo del cual derivar. Keith Raniere añade, “Sostener una norma como el estándar meta es tomar cualquier desviación o varianza y buscar destruirla. Esto destruye nuestra habilidad para evolucionar, nos mantiene estáticos. Para evolucionar, debemos encontrar el equilibrio del sistema de integridad estática versus evolución sin integridad.”.
Por supuesto no toda la psiquiatría trata de ajustar las cosas a la norma. El psiquiatra y académico Thomas Szasz es una prominente figura en el movimiento anti-psiquiatría. En 1960 publicó el controversial libro, El mito de las enfermedades mentales: fundamentos de una teoría de la conducta personal, en el que argumenta que las enfermedades mentales son una construcción social creada por los médicos. El término “enfermedad mental”, contiende Szasz, sólo puede usarse como una metáfora, ya que una enfermedad debe ser una patología biológica objetivamente demostrable y los desórdenes psiquiátricos no cumplen dicho criterio. Szasz propone que lo que los psiquiatras denominan “enfermedad mental” no es más que una desviación del consenso o la moralidad común.
El deseo de hacer las cosas normales a veces motiva acciones muy desafortunadas. Puede motivar a la psiquiatría a ser muy destructiva, intolerante de lo que es conside-rado “anormal”, y persecutora de lo que la gente teme. Imagine si esto se tradujera al mundo médico. ¿Cómo deberían los médicos tratar a un adulto que, por ejemplo, tuviera un corazón con cinco ventrículos? ¿Deberían de tratarle? ¿De ser así, en base a qué? ¿Deberían de tratar de operarle para librarle de su irregularidad? En la ciencia médica siempre existe la cuestión de la funcionalidad: si el corazón de cinco ventrículos no presenta un riesgo de salud, ¿por qué no dejarlo en paz? Luego, por supuesto, está la cuestión de los derechos: aún si su corazón de cinco ventrículos fuera una amenaza, sigue siendo decisión del individuo si la operación le conviene. Ninguna ciencia, doctor o sociedad puede elegir por él. A veces en la psiquiatría, la sociedad puede prescribir el tratamiento que recibirá el individuo. ¿Cuándo es esto lo correcto, si es que alguna vez lo es? Esta discusión tiene alcances mayores a lo posible de tratar en este artículo. El lector puede encontrar herramientas útiles para esta discusión en nuestro artículo “Tan libres como el aire que respiramos”.
Decisiones, decisiones…
La mayoría de la gente separa la conducta de la elección, de nuestra habilidad para ejercer nuestra voluntad a través de las decisiones (tan conscientes, inconscientes, existentes o inexistentes como estas puedan ser). Tendemos a ver nuestra conducta como algo que “nos sucede”, viéndonos a nosotros mismos como ignorantes víctimas de las consecuencias, negando nuestra participación en nuestra propia vida y en las vidas de los demás. Esto puede sólo ser una práctica bien aprendida y habitual de enfocarnos en los efectos (conducta), en vez de en las causas (lo que motiva a la conducta). No sabemos a ciencia cierta si la elección (el libre albedrío) existe. Sin embargo, la cuestión es irrelevante: si la elección no existe, nuestra percepción humana de elección sigue siendo igual para nosotros que si sí. En esencia, experimentamos que tenemos elección ya sea que la tengamos o no. El Cuestionamiento RacionalMR, la ciencia creada por Keith Raniere, va más allá de la cuestión de si existe o no la elección: ya sea que exista o no la verdadera elección esto es independiente de nuestra experiencia del mundo. Entender y, lo que es más importante, experimentar este sencillo pero profundo concepto nos permite percibir que estamos en una posición de poder y potencia, a través de la cual creamos y somos la causa de nuestra experiencia y por lo tanto de nuestra conducta.
Considere a un “niño problema”: en breve, un niño que desafía a la autoridad, la norma, y reglas intermedias. El niño problema no pone atención en la escuela, distrae a sus compañeros, descuida su aseo personal y es desobediente. ¿Por qué se comportaría así un niño? La debilidad en esta pregunta está en la palabra “así”: la verdadera pregunta es, “¿Por qué los niños se comportan como se comportan?”
¿Cuantas veces durante su infancia se le pidió que llevara a cabo una tarea en particular y se negó? Suponga que le pidieron que lavara los platos, limpiara su habitación, recogiera sus juguetes, hiciera su tarea antes de cierta hora. ¿Por qué se negó? Simplemente porque no sintió ganas de hacerlo, ¿no es así? En verdad, pregúntele a cualquier niño por qué actúa o se niega a actuar y encontrará que la respuesta es consistente: por como se siente el niño. En algún punto entre la infancia y la “adultez” se nos olvida que nosotros, como adultos, operamos y tomamos decisiones exactamente de la misma manera: en base a nuestros sentimientos físicos y emociones (los cuales, por supuesto, experimentamos a través de nuestro cuerpo).
La psiquiatría y otras ciencias relacionadas como la psicología entienden este principio a diferentes niveles. Considere el énfasis y uso que le da a los fármacos la psiquiatría. Suponga que yo experimento un alto nivel de ansiedad (en esencia, mi mecanismo pelea o fuga) a un nivel muy fisiológico: siempre que me encuentro con ciertos estímulos, mi presión arterial y ritmo cardíaco aumentan, mis pupilas se dilatan, empiezo a sudar, la sangre llega a mis músculos principales, empiezo a temblar, y son inhibidos mis sistemas digestivo e inmune. A fin de cuentas no importa cuál sea el estímulo (ya sea un evento externo, un pensamiento, o incluso una sensación o emoción). Lo que importa es la consideración de que casi con certeza no es lo que parece ser (p. ej. “de vida o muerte”). A menos que viviera en un ambiente donde mi supervivencia estuviera constantemente en juego, es racional considerar que mi interpretación del estímulo es realmente lo que está causando mi ansiedad. Ahora, imagine que cada vez que siento ansiedad, respondo a mi ambiente irracionalmente. Quizás reacciono violentamente hacia la gente, o huyo de situaciones que son en realidad benignas. Al examinar los efectos de todo este proceso (mi conducta cuando siento ansiedad) puedo buscar la ayuda de un psiquiatra. El psiquiatra puede, a su vez, prescribir un psicotrópico como el Rivotril (clonazepam) para ayudarme a cambiar mi estado fisiológico. El clonazepam (un anticonvulsivo, ansiolítico y relajante muscular altamente potente) altera el funcionamiento de mi cerebro, inhibiendo ciertas tendencias fisiológicas al mismo tiempo que habilita otras. Desde la primera dosis, me siento más relajada, menos temerosa, y quizás incluso más confiada. Estos sentimientos (de naturaleza temporal, dependientes de la duración del efecto de la droga) inspiran cambios en mi percepción, estado de ánimo y conducta. En este contexto, la droga provee una solución inmediata aunque temporal con la cual puedo alterar los efectos a corto plazo (conductas) de mi constitución ansiosa.
Mucha gente reporta muy buenos resultados con medicamentos psiquiátricos; hay incluso algunos psiquiatras que creen tanto en ellas que se las auto-suministran. Estas personas experimentan que al controlar su estado fisiológico, pueden más fácilmente controlar su conducta. A veces, los medicamentos psiquiátricos bien pueden ser la mejor y más inmediata solución. Esto es especialmente cierto en casos en los que el “padecimiento” de la persona depende mucho de su estado fisiológico y es, usando otros métodos como la psicología, intratable en el corto plazo. Idealmente, la persona desearía modificar las causas de la conducta indeseable y por lo tanto ser libre de la necesidad de curas de corto plazo enfocadas en los efectos.
Fuera del ámbito de afectar la conducta a través de fármacos, la psiquiatría y otras disciplinas relacionadas como la psicología y la psicoterapia también son efectivas en facilitar la modificación de la conducta. Por ejemplo, ¿alguna vez ha sentido desánimo o depresión y luego entablado una plática positiva con un buen amigo? ¿Cómo se siente después? ¿Experimenta que su perspectiva sobre la vida es diferente? En su modelo, Keith Raniere identifica estas experiencias como formas de afectar la motivación: en estas situaciones somos capaces de cambiar nuestro estado (el cómo nos sentimos) a través de hablar y considerar ciertas opciones y percepciones inhibidas por nuestro estado previo. El psicoanálisis y las terapias psicológicas se benefician de este proceso. Estos también son, desafortunadamente, remedios de corto plazo, ya que tratan con efectos (la motivación esencialmente es un efecto). Sin embargo, para muchas personas, una solución así llega en el momento correcto, permitiéndoles llevar a cabo muchos cambios positivos en sus vidas.
Desde una perspectiva de proceso, tanto las terapias farmacológicas como las habladas funcionan de la misma manera: cada una facilitando cambios en nuestro estado fisiológico y, al hacerlo, cambiando el cómo nos sentimos respecto a nosotros y el mundo. Quizás la cuestión más importante surja aquí: ¿Qué es lo que a fin de cuentas causa el cómo nos sentimos respecto a nosotros y el mundo? ¿Qué determina nuestra interpretación de los estímulos, ya sean estos eventos reales o simples fragmentos de nuestra imaginación? Estas cuestiones son precisamente las que inspiraron la creación del Cuestionamiento RacionalMR.
Futuro de diseñador
Algunas personas creen que la vida del futuro humano (la manera de controlar el cuerpo y por lo tanto controlar la conducta) es a través del uso de fármacos de diseñador. Me siento…triste. Tómese un Prozac. ¡Caray! No me pue-
do concentrar. Tómese un Ritalin. Otra vez no puedo dormir…¡Mañana voy a estar fatal! Tómese un Valium.
Si pudiera controlar diferentes estados en su cuerpo usando fármacos de diseñador, ¿qué tiene eso de malo? ¿Es diferente que comer chocolate cuando quiere sentirse contento? ¿Es diferente que tomar café cuando quiere sentirse despierto? ¿Es diferente que tomar vino cuando quiere sentirse relajado o desinhibido? De cierto modo, ya lo estamos haciendo. ¿Pero es exactamente lo mismo?
Una médica alternativa una vez dijo que jamás había conocido a un niño, analizado a un niño o diagnosticado a un niño que tuviera una deficiencia de Ritalin. “¡La gente no nace con deficiencias de Ritalin!” Cuando por pri-
mera vez escuché esta anécdota, mi pensamiento inicial fue: “¿Tenemos Ritalin en nuestro cuerpo para empezar?” La respuesta, que remarca el punto estelar, es “no”.
¿Qué se hace si un niño tiene problemas para asimilar una cierta vitamina esencial para el funcionamiento,normal del cuerpo? Bueno, médicamente, sabemos que el cuerpo humano necesita cierto número de sustancias para poder tener ciertas reacciones químicas para poder utilizar las vitaminas. Si un niño no está utilizando una cierta vitamina, sabemos qué hacer: le damos lo que necesite para completar el proceso. En esencia, le damos al cuerpo lo que necesita, lo que se podría considerar “natural”.
¿Un niño “hiperactivo” necesita Ritalin? La droga claramente cambia el estado del niño, por lo tanto ayudando a modificar su conducta. ¿Pero necesita el niño la droga? ¿Tiene el cuerpo del niño una deficiencia en ese sentido? La respuesta es no: de hecho, darle al niño Ritalin parece un poco absurdo. Introducir una sustancia en el cuerpo que jamás ha tenido, y que no tendría (si no fuera por nuestra intervención), es un salto a muchos niveles. El salto es aún mayor cuando en realidad no sabemos cómo funciona detalladamente la sustancia y especialmente a largo plazo.
Estas cuestiones no necesariamente nos llevan a la conclusión de que las drogas no son valiosas. Es evidente que la nitroglicerina puede evitar que alguien experimente insuficiencia cardiaca y por lo tanto salvar su vida. ¿Debería la persona de no tomar nitroglicerina simplemente porque no es algo que el cuerpo consumiría a través de su ingesta natural de alimentos? La elección es, claramente, del individuo.
Al considerar el uso de fármacos, debemos entender, ya sea que busquemos un remedio para nuestro cuerpo o nuestra psique, que ya no estamos reequilibrando el cuerpo, reabasteciendo y restaurando cosas que se han agotado: estamos creando un nuevo equilibrio con sustancias exógenas que nunca antes han estado presentes. Tenemos la responsabilidad de reconocer que el medicamento no es una cura para el padecimiento: es en el mejor de los casos un tapón artificial de algún tipo de desequilibrio. La causa del desequilibrio sigue siendo, mientras vivamos, una opción para nuestro estudio y resolución efectiva.
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Todo lo percibido por el ser humano existe, en cierto sentido, en nuestra mente. Nuestras mentes y cómo las tratamos son análogos microcósmicos de todo nuestro universo. La humanidad, la condición humana, la civilización, nuestro prójimo: todos reflejos de esta mente. Si podemos guardar silencio, si podemos acallar el trajín del relato asociativo cotidiano dentro de nuestro domo celestial personal, podemos ver o quizás mejor dicho: podemos “experimentar” el universo dentro de nosotros y a nosotros dentro del universo.
La ecología de equilibrar este ámbito con nuevas sustancias fabricadas por manos humanas es simplemente una repetición de equilibrar la naturaleza, la humanidad y la tecnología humana. En nuestros propios y más privados ámbitos, donde reinamos absolutos, ¿qué tipo de monarcas somos? ¿Buscamos agresivamente eliminar efectos indeseables de problemas percibidos, dando a nuestro reino el alivio más veloz? ¿O somos más bien como un sabio jardinero que trabaja en el presente, gozosamente aceptando todas las cosas dentro del jardín como sólo partes de eso, trabajando para inspirar y cultivar todas las cosas hacia un estado más ordenado: una integridad viviente y en evolución? La próxima vez que no me sienta totalmente bien puedo tender a rápidamente alterar mi estado para evitar la incomodidad. También puedo reconocer que este lapso temporal de incomodidad personal puede ser algo mucho más profundo, más psicológico, espiritual o incluso existencial. Puede ser un reconocimiento periférico (un relámpago momentáneo) de cómo tenemos una oportunidad de conducirnos completamente a nuestra propia discreción dentro de nuestros reinos internos para crear un ámbito ecológico equilibrado o un ámbito de remedios rápidos sin consideración de las consecuencias.
¡Consecuencias! ¿Qué tanto realmente necesitamos preocuparnos por nuestras consecuencias? Si hay hojas secas en mi jardín, las puedo barrer: ¿realmente tiene que importarme a dónde se van? Hay una mujer hambrienta afuera de mi hogar, en el frío. ¿Necesito hacer más que cerrar la puerta y poner alguna música relajante? La mujer hambrienta no se va, ni se va la causa que ella meramente representa. Y mientras reposo en mi cómodo sillón me doy cuenta de que estos pensamientos preocupantes están tan sólo en mi mente (ideas extravagantes de una mente extravagante). ¿Escucho el sonido de su mano humana, desnuda, débilmente tratando de conseguir mi atención justo a la puerta de mi comodidad? ¡Me vuelvo por un instante sólo para luego incrementar el volumen del magnífico logro humano que ahora envuelve mi habitación!
Al calor del hogar, con mi música y mi vino, cómodamente aislado de todos los efectos incómodos de este mundo, me quedo con mi propia persona (mis pensamientos extravagantes en mi mente extravagante). Y sin embargo en la esquina la mujer hambrienta y de manos vacías nunca se va del todo: débilmente se aferra a su vida.
Así es con la humanidad como lo es con nuestras mentes. ¿Cómo tratamos nuestro descontento?
– Keith Raniere
D.R. © 2008, Executive Success Programs, Inc.MR
Traducido del inglés por Farouk Rojas
Acerca de Executive Success Programs, Inc.
Executive Success Programs, Inc.MR (ESP) ofrece programas de entrenamiento enfocados en crear consistencia en todas las áreas y ayudar a desarrollar las habilidades prácticas, emocionales e intelectuales que la gente necesita para alcanzar su máximo potencial. Todos los programas de ESP utilizan una tecnología punta con patente en trámite llamada Cuestionamiento Racional MR, una ciencia basada en la creencia que entre más consistentes sean las creencias y patrones de conducta de un individuo, más exitoso será en todo lo que haga. El Cuestionamiento RacionalMR permite a las personas volver a examinar e incorporar percepciones que pueden ser la base de limitaciones autoimpuestas.
Mayores informes: info@nxivm.com


