Enfermedades crónicas en los países en desarrollo

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(Tomado de The Economist. Traducción de Félix Ramos Gamiño).

El Instituto de Cáncer de Uganda se ubica en lo alto de una colina, desde donde se aprecia una hermosa vista de la verdeante capital, Kampala. Sin embargo, la mayor parte de sus pacientes están tan enfermos, que ni siquiera se pueden poner de pie para apreciarla. Han gastado los ahorros de toda su vida con la esperanza de curarse, pero la mayor parte de ellos mueren a las pocas semanas de haber sido admitidos. “Llegan demasiado tarde”, dice Jackson Orem, el director de la clínica.

El 96 por ciento de los ugandeses que mueren de cáncer jamás han consultado a un médico. El sistema de salud del país ha sido diseñado para tratar enfermedades infecciosas. La vecina del instituto es una gran unidad de tuberculosis. Enfermedades no contagiosas, como el cáncer, la diabetes, y males respiratorios o del corazón no han sido prioritarias. El instituto de señor Orem es la única unidad de cáncer para los 34 millones de habitantes del país.

Un problema renal (una consecuencia de la diabetes) es garantía de muerte. Uganda tiene sólo siete aparatos para diálisis. El trasplante más barato (en la India) tiene un costo de 40 mil dólares.

Hubo un tiempo en que los habitantes de los países pobres padecían tal grado de hambre, y trabajaban tanto, que no podían estar gordos, no podían comprar cigarros, y la mayor parte morían antes de que empezaran a aparecer las dolencias de la edad madura. Las enfermedades no contagiosas eran un problema de los países ricos, nada más. La riqueza y la urbanización significaban nuevos tipos de insanos estilos de vida. En la actualidad, los países en desarrollo llevan más del 80 por ciento del peso de las enfermedades crónicas. Y este porcentaje irá en aumento en un tiempo en que las viejas enfermedades siguen todavía azotando a los pobres. El líder del principal partido de oposición, Nitin Gadkari es la más reciente figura pública a la que se ha colocado una banda gástrica.

Viejas y nuevas enfermedades se combinan. Los diabéticos tienen tres veces más posibilidades de contraer tuberculosis. El linfoma de Burkitt, un tipo de cáncer común en África ecuatorial, está relacionado con la malaria. Los pacientes del VIH sometidos a tratamiento retro viral, están en mayor riesgo de desarrollar diabetes y cáncer.

Dos terceras partes de los enfermos de cáncer del doctor Orem en Uganda también tienen VIH. Ni un centavo de los recursos para la atención del VIH ha sido asignado al cáncer, ”lo que es un grave error”, dice. Julio Frenk, decano de la Escuela de Salud Pública de Harvard, destaca la contradicción entre gastar miles de dólares en cada enfermo de SIDA, pero sin ofrecer ni siquiera unos centavos para los que sufren diabetes.

La Organización Mundial de la Salud considera que las muertes a causa de enfermedades no contagiosas experimentarán un aumento del 15 por ciento entre el pasado año de 2010 y 2020, con saltos superiores al 20 por ciento en África y en el sudeste de Asia. Se espera que el número de diabéticos en China se duplique para el año 2025. Incluso, es muy probable que, para 2030, en el África Subsahariana, las enfermedades crónicas rebasen a las enfermedades infecciosas maternas e infantiles, como las principales causas de muerte.

La mayor parte de ellas son causadas por azúcar, grasa, tabaco y estilos de vida sedentarios; pero también incluyen anemia falciforme, un desorden sanguíneo que es la principal causa, no contagiosa, de muerte de niños africanos. Es fácilmente tratable, pero muy pocas veces se diagnostica.

Los países involucrados no están preparados para hacerle frente. Sus sistemas de salud han sido diseñados para atender problemas agudos, y es que para eso es para lo que pagan los donantes extranjeros. Menos del tres por ciento de la ayuda para la salud se destina a las enfermedades crónicas. Muchos pacientes carentes de seguro médico restrasan el tratamiento hasta que ya es demasiado tarde. Muchos de los medicamentos necesarios no los pagan los pacientes, pero aun así, las tarifas, la mala distribución y los elevados márgenes de ganancia los vuelven caros y escasos. Las demandas para las autoridades de salud también son cada día más grandes. La vacuna indicada puede darle protección de por vida a un niño, pero las enfermedades crónicas pueden requerir también medicamentos de por vida. Una importante causa de la diabetes es una dieta insana, que se deriva de una compleja superposición entre la química del cerebro y la práctica en la industria de los alimentos. Hasta para los países ricos es difícil cambiar esta situación.

Una débil respuesta asegura que las enfermedades no contagiosas matan a la gente más pronto en las naciones pobres que en las ricas. Esto tiene un grav impacto no sólo en la salud, sino en el desarrollo. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, las naciones pobres y las de ingreso medio perderán, de aquí al año 2025, 7.3 trillones de dólares de sus ingresos, a causa de las enfermedades del corazón, cáncer, diabetes y males pulmonares (ver tabla), una pérdida anual de aproximadamente el cuatro por ciento.

Ante ello, la respuesta del mundo ha sido la celebración de encuentros; el más reciente, una cumbre de las Naciones Unidas en Nueva York, el 19 y 20 de septiembre. La otra única cumbre dedicada a la salud fue la celebrada en 2001 en torno al VIH. En ese entonces, un sentido de crisis suscitó una década de progreso dramático. Las enfermedades del corazón no despiertan la misma pasión. La reunión produjo una “declaración política”, pero pudo no haber habido acuerdo en cuanto a los objetivos para reducir las enfermedades no contagiosas. Las palabras de la declaración sobre los medicamentos fueron opacas, y reflejaron un estancamiento en las negociaciones.

Sin un claro liderazgo global, las naciones se confunden. El instituto del señor Orem, en Kampala, gasta la mayor parte de su dinero en medicinas. Él estima que un aumento de los actuales 2.5, a ocho millones de dólares, ayudaría para entrenar enfermeras y para mejorar los cuidados paliativos. Pero el dinero escasea, y hasta las tareas más sencillas resultan difíciles. Un paciente de fuera de Kampala podría tardar hasta un mes para tener los resultados de una biopsia.

Ala Alwan, de la Organización Mundial de la Salud, sugiere que hasta unas medidas sencillas podrían marcar una diferencia, como el reducir la sal en los alimentos, ofrecer medicinas menos caras y aumentar los impuestos al tabaco. Ésta última es, tal vez, la mejor forma de frenar el cáncer y las enfermedades del corazón y los pulmones, así como de obtener dinero para la atención de la salud. Sin embargo, James Sekajugo, del Ministerio de Salud de Uganda, dice que es difícil lidiar con la industria del tabaco: “un grupo muy rico aquí”. Su país trata de frenar el cáncer antes de que empiece. El ministerio estudia aumentar el gasto en vacunas contra el cáncer cervical, uno de los cánceres más letales para las mujeres.

Algunos tienen la esperanza de lograr acuerdos para el tratamiento del VIH (que es ahora una condición crónica y no una sentencia de muerte). Hubo un tiempo en que un programa en Kenya occidental, llamado AMPATH, trataba únicamente a pacientes de VIH. Ahora ofrece atención para quienes padezcan enfermedades tales como cáncer y diabetes. Su programa de puerta en puerta para el VIH realiza ahora exámenes de presión arterial y de niveles de azúcar en la sangre. El PEPFAR de Norteamérica (el Plan de Emergencia del Presidente para el alivio del SIDA) trata de impulsar la más amplia atención de la salud.

Los esfuerzos más sustentables serán aquéllos que brinden atención y hagan dinero. En India, los Centros de Diabetes del doctor Mohan, un negocio, hace cargos a los pacientes de clase media, a fin de subsidiar la atención para los pobres. Eli Lilly, un gigante farmacéutico americano, estudia modelos para la atención de la diabetes en países tales como India, Sudáfrica y Brasil (también provee de insulina, de manera gratuita, a AMPATH en Kenya). Ayuda ahora, recomienda, y obtén utilidades después.

Novo Nordisk, el fabricante de insulina más grande del mundo, es particularmente ambicioso. En China, ha brindado entrenamiento a doctores y educación a diabéticos. El año pasado, la firma controló el 63 por ciento del mercado de la insulina en China. Actualmente, Lars Rebien Sorensen, su director ejecutivo, quiere replicar el programa en Indonesia, Malasia y Vietnam. Las enfermedades crónicas constituyen ya un enorme mercado. Desgraciadamente, también, un mercado en crecimiento.

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