La ciudad in-urbana

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Indira Kempis

Trazos

Ese es el título de un libro de Rubén Pesci, uno de los urbanistas más reconocidos de América Latina, que hace un recorrido por la historia de las ciudades. Reflexiono en un punto de su lectura para encontrar razones por las que nuestras ciudades se han convertido en complejos sistemas de coexistencia. La vecindad nos ha hecho cada día más ajenos a los procesos sociales que deberían ser comunes. Entre más nos alcanzan los avances tecnológicos o lo que se reconoce como la posmodernidad, más nos consumen los problemas de la ciudad.

Por eso mismo, el urbanismo social es hoy el centro de muchos planes urbanos alrededor del mundo. Medellín es un botón de ejemplo que nos hace entender la relevancia de instalar al ser humano como el centro del ejercicio del diseño, la ordenación del territorio y el uso del suelo.

Por décadas la marginación hizo que desde el diseño lo que era indigno de verse se alejara de los centros políticos, económicos y sociales de una ciudad. Ahí tenemos, entonces, a una colonia Independencia en Monterrey que en los primeros años del siglo pasado era el centro de la ciudad y, conforme pasó el tiempo y la migración, quedó a la orilla, en un cerro que parece casi en el olvido.

Eso ha pasado igual en Brasil que en Colombia, igual en Bilbao o Barcelona, se había dejado de lado el aspecto humano que hace de una ciudad in-urbana (o humana, para ponerlo en términos prácticos). Se ha privilegiado la explotación de la naturaleza o las ganancias económicas más allá de establecer criterios participativos e inclusivos en la planeación urbana. Que tampoco se contraponen porque cada día más expertos y ambientalistas entienden la urgencia de establecer nuevos mercados para la recién concebida economía verde.

Sin embargo, el punto principal es regresarle a la planeación urbana una auténtica vocación por lo que habita la ciudad: los seres humanos. Tan es así la emergencia que también se comienza a abordar el tema desde los derechos humanos para poner sobre la agenda pública nuestro derecho a la ciudad para poder obtener una ciudad que realmente sea racionalmente urbana y vocacionalmente humana.

 

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