Ismael Vidales Delgado
Que simple y aburrido sería el mundo; sin miel de caña, sin jugo de naranja, sin nueces, sin aguacates, sin tunas, sin fresas, sin guayabas, ni aromas, ni flores, ni verdes brillantes, ni amarillos, ni rojos,… ni nada, sólo verde y café.
Si todos los árboles fueran robles, no conoceríamos un ramo de flores, ni la exuberante selva, ni la palmera del desierto, ni la biznaga, ni el cactus, ni la “mano de león”, ni nada,… sólo ramas fuertes de color café y hojas verde oscuro.
Si toda la gente fuera igual, el mundo sería simple y aburrido; todos de color blanco, con el pelo rubio y las pestañas blancas, con el mismo idioma, y el mismo apellido.
No habría Pérez, ni Elizondo, ni Ruiz, ni Orozco, ni Vidales… no habría negros, amarillos, del color de la tierra, del color de la libertad… sólo blancos, de pelo rubio y pestañas blancas.
Por fortuna, el mundo es como un bosque, no sólo hay robles, hay también: palmeras, encinos, nopales, ahuehuetes, nogales, mezquites, huisaches… todos naciendo y creciendo, sin hacerse daño unos a otros, los grandes y fuertes dando sombra a los pequeños, los pequeños adornando el campo para que los grandes disfruten de su belleza desde la altura.
¡No sé por qué tuve esta idea! Quizá porque me asumo diferente, único, irrepetible, tal vez, … o quizá porque soy un viejo roble que ama apasionadamente a una palmera, tal vez porque me emociona el crisantemo, o porque me entristece la amapolita de Reyes, tal vez porque me estremece el pensar la ceguera pragmática que todo lo mide con dinero, tal vez … pero a pesar de todo sigo pensando que aún podemos vivir en el planeta, yo admirando tu esbeltez y la dulzura de tu fruto, tu aspirando mi aroma y viendo con bondad mi fragilidad añosa y acortezada.
¡No sé si esto será posible! ¡Pero vale la pena pensar que esto sería bonito!
