Indira Kempis
Nora Rabotnikof, investigadora de la UNAM, afirma que el siglo XIX fue el de la construcción de la ciudadanía política, que desde la concepción del liberalismo implicó el derecho a participar en el ejercicio del poder político a través del voto y, como tal, es un proyecto de democracia representativa en el cual el espacio público –en cuanto lugar de lo común y lo general por excelencia- es el Estado, sujeto institucional fundamental en los procesos de desarrollo económico, promoción social y garantía jurídica. El Estado encarnaba lo público legal, garantía de los derechos individuales y la dimensión privada; monopolio de la violencia legítima y la legalidad frente al ejercicio privado de la violencia.
No obstante, la historia posterior ha generado un debate sobre la imagen de ese Estado, movilizando a la sociedad civil al lugar de lo común y general frente a un Estado autoritario. Una ciudadanía a la que se le ha negado el derecho a sus propios espacios para debatir lo común, por la represión sobre la libertad de expresión, la creación de infraestructura que limita cada vez más la opción de contar con espacios reales para la discusión y con las pocas o nulas posibilidades de conocer otras formas de ver el mundo.
En México ha sido determinante ese desplazo de la sociedad civil, la creciente necesidad de espacios públicos y la creación de una nueva forma de comunicación en ellos que incida de alguna u otra manera en la vida social y política del país. Se necesitan esos espacios que no son necesariamente lugares especiales, foros o mesas de debate y diálogo. Es más sencillo y a la vez más complejo que eso.
Urgente tanto la participación activa que ocupe esos espacios, como la generación de los mismos a través de infraestructura que genere las condiciones para ser usados. Los parques, las avenidas, las banquetas, las escuelas, los estacionamientos, todo lugar que sea público, abriendo las posibilidades de ese encuentro ciudadano puede contribuir al diálogo y los acuerdos para las acciones posteriores. De lo contrario, si seguimos poniéndole una cuota o un condicionamiento, se cierran ante nosotros las oportunidades de encontrarnos. Los espacios públicos, entonces, más que en otro tiempo son también una contribución para la formación de nuestra democracia.
