Muertes históricas

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Jorge Pedraza Salinas

“Una hermosa muerte honra toda la vida”. La famosa frase está tomada de unos versos de Petrarca, quien al igual que muchos otros autores se ha referido a la muerte.

Ya lo dijo Fray Luis de Granada: “Oficio es el bien morir que conviene aprender toda la vida” y Esopo pensó que “mejor es morir de una vez que vivir siempre temiendo por la vida”.

Víctor Hugo, por su parte, opinó que “para el héroe, para el soldado, para el hombre de los hechos materiales, todo termina bajo un montón de seis pies de tierra. Para el hombre idealista ahí es donde verdaderamente comienza todo”.

En torno al mismo tema, don Miguel de Cervantes Saavedra escribió estos versos: “Busco en la muerte la vida, / Salud en la enfermedad/ En la prisión libertad, en lo cerrado salida /Y en el traidor lealtad./ Pero mi suerte, de quien / Jamás espero algún bien, / Con el cielo ha estatuido,/ Que, pues, lo imposible pido, / Lo posible aún no me den.”

Y Marcial, en sus Epigramas, considera que más triste que la muerte es la manera de morir.

Hay muchas maneras de morir. Hay quienes  mueren en forma trágica y violenta. Las armas, las guerras, los accidentes, las drogas –los vicios y las adicciones, en general–, los terremotos y las inundaciones, han provocado grandes tragedias.

A algunas personas se les dificulta este trance, al tener que pasar por una larga y penosa agonía. Otros, en cambio, fallecen tranquilamente en la cama mientras duermen. Ha habido también quienes mueren, también en la cama –aunque no tan serenamente—, mientras hacen el amor.

Nuestro amigo el actor Carlos Baena, estrella de la película “Adán y Eva” con Christian Martell,  nos comentó el caso de un amigo de Saltillo, Coahuila, quien viajó al otro mundo en una carcajada.

Sí, estimado lector. Leyó usted bien. En efecto: se habían reunido un grupo de amigos después de una semana de mucho trabajo y entre un chiste y otro, el personaje aludido no pudo controlar su risa, dio su última carcajada y como se dice: «pasó a mejor vida”.

 

CAMINO A SEGUIR

Por otra parte, quiero relatarles una anécdota. En el pueblo que nos albergó en la niñez  (Los Herreras, Nuevo León), había una inteligente mujer que tenía una frase para cada ocasión.

Por ejemplo: Cuando veía a una pareja a bordo de un carruaje blanco adornado con ramilletes de hermosas flores, que los conducía a la Iglesia del pueblo para unir sus destinos ante el altar, ella acostumbraba decir: “Este es un camino que todas debemos seguir”.

Y cuando una oscura carroza transportaba los restos mortales de alguien hacia el panteón del pueblo, cambiaba la frase en esta forma: “Ese es un camino que todos deben seguir”.

A través del tiempo, millones de seres humanos han dejado de existir. Cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, alguien fallece en algún lugar del mundo. Y cada uno se ha enfrentado a la muerte de manera tan personal, tan distinta. Lamentablemente, no ha sido posible hasta ahora entrevistar a ningún cadáver –como dijera un novel periodista–, a fin de que nos brinde su opinión en torno al tema.

En esta ocasión y en ocasión del Día de los Muertos, que se recuerda hoy, hemos escogido dos personajes de la historia, para hablar de su vida y de su muerte: Atila, Julio César, Cicerón, Esquiolo, Sócrates y Jesucristo.

 

ATILA

Usted seguramente ha escuchado hablar de este personaje tan temido en su tiempo. Llegó a ser rey de los hunos. Ejerció el poder durante más de 20 años, entre el 433 y el 453. Este hijo de Mundzuk aterrorizó a la gente con su arrojo, su valentía y su temeraria forma de actuar. Se le llegó a conocer como “El azote de Dios” e incluso se dijo que allí donde su caballo pisaba no volvía a crecer la hierba.

Nació hacia el año 395 y murió en 453. Siendo joven estuvo en Roma, en donde recibió su educación en la corte del emperador Honorio. Desde su estancia en ese lugar, se fue generando en él un gran odio en contra de los romanos, a los cuales combatió. Son famosos sus ataques a la Galia y Roma.

Sin embargo, poco se ha dicho acerca de su muerte. Los hechos ocurrieron a orillas del Danubio, precisamente la noche de su boda con una hermosa mujer de nombre Ildica. La causa: un fulminante ataque cardíaco.

Tenía entonces 47 años de edad.

 

JULIO CESAR

Más conocida es la muerte de Julio César. Mucho se ha escrito acerca de ello. Incluso ha servido de argumento para obras teatrales. Este estadista y general nació y murió en Roma (101-44 a. de J. C.). Hizo grandes amigos, pero también grandes enemigos.

Destacó como militar, como político y como hombre de letras. Es famosa su frase: “La suerte está echada”, la cual pronunció al pasar el Rubicón con su ejército para entrar a Roma.

Dirigió los destinos de Roma, hasta que un día un grupo de Senadores lo asesinó. Entre sus ejecutores estaba Bruto, su ahijado. Esto sucedió a las 11 de la mañana del 15 de marzo, en el año 44 antes de Cristo, cuando tenía 55 años de edad.

De las 23 puñaladas que recibió, la que más dolor le produjo fue la que le dio Marco Bruto, un hombre de su total confianza y al cual le tenía un gran afecto.

Cuenta Plutarco que, pocos días antes, le advirtieron el peligro diciéndole que tomara las debidas precauciones, pues algo se tramaba contra él, a lo que respondió:

–Prefiero morir de una vez que vivir con miedo a la muerte.

También cuenta Plutarco que, el mismo día de su muerte, César comía en casa de Marco Lépido, y que durante la comida se habló de cuál sería la muerte más bella, a lo que César respondió:

–La muerte más bella para mí es la más inesperada.

 

CICERON

Cicerón fue uno de los más grandes oradores que han existido. Murió en el año 43 antes de Cristo, cuando tenía 63 años de edad. Contemporáneo de nuestro personaje anterior –Julio César—no estaba de acuerdo con su dictadura. Sin embargo, no participó en el asesinato.

Cuando César murió, Cicerón se opuso fuertemente al ascenso de Marco Antonio al poder. Son famosos los 14 discursos que pronunció en su contra. Esto ocasionó su persecución y tras ser detenido fue ejecutado.

 

SÓCRATES

El filósofo Sócrates, nacido en Ática (Grecia) hacia 470 antes de Cristo y muerto en Atenas en 399 antes de Cristo, es conocido y admirado por su sabiduría.

Hombre calvo y gordo, de ojos saltones y cejas pobladas, acostumbraba caminar descalzo y hablar ante los atenienses. Aunque carecía de recursos económicos, regalaba sus conocimientos.

Es famosa su frase “Yo sólo se que no se nada”, así como la exhortación a los hombres para que se conozcan a sí mismos. Sus charlas motivaron odios y envidias. También admiración y respeto, por supuesto.

Un día fue acusado de corromper a los jóvenes y de impiedad hacia los dioses. Esto sucedió en el año 399 a. de C., cuando tenía 71 años de edad. Sus discípulos le ofrecieron ayudarlo para que se fugara, pero él no aceptó esta ayuda, pues consideró que aunque el veredicto que lo condenaba a muerte era injusto, éste había partido de un tribunal legalmente constituido y su decisión debía ser respetada. Procedió entonces a beber la cicuta. Murió así uno de los más grandes hombres de todos los tiempos.

Ahora, hablemos de un ser excepcional:

 

JESUCRISTO

Personaje de gran importancia. Con él concluye una época y se inicia otra. De El, Napoleón Bonaparte dijo en alguna ocasión: “Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos fundado imperios, pero ¿en qué se basaban las creaciones de nuestro genio?; sobre la fuerza. Pero Jesucristo fundó su imperio sobre el amor y después de tantos siglos aún hay millones de hombres que morirían por El.”

Los tiempos modernos se miden así: antes de Cristo y después de Cristo. Durante su corta existencia de 33 años, consiguió cambiar muchas cosas: transformó la imagen de un Dios vengador, por la de un Dios lleno de comprensión. Uno es el Antiguo Testamento y otro el Nuevo Testamento.

Son famosas las palabras de Jesús en torno al tema que nos ocupa hoy. En la Biblia (San Juan 12-23), Jesús habla así: «Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si un gran de trigo no cae en la tierra y muere, sigue siendo un solo grano; pero si muere, da abundante cosecha».

Admirado y querido por muchos, también tuvo sus adversarios. Fue condenado a morir en la cruz. Ahora, a la distancia en el tiempo, su figura se agiganta y se extiende por el mundo como una imagen de paz y amor.

Con su muerte llenó de vida el universo.

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