¿Entretenernos o entretejernos?

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Por Indira Kempis

Las redes sociales en Internet nos han permitido darnos cuenta de algo que, conforme se ha mermado la convivencia social, hemos olvidado: estamos conectados. Las posibilidades de recordarlo se incrementan; en tanto, cada día encontramos en estas redes personas que en algún momento conocimos, tratamos, son amigos de amigos, o bien tienen intereses, gustos o causas en común.

En su libro Multitudes Inteligentes, el investigador Howard Rheingold menciona que, como nadie controlaba lo que hacía la gente con Internet, millones de personas inventaron nuevos modos de utilizarla. Es el ámbito de la red social inmediata y el entorno donde se plantean asuntos relacionados con el espacio físico y la comunidad. Desde esta premisa, se pueden explicar fenómenos sociales relacionados, como las movilizaciones que se generan desde la virtualidad y desencadenan cambios en un contexto determinado.

En el escenario más optimista, hay quienes ven en Egipto y Libia algunos ejemplos de cómo las redes sociales han influido en gran parte sobre estas nuevas formas de relaciones sociales, e incluso algunos se han atrevido a decir que “la revolución será twitteada”. Si bien es cierto que tuvieron un papel indispensable como herramienta para el intercambio de información, como en otras micromovilizaciones que se gestan a diario en diferentes países, también es cierto que debemos apuntar que una de las grandes quejas de los usuarios es la cantidad de información inútil, que lo único que hace es poner en la agenda temas totalmente ajenos a la construcción de sociedades, o que no hay debates que profundicen en las raíces de los problemas sociales.

Tal como sucede con los medios tradicionales, el espacio virtual también tiene contenidos de baja o inexistente calidad, con lo que genera rumores, pone tópicos de la farándula como prioridad o cae en debates superficiales de la realidad, que minimizan su contribución social. De tal forma, este medio de comunicación, aunque sí ha originado otra forma de crear cohesión, también se ha convertido en un placebo, pues algunos de sus usuarios, además de creer que con la virtualidad es suficiente para las grandes transformaciones que necesita el mundo, pueden utilizar la información únicamente como un medio de entretenimiento y no como uno fundamental para tejer una sociedad que cada vez está más desintegrada en sus diferentes ámbitos.

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