Por Indira Kempis
Uno de los procesos participativos en los que se han enfocado las ciudades con altos índices de violencia, ha sido el involucramiento, casi inmediato, de los niños y las niñas del lugar. Así pues existen alrededor del mundo casos exitosos en donde el poner a los infantes con los sentidos abiertos a su entorno por medio de la educación y la cultura, da excelentes resultados, incluso en el corto plazo.
Kid With Cameras fue un proyecto iniciado por la estadounidense Zana Briski, una vez que instalada en la ciudad de Calcuta, India, por causalidad, se dio cuenta no sólo de la pobreza en la que vivían los niños y las niñas de la zona roja (en donde habitaban las prostitutas con sus hijos) de la ciudad, también de la gran capacidad de imaginar y crear de los infantes, de la sensibilidad que aunque es violentada por circunstancias y por sus entornos críticos, pero que se conserva por el hecho de ser niños. De esta forma, Zana emprendió un proyecto que consistió en, primero, enseñar a unos cuantos a fotografiar para después, en el año 2002, convertirlo en una fundación.
La fotógrafa neoyorquina observó que los niños reflexionaban sobre su entorno y cuestionaban su forma de vivir al realizar cada una de las tomas y, además, de notar que conforme incrementaba su interés en la fotografía, los infantes se involucraban más en sus juegos, su convivencia con su familia e incrementaba su deseo de mejorar sus entornos inmediatos.
Por esa razón, Zana se atrevió a convocar a sus amigos en Estados Unidos para que le donaran y enviaran cámaras fotográficas. Mismas que a sus alumnos le sirvieron para realizar esas tomas fijas en las que su sensibilidad refleja no sólo una rebeldía natural a una forma de vida que no es ni cómoda y, por supuesto, tampoco la mejor forma de vivir para un niño.
Conforme se acercaban más a este arte, Zana también se percató que algunos de ellos no sólo se “quejaban” de la situación en la que vivían, sino eran capaces de construir imágenes en donde su imaginación estaba concentrada en entornos diferentes. La risa, la vida, los amigos, eran temas de las imágenes fotografiadas. Los resultados con estos niños que ahora son jóvenes han hecho eco de esta labor alrededor del mundo. Algunos de ellos, no todos, derribaron las fronteras invisibles de la zona de tolerancia en la que vivían para imaginar la posibilidad de estudiar y buscar renovados horizontes que fueran más allá de la prostitución, la drogadicción o el robo.
El ejemplo de este proyecto es uno de los muchos emprendidos en ese mismo sentido, el de sensibilizarnos mediante el arte para reflexionar cómo es la ciudad en la que queremos vivir. No es un ejercicio en vano y tampoco exclusivo de los niños. El arte en los espacios públicos abren grandes signos de interrogación también para nosotros. Retomar las respuestas que, seguramente, encontraremos en nuestras calles y nuestras casas. En nuestros barrios. La imaginación permite ver más allá de lo invisible, esto podría ser una pieza clave para flexibilizar nuestros procesos cognitivos y conectarnos con lo que nos rodea.

