Milton Maciel Mata Guerrero / Divulgador Científico.
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Se calcula que durante el transcurso de su vida un ser humano promedio consume más de 20 toneladas de alimentos y más de 30,000 litros de líquidos; además, los seres humanos consumimos de manera directa o indirecta enormes cantidades de todo tipo de recursos tales como: agua, combustibles fósiles, energía eléctrica, recursos minerales, materias primas y materiales diversos, etc.
Los seres humanos consumimos recursos y como resultado producimos desechos que contaminan nuestro planeta. Cada segundo una incontable cantidad de contaminantes son tirados al suelo, arrojados al océano y liberados a la atmósfera. Dicha contaminación no perjudica solamente a la humanidad sino a todos los demás seres vivos que habitan en el planeta Tierra.
En nuestro planeta habitamos casi 7,000 millones de seres humanos, que en total producimos más de 1,000 millones de toneladas de residuos o desechos anualmente, es decir, más de 1 billón (un millón de millones) de kilogramos. Dicha cantidad equivale a un promedio de unos 150 kilogramos por cada ser humano.
Debido al crecimiento acelerado y desmedido de las grandes ciudades del mundo la cantidad de desechos producidos se ha incrementado considerablemente, ya que es en las grandes urbes en donde se produce la mayor cantidad de desechos.
Un habitante promedio de una ciudad de primer mundo puede fácilmente generar más de 500 kilogramos de desechos en un año, esta cantidad de desechos es mucho mayor que la generada por quienes viven en zonas no urbanizadas.
Es importante señalar que durante la construcción de dichas ciudades también se produce una considerable cantidad de desechos, es decir, se produce contaminación.
Pensando y reflexionando en lo anterior podemos llegar a la conclusión de que es inevitable producir desechos durante nuestra vida, ya que prácticamente cualquier actividad que realicemos produce ya sea de manera directa o indirecta algún tipo de contaminación, incluso durante nuestra respiración exhalamos dióxido de carbono (CO2), el cual es un gas de efecto invernadero.
Ahora bien, contaminar es inevitable, pero lo que sí está en nuestras manos es buscar la manera de reducir nuestra contaminación a lo mínimo posible, lo cual sólo se logrará si cada uno de nosotros ponemos de nuestra parte y actuamos guiados por una cultura ecológica de conservación de nuestro mundo.
Es increíble que haya personas que sean capaces de tirar basura en la vía pública, pudiendo mejor desecharla en un bote de basura, quizá pase por su mente la idea de: “solamente es un papelito o un botecito, que tanto daño pueden hacer”; sí quizá sea sólo un pedacito de basura, pero en una ciudad como la nuestra donde habitan millones de personas y en la cual una gran parte de los ciudadanos carecen de una cultura ecológica de conservación de nuestro mundo, esto se traduce en ya no un papelito o un botecito, sino en miles y miles de pedacitos de basura, los cuales representan no únicamente un foco de infección, sino que también son capaces de causar otro tipo de problemas, por ejemplo, la basura que se encuentra en la vía pública poco a poco va bloqueando las alcantarillas y cuando llegan las lluvias se producen encharcamientos que en algunas ocasiones llegan a ser considerables. Lo anterior es sólo uno de tantos ejemplos.
Para poder vivir en un mundo más limpio la solución es muy sencilla, cada uno de nosotros debe de poner de su parte en la conservación de nuestro mundo.
¿Qué clase de mundo queremos heredar a nuestras generaciones futuras? ¿Qué acaso no se supone que somos la especie más inteligente del planeta? Pues demostrémoslo con nuestras acciones.
¡Pensemos y Reflexionemos!…
