Indira Kempis
Pocas veces nos detenemos a pensar en todas las implicaciones que conlleva el caminar sobre una banqueta deteriorada. Si bien es cierto que los accidentes ocurren en el momento más inesperado y que nosotros debemos mantenernos alerta cuando caminamos por las calles, también lo es que el problema es más complejo de lo que parece. No sólo se trata de tales factores incidan en una caída que termine en fracturas, contracturas y hospitales. El tema está directamente relacionado con la infraestructura que tengamos para poder hacer uso de nuestro derecho como peatones y la construcción de una ciudad de escala humana.
Mi socia en @ciudad_es y arquitecta, Yazmin Viramontes, ha acuñado un término que tiene que ver con estas situaciones que no son detalles insignificantes, sino lo contrario: espacios que determinan la seguridad mediante el diseño ambiental. Para ella, una banqueta que obstruye el propio paso del peatón debe denominársele banqueta violenta. No es porque la violencia la ejerza la estructura, sino la planeación urbana incorrecta que en lugar de dar prioridad a los peatones estableciendo reglas e implementando programas para el respeto de las mismas que deja a la arbitrariedad los caminos que por derecho y uso nos pertenecen a los peatones.
Entonces, ¿se ha preguntado cuántas veces tiene que bajarse de la banqueta para seguir caminando?, ¿cuántas veces se ha tropezado porque el cemento está destrozado, tienen una altura inalcanzable o son cortas?, ¿ha visto esas enormes rampas que son la extensión de casas habitación para sus automóviles? La violencia no sólo se manifiesta a través de los actos humanos, sino del diseño de esos actos. De tal forma que si se disminuye el riesgo al caminar, podremos hacer que las personas tengan alternativas para la movilidad urbana sustentable, ¿quién quiere caminar por una banqueta en pésimas condiciones?
Yazmin profundiza más y plantea lo siguiente: “En el espacio público todos somos afectados. El terreno que pisamos y compartimos es responsabilidad de nosotros y nuestro gobierno. Generalmente a la autoridad no le interesa el “cómo”. Reportan que se han gastado X millones en pavimentación y banquetas, pero no dicen “cómo” quedan ni bajo qué reglas se rigen para dichas remodelaciones. Las banquetas violentas son producto de este descuido. Descuido que también nosotros como ciudadanos podemos cambiar en la medida en que dejemos de ignorar lo que es caminar en una ciudad que te ayude a vivir con el principal medio de movilidad: nuestro cuerpo”.
El urbanista Gabriel Todd también señala la importancia de establecer una Ley de Banquetas que permita establecer reglas claras, tanto como sanciones, sobre las dimensiones, características y uso. Queda claro que una ciudad que pretende ser segura necesita empezar por los aspectos básicos que permitan prevenir accidentes y no reaccionar cuando las situaciones de riesgo se han convertido en casos graves donde ni siquiera alguien puede responder por un “accidente” de banqueta. Una ciudad segura, humana y sustentable se mide, entonces, a través de sus banquetas, ¿está usted dispuesto a defender ese espacio público?
