Indira Kempis

Es altamente probable que coincidamos en que la planeación de las ciudades requiere experiencia técnica esto se traduce en funcionarios públicos expertos que tomen decisiones en función del diseño ambiental de una ciudad que favorezca nuestra calidad de vida pública. Sin embargo, aunque eso puede parecer lejano ante el contexto del sistema político y de la función pública en la que nos encontramos, la ciudadanía organizada puede crear agendas propias que impulsen la necesidad de contar con recursos humanos profesionales y eficientes ante la problemática.
¿Lo dudamos? Los investigadores Larry Diamond y Leonardo Morlino (2005) escriben sobre los tipos de participación ciudadana que inciden directamente en la calidad de la democracia y, por tanto, en la vida pública de las ciudades. Es responsabilidad de los ciudadanos hacer uso de los derechos formales y mecanismos informales para la incidencia. De manera tal que el voto, la organización, las asambleas, las protestas, el lobby para sus intereses, son medios por los que se puede contar con mayor influencia para la toma de decisiones en la planeación de la ciudad.
Actualmente, en tanto nos enfrentamos a la complejidad que eso implica, debemos como ciudadanos ocupar todos los espacios posibles para hacer visibles nuestras demandas. La expresión de la sociedad civil es una de las maneras en las que se reconoce la gestación de comunidades que colaboran (al mismo tiempo que exigen) a sus gobiernos el compromiso a respetar nuestro derecho a vivir en ciudades humanas, sustentables y seguras.
En ese sentido existen diversas maneras en las que podemos hacer una ciudad. La agenda ciudadana estaría enfocada en algunos de los aspectos estructurales: movilidad urbana sustentable, rescate de espacios públicos, seguridad urbana, derecho a la ciudad, vivienda digna, desarrollo de proyectos comunitarios, polígonos de pobreza, entre otros temas. Interviniendo de esa forma, nos movilizamos estratégicamente hacia, lo que menciona la académica Nuria Cunill: la conquista de los poderes sociales y la reivindicación de espacios en torno a la configuración de la vida social. Definitivamente, si no entendemos que hacer ciudad implica la participación de la ciudadanía, entonces, será todavía más difícil la creación de entornos que mejoren nuestra calidad de vida.
