Todo, todo; usted sabrá todo sobre el beso

Spread the love

Nick HardingThe Independent

(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño).

Gustav Klimt - El Beso

¿Es universal el beso? Puede ser que en la actualidad sí; pero, en tiempos pasados, numerosas culturas lo ignoraron. Asimismo, las funciones que cumple son particularmente diferentes. La filematología, o ciencia del beso, estudia este comportamiento bajo todos sus aspectos

Judas besó a Jesús, Britney Spears a Madonna, el príncipe encantador a La Bella Durmiente. Los pájaros hacen algo parecido, no así las abejas, y se ha podido ver a monos bonobos aplicarse a esta práctica durante 12 minutos seguidos. En el día de San Valentín tal vez usted también lo hace.

El beso es el lenguaje universal. Se le encuentra en el reino animal y entre los humanos. Es el comportamiento más expresivo que manifestamos a los demás. Los estudios demuestran que la gente recuerda con mayor precisión su primer beso que cualquiera otra primera vez en su vida, incluida su primera experiencia sexual.

Pero, en realidad, el beso boca a boca que conocemos es un fenómeno relativamente reciente. Hace apenas un siglo, en numerosas culturas del planeta, los besos eran desconocidos. Los exploradores del siglo XIX descubrieron numerosas civilizaciones que ignoraban, desde siempre, todo lo relacionado con el beso; pero que, por otra parte, tenían sus prácticas sexuales muy particulares.

En su libro de 1864, África salvaje, el explotrador británico William Winwood Reade reporta que una princesa africana, de la cual se había enamorado, creía que, cuando se le acercó para besarla, trataba de devorarla. «Los africanos no saben lo que es el beso», concluía él. En los años 1970, estas zonas aisladas, donde la gente no se besaba, habían prácticamente desaparecido. Según un estudio de la época, en el 90 por ciento de las culturas del mundo, la gente se besaba en la boca. En nuestros días, esta cifra debe acercarse al cien por ciento.

Según los filematólogos –personas que estudian el beso-, la primera referencia a un  comportamiento tipo beso se remonta a los textos sánscritos védicos, de 1,500 antes de Cristo, en la India. Aun cuando en esa época no había un término para designar el «beso», los documentos hindúes evocan el acto de  «olerse con la boca».

A lo largo del tiempo, el beso ha constituido un reto para los grandes pensadores, desde Jonathan Swift a Charles Darwin, para quienes picotearse los labios era un acto innato, codificado en nuestros genes. En nuestros días, más bien se considera que el beso es una mezcla de naturaleza y de cultura, y que ha evolucionado a lo largo de la historia de la humanidad.

Según Sheril Kirshenbaum, la reina de la ciencia del beso, «no se sabe con exactitud cuándo y dónde empezó la gente a besarse, pero muy probablemente es algo que aparece y desaparece de manera recurrente, por diversas razones, a lo largo de la historia de la humanidad».

Los humanos parecen tener un deseo instintivo de relacionarse de esta manera, pero el estilo y la forma dependen de la cultura y de la experiencia. Tras el nacimiento, las primeras experiencias del bebé en cuestiones de amor, de comodidad y seguridad implican una u otra forma de beso. Asimismo, desde el punto de vista de la neurociencia, «estamos programados, desde nuestra más tierna edad, para asociar estas emociones positivas con el contacto labial».

Antes de la aparición de la leche maternizada, el contacto más prolongado entre un infante y su madre se daba, por lo general, al momento de amamantarlo. Por otra parte, en numerosas culturas, los padres mascaban la comida antes de transferirla, con la lengua, a la boca del infante.

En la edad adulta, el beso cumple también varias funciones. Así, el contacto permite a la mujer recibir los marcadores hormonales del hombre que ella besa, y juzgar si sería una pareja aceptable. Los endocrinólogos han descubierto que, por medio  del beso, las mujeres pueden experimentar una sección del genoma de un posible socio, denominado complejo mayor de histocompatibilidad (CMH).

Se trata de códigos para el sistema inmunitario, y las mujeres se sienten atraídas por el olor de los hombres que poseen un CMH diferente del suyo. «La ventaja es que, si nos relacionamos con alguien de CMH diferente del nuestro, nuestros hijos  gozarán de mejor salud y tendrán más oportunidades de sobrevivir», precisa la seeñora Kirshenbaum.

El llamado beso francés: esto es, con la boca completamente abierta, tiene ventajas diferentes para los hombres. La saliva contiene pequeñas cantidades de testosterona, y se cree que si un hombre besa repetidamente a una pareja, abriendo la boca, con el tiempo transmitirá a la mujer una cierta cantidad de la hormona. Las mujeres son más sensibles que los hombres a la testosterona, y al cabo de semanas o de meses, este incrementado nivel de testosterona aumentará la libido de ambos y los volverá más receptivos en el plano sexual.

Pero, ¿por qué el acto de besarse transmite tal sentimiento de bienestar? En el aspecto biológico, cuando nuestros labios se unen, nuestros dos cuerpos estallan en un coctel de neurotransmisores reconfortantes, tales como las endorfinas, la dopamina, la serotonina, la adrenalina y la oxitocina, también llamada la hormona del amor.

Es, asimismo, una actividad que pone en actividad todos los sentidos. «La gente recuerda mejor su primer beso que su primera experiencia sexual, estima la señora Kirshenbaum, probablemente porque el beso constituye un proceso tan activo. Cuando besamos, nuestro cerebro está en la más intensa actividad».

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top
Spread the love