Mundo evolucionado y actualidad inconsciente

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Rita Alonzo

La pregunta sería, ¿cómo combatir la pobreza si nuestra estructura mental acumulativa sigue siendo la misma hace milenios?

Cada vez que hurgo en las estadísticas sobre la distribución de la riqueza me espanto. No solo al ver las cifras dispares entre una brecha y la otra, sino la falta de conciencia que aun padecemos como sociedad.

Según Naciones Unidas, un 20 por ciento de la población mundial, el equivalente a 1,320 millones de personas, concentra en sus manos el 82 % de la riqueza en el mundo. Mientras, los más pobres, unos mil millones de personas, sobreviven con apenas el 1.4 % de la riqueza mundial.

¿Cuál es el motor de esta avaricia? ¿Porqué el ser humano necesita tener más y más? ¿Es acaso el grosor de nuestra billetera, una variable de medición de nuestra calidad humana?

Hemos pasado por sistemas económicos diversos, desde el esclavismo del S. IV d.c, al feudalismo en los siglos IX al XIV, hasta las amplias etapas del actual capitalismo.

¿Será que ninguno ha podido armonizar la sociedad, para evolucionar hacia un mundo más igualitario?

Ahora, algo me confunde, si cada uno de nosotros es un ser irrepetible, con cualidades singulares; entonces…. ¿Cómo amalgamamos esa desigualdad a menester del igualismo?

Carlo Bini se preguntaba: “¿Cómo puedo imaginar una sociedad y mutua correspondencia de deberes sociales entre el hombre que gasta un millón al año y el hombre que no tiene la seguridad de comer pan cada día, una mísera cantidad de pan amasado con hiel y lágrimas?”

No será una cuestión hereditaria, es parte de nuestros genes el ser egoístas, o es lo que la sociedad nos inculca dese pequeño a través de la competencia desmedida.

El  Dr. Anastasio Ovejero Bernal de la Universidad de Valladolid, menciona en su ensayo “Desigualdad, subdesarrollo y pobreza actual, globalización ultraliberal” que según la ONU, para que toda la población del globo tenga acceso a las necesidades básicas (alimentación, agua potable, educación y salud) bastaría con menos del 4% de la riqueza que acumulan las 225 mayores  fortunas del mundo. Y no olvidemos que la satisfacción universal de las necesidades sanitarias y nutricionales esenciales sólo costaría 13.000 millones de dólares, o sea, apenas lo que los habitantes de Estados Unidos y la Unión Europea gastan al año en perfumes.

Es incomprensible, para todo aquel que tiene conciencia humanitaria, que seamos tan ¡egoístas! ¿Cómo puede ser posible que no nos demos cuenta que necesitamos un cambio?

Pero un cambio verdadero, en todas las esferas de la vida social. Tanto en los ámbitos políticos, como económicos y culturales.

Me sigo preguntando, ¿cómo lograr una sociedad más justa, más equilibrada? No logro entender como personas con intereses inescrupulosos solo les importa abarcar ganancias descomunales, mientras a su lado se encuentra un niño muriendo de hambre.

Isaac Asimov decía: el aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría”.

En una sociedad tan desarrollada, con tanta propagación de descubrimientos científicos, ¿cómo no hemos encontrado la fórmula excepcional de combatir la pobreza?

En mi opinión hasta que no logremos romper con los paradigmas de “la acumulación desmedida como parámetro de felicidad”, ¡el mote de sociedad avanzada y progresista nos queda grande!

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