El 20 de febrero del próximo año, 2013, la Universidad Autónoma de Nuevo León, su Facultad de Medicina y todos los nuevoleoneses honraremos, recordándolo en el bicentenario de su nacimiento, a quien por su formación integral, sus inclinaciones intelectuales y pasión por el conocimiento, la enseñanza y la difusión de la cultura, pero sobre todo por el amor hacia sus semejantes fue, en el siglo XIX, el más destacado educador y humanista de estas tierras: el doctor José Eleuterio González.
Aunque nacido en Guadalajara, Jalisco, llegó por primera ocasión a Monterrey a los 17 años de edad y después de un breve viaje a la ciudad de San Luis Potosí, acompañando y cuidando a un sacerdote franciscano nuevoleonés, con quien había llegado por primera ocasión, Fray Gabriel María Jiménez, regresó a esta ciudad en 1833, donde vivió y ejerció la medicina hasta su muerte, el 4 de abril de 1888, a los 75 años de edad.
A su segundo arribo a la ciudad fue nombrado practicante primero del Hospital del Rosario, único entonces en la entidad y de inmediato procedió a atender con tal abnegación a las víctimas del cólera morbo, que entonces azotaba al Estado, que los nuevoleoneses, con cariño y gratitud, lo llamaban Gonzalitos. Más adelante ocupó la dirección del hospital, donde en 1835 abrió la cátedra de farmacia. En 1853 inició un curso de obstetricia y posteriormente estableció la Escuela de Medicina y el antiguo Hospital Civil. Fue también impulsor y director del Colegio Civil.
Dado el cariño que le tenían los regiomontanos, a su fallecimiento la ciudad paralizó sus actividades; la población vistió de luto y su cadáver se llevó al Palacio de Gobierno donde nuevoleoneses de todo el Estado desfilaron para despedirse de su benefactor. Sobre el ataúd se leía : “No se perderá su memoria y su nombre se repetirá de generación en generación. Eclesiástico Cap. 39 y 40”.
El cortejo que lo acompañó para su sepultura en el Hospital Civil fue encabezado por el General Bernardo Reyes, el Gobernador Lic. Lázaro Garza Ayala, acompañándolos alumnos de las escuelas primarias y medias, las facultades de Jurisprudencia y Medicina, el Ayuntamiento, corporaciones civiles y la mayor parte de la población, que había puesto crespones negros en las fachadas de las casas.
Independientemente de sus investigaciones e importante obra escrita en materia de medicina, botánica e historia y la material como la fundación del Hospital Civil, la Escuela de Medicina y la Escuela Normal para Profesores, lo que queremos destacar el día de hoy es su aprecio por el conocimiento y que procuró siempre formar a sus alumnos para una profesión con verdadero sentido de servicio y ayuda a los demás y que a los nuevoleoneses nos marcó un camino para conocer y reconocer nuestras potencialidades.
