Artists are the essential nurturers of our collective imaginations, and as such, play a vital role in helping us shape a new vision of a better world.»
– Thomas Friedman, author, The World is Flat
Por Fernando Fuentes García
fuentesgarciaf@yahoo.com.mx

Americano, nacido en China, 1933
Eviva Amore, 2001 Steel,
Aproximado: 424 x 564 x 360 in
Colección Raymond and Patsy Nasher, Dallas, Texas
Precedentes y Coincidencias
Para situar las diferentes expresiones de la escultura contemporánea, que como sabemos ha sido transformada a través del tiempo respecto a los temas, los materiales usados, el proceso formativo y las normas de composición, con representantes como Auguste Rodin, Brancusi, Picasso, Marcel Duchamp, Joan Miró, Alberto Giacometti y Jeff Koons entre muchos otros exponentes; José Luis Brea, autor de Ornamento y Utopía, evoluciones de la escultura en los años 80 y 90, nos ayuda a situarlas entre 4 diferentes polos formados entre el eje de la forma, cuyos límites son la arquitectura y el paisaje y el de las ideas, con límites entre la idea pura o abstracta y la idea encarnada en los mundos de vida. En síntesis haciendo a un lado las expresiones de ideas abstractas, que refieren a las relaciones que establecen los sujetos entre sí como el Performances y el Body Art o el arte en espacios publicitarios, en dispositivos de comunicación audiovisual y las prácticas puramente lingüísticas, tenemos al espacio como referente principal de la escultura con una idea más encarnada en los mundos de vida; es decir, la escultura arquitectónica, la urbana y la de paisaje, en esta última se incluyen expresiones como el Landart o Earthworks.
Ahora bien, dejando a un lado lo que está en el orden de la tierra, es decir lo que no es arquitectura y es paisaje (Landart. Earthworks y escultura para paisajes), podríamos diferenciar entre la escultura urbana y la arquitectónica. Mientras por escultura urbana se entiende aquella que se inscribe en el orden urbanístico, en calles y plazas, de manera independiente al edificio, apegadas a un discurso más simbólico y próximo al espíritu del pueblo. Por escultura arquitectónica se entiende aquella que es creada especialmente para decorar o embellecer una estructura arquitectónica, ya sea en su interior o en el exterior.
Pero la escultura arquitectónica o urbana existe también de una forma autónoma o puede también estar ligada o integrada en su función (estética, utilitaria o expresiva), al espacio o a la arquitectura de la edificación. Hegel plantea la diferencia entre una escultura autónoma y la que sirve para la ornamentación de un espacio arquitectónico, en su estudio sobre lecciones sobre estética: La escultura autónoma considera el entorno como un local dispuesto para la misma, mientras que para la segunda la referencia a la obra arquitectónica, cuyo adorno constituye, resulta lo esencial y determina no solo la forma, sino, en grandísima parte también el contenido de la obra escultórica. En esta definición habría que destacar a mi modo de ver que la escultura autónoma también es un ornamento y que la intención de Hegel es la de destacar la diferencia en la concepción y creación de la obra. Mientras en la escultura autónoma el artista la crea de manera independiente sin considerar el espacio, el ambiente social, el edificio arquitectónico y lo que representan estos factores, es decir el contexto cultural; la escultura que yo llamaría integral, sí considera estos aspectos en su creación. Ahora bien, el nivel de integración de una obra arquitectónica, determina si ésta existe de manera independiente a la edificación o está unida a su estructura.
Wassily Kandinski (Moscú, 1866 – 1944), pintor ruso, precursor de la abstracción y teórico del arte, afirma lo siguiente. Al profundizar en sus propios medios, cada arte (en este caso el de la arquitectura y el de la escultura), marca los límites que la separan de las demás, y este proceso las vuelve a unir en un empeño interior común, el de expresar su mundo interior (el del arquitecto y el escultor). Es decir, un arte puede aprender de otro el modo en que se sirve de sus medios para después, a su vez, utilizar los suyos de la misma forma; es decir, según el principio que le sea propio exclusivamente. Esto produce espontáneamente su consecuencia natural: la comparación de los propios elementos con los de otras artes. De este proceso de unión y aprendizaje que Kandinsky planteaba desde el año 1910, nace una coincidencia que hoy comparten ambas disciplinas y que estrecha la relación que existe entre la arquitectura y la escultura, sobre todo respecto a los objetos creados: esta es la necesidad de crear esa sensación de admiración, de crear una “obra de arte” con un mayor expresión o de crear una arquitectura que sorprenda como lo declara el arquitecto Oscar Niemeyer y lo expresan en su trabajo los arquitectos Frank Gehry, Santiago Calatrava y recientemente el trabajo de Tadao Ando con el Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño, en la ciudad de Monterrey, México.
Si bien, en el pasado dominó la forma institucionalizada de la escultura clásica como monumento y hoy en día se observa ya desde la década de los ochentas un resurgimiento gracias a la evolución que ha tenido esta disciplina y que podemos constatar con nuestro vecino territorial, Estados Unidos de América. En México, la escultura sigue inmersa en una cierta crisis frente a la fuerza del urbanismo de la modernidad y ante la falta de una idea clara de nuestros políticos, ediles y constructores urbanos, sobre cuál debe de ser la imagen que puedan propiciar las ciudades de nuestro país; pero también por el desconocimiento de las posibilidades del uso, beneficios y goce de la escultura pública o privada, en conjunto con una carencia de criterios ideológicos, estéticos y de estilo a seguir en la implementación de muchos de los proyectos escultóricos. Sin embargo, en general se puede destacar, sobre todo en aquellos creativos que diseñan los lugares para vivir y trabajar, una voluntad para rediseñar y dar significado a los espacios, crear hitos significativos en la ciudad y una mayor preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Esta voluntad y consciencia social, encaja perfectamente con la visión de muchos de los artistas escultores que buscan re-conquistar las cualidades físicas de la escultura, como la escala, tras haberla reducido históricamente en su formato, para captar los beneficios de los que gozaba la pintura.
Arquitectura, Diseño y Escultura, Hacia una Visión de Integración y Colaboración
Sin embargo, a pesar de estas coincidencias, la falta de interés por el diseño en la arquitectura en México y una visión individualista de una gran mayoría de los escultores y algunos arquitectos, hacen que exista un distanciamiento claro entre las disciplinas. Mientras el creador escultor crea obras autónomas o toma y resuelve de manera individual la problemática de la relación espacio-arquitectura, el diseñador o arquitecto diseña y en ocasiones construye los entornos para trabajar y vivir, sin pensar en la escultura. No existe, o al menos es mínima, una cultura de integración entre los creadores y su proceso de creación.
Javier Maderuelo (Madrid, 1950), autor del libro “3 La Pérdida del Pedestal”, afirma que parte de este problema, surge porque la presencia del arte en el espacio público (yo agregaría y el privado), se reclama en términos de decoración. Agrega que en un proyecto urbanístico o en una obra arquitectónica, se destina una ínfima parte del presupuesto para que, al final, alguien ajeno a la gestión del proyecto alegre un poco el resultado añadiendo, esculturas, fuentes o murales. Este problema, aunado a la inexperiencia o ignorancia de los comitentes, ha conducido a la desintegración de la escultura con su entorno urbano arquitectónico y el imaginario colectivo.
Por lo tanto, creo que las posibilidades de uso de la escultura en la arquitectura y el espacio urbano, estarán solo limitadas por la imaginación de aquellos que intervienen en la creación y desarrollo de estos ambientes, en la medida, en que estos reconozcan los beneficios de implantar esta cultura, como una herramienta para alcanzar y reforzar un sin número de objetivos, entre ellos, el de apoyar al arquitecto o diseñador en la implantación de un estilo, en la significación y estética de las edificaciones o del sitio, en la creación de un legado cultural perdurable, en mejorar la calidad de vida de la sociedad y en la aportación de un sin número de beneficios adicionales a la cadena de valor del cliente familiar, corporativo o público.
La filosofía de Foster + Partners reconoce que la arquitectura es generada por las necesidades de las personas –tanto materiales como espirituales- la preocupación por el contexto físico y la cultura y clima del lugar. Pero también establece como creencia que la mejor arquitectura, viene de una síntesis de todos los elementos que por separado comprenden e intervienen en la naturaleza del edificio; incluyendo la relación del edificio con el paisaje urbano, la forma en la que podemos movernos a través o alrededor del mismo, el simbolismo de su forma y la habilidad para levantar el espíritu. Si contrastamos esta filosofía con la lógica de la promoción inmobiliaria y de las empresas constructoras que buscan una buena marcha del negocio inmobiliario y no la satisfacción de las necesidades de las ciudades o de las personas; queda de manifiesto la importancia de la integración de la escultura en los procesos de creación y realización de las edificaciones, como un ingrediente más para mejorar el entorno y la calidad de vida de las personas y de las comunidades, así como una herramienta que permite inspirar, asombrar e influir al cliente.
Contemplar la integración de la escultura desde el programa arquitectónico, al anteproyecto o proyecto arquitectónico, seguramente potenciará la creación y fomentará en el consumidor final, llámese inversionista, desarrollador, cliente particular o público, la necesidad de adquirir un proyecto escultórico. Además se podrá resolver uno de los grandes problemas que afectan a sus protagonistas; “atraer oportunamente los recursos necesarios para su desarrollo, que puedan garantizar una buena calidad y aportación artística y estética de la escultura”. Sin olvidar que durante el proceso se tiene el beneficio de crear confianza en el cliente y construir confianza, significa incrementar la importancia del factor emocional respecto a los factores económicos o prácticos, que el cliente evaluará al buscar los servicios del arquitecto o diseñador.
Lo anterior representa retos para los creadores. Por un lado el arquitecto o diseñador deberá de buscar la interacción con artistas escultores profesionales capaces de someterse a procesos que involucran opiniones divergentes, colaboración y creatividad y por el otro, el escultor deberá transformar aquella creación individualista y autónoma en una creación que sin dejar de ser individualista en su función contempla lo colectivo y establece tanto una experiencia intrínseca como una extrínseca. La integración será el reto principal del escultor al tomar un proyecto arquitectónico o urbano y la colaboración entre los creativos es indispensable.
Lo que parece claro a estas alturas, es que ni arquitectos ni escultores pueden conformarse ya con este tipo de colaboraciones (producto de la casualidad, más que de un programa ideológico o estilístico común, en el que las experiencias sean realmente compartidas). Se requiere fomentar la consciencia de que el arte de los espacios públicos, requiere de un nuevo tipo de especialista, de un nuevo tipo de artista, que sea capaz de dominar el amplio abanico de factores y técnicas que inciden en el proyecto y elaboración de la obra pública.
Javier Maderuelo
“3 La Pérdida del Pedestal”
Los arquitectos y diseñadores saben que el diseño excepcional puede transformar lo ordinario de las edificaciones, calles y ciudades en algo extraordinario. Ellos tienen la capacidad de unir lazos entre el escultor y el cliente final para colaborar con ellos en hacer de nuestro entorno un lugar más bello. Ante la falta de apreciación del arte de la tercera dimensión en nuestra comunidad, la transformación de una visión autónoma de los arquitectos, diseñadores y escultores, hacia una cultura de de integración, puede favorecer el interés por el diseño y la atención a los detalles de nuestro entorno. En el proceso, los profesionales del diseño y la arquitectura podrían respaldar la imaginación y la creatividad del escultor y a través de los lazos forjados en las cadenas de valor de las tres distintas artes y el cliente, harán de la escultura una obra de arte integral y accesible en la vida de las personas. Ellos posiblemente se puedan transformar en los últimos patronos del arte de la escultura.
El reconocido arquitecto Mauricio Rocha que en su filosofía busca la integración, la calidad plástica, conceptual y la calidad de vida del usuario, considera que hoy en día, la arquitectura en México carece de fuertes presupuestos y que los arquitectos tienen una gran oportunidad de ofrecer ideas frescas. Añade que si las autoridades reconocen esto podrían trabajar conjuntamente en la creación de espacios que impliquen la activación de las comunidades y las sociedades. Y es precisamente esto lo que la colaboración con el escultor también puede aportar.
En esta sociedad de consumo, los proveedores de los factores de producción son los que realmente inciden sobre las condiciones y modos de satisfacer la demanda de los consumidores. Demandas en la mayoría de los casos, creadas para buscar el máximo beneficio del productor y no la utilidad del consumidor. Esto lo reconoce la dirección de la Colección de Mediterráneo Económico en su presentación para el libro Ciudades, Arquitectura y Espacio Urbano. La dirección añade que hoy existe más atención a investigar las técnicas de venta (marketing), al tiempo que se ignora la educación para comprar adecuadamente. En definitiva, la colaboración entre los profesionales de las disciplinas de la arquitectura, la escultura y el diseño, tienen en sus manos en conjunto, la posibilidad de generar más rápido los cambios que tan ávidos esperamos en el hábito de consumo de los clientes, en la medida en que se tenga una cultura de integración y una filosofía en la que se busque aportar mayores beneficios a la cadena de valor del cliente. De esta manera, la escultura puede y debe ser accesible a todos. Nuestra comunidad merece una mayor dosis diaria de la imaginación y creatividad dispuestas en las creaciones de estos profesionales.
El autor es un escultor dedicado profesionalmente a la creación de escultura en bronce, con una trayectoria de más de 12 años. Su obra ha sido representada por distintas galerías de arte y ha sido expuesta de manera individual y colectiva en galerías, museos y centros culturales de varias ciudades de México. Su trabajo se centra principalmente en la transmisión de significados metafóricos que se relacionan con temas de la naturaleza.
El autor es un escultor dedicado profesionalmente a la creación de escultura en bronce, con una trayectoria de más de 12 años. Su obra ha sido representada por distintas galerías de arte y ha sido expuesta de manera individual y colectiva en galerías, museos y centros culturales de varias ciudades de México. Su trabajo se centra principalmente en la transmisión de significados metafóricos que se relacionan con temas de la naturaleza.
