Gabriel Contreras
En estos días, he venido dedicándome especialmente a actividades creativas, como la creación de un pequeño libro infantil, dos o tres o cuatro espectáculos, las cosas en la radio, la promoción de la lectura, y la planeación de un pequeño negocio cuya prosperidad es una moneda dando vueltas en el aire.
Entre todas esas acciones, lo que más tiempo me exige es el asunto teatral, y de eso quiero comentar dos o tres detalles.
Les cuento rápidamente que el pasado jueves recibí un inbox en el que se me mostraban unas páginas de un guionista de cine que no me parece grandioso. No leí esas páginas, porque estaban escaneadas y leer páginas escaneadas no me gusta.
Sin embargo, la persona que me las envió, que es un amigo que colabora en una gran casa editorial, insistió: “en esas páginas, David Mamet nos orienta respecto a cómo identificar el teatro tramposo”.
Como me dio flojera leer, le pregunté… “¿y qué es lo que defiende David Mamet, amigo?” Me explicó: “un teatro vivencial”.
Ok, le contesté para acabar con esa posible discusión: “no sé qué es el teatro tramposo ni el teatro vivencial, y tampoco he leído ese libro de David Mamet, ¿qué más?”.
No supe qué pretendía mi amigo, ni acudí al libro, pero sí me quedé con esas dos ideas girando en la cabeza.
Y quisiera decir algo acerca del teatro que yo hago.
El teatro que escribo, y que catapulto con mis ideas, tiene varios objetivos, y uno de ellos es provocar.
Me interesa generar inquietud en el espectador.
Inquietud a través de una mezcla de lenguajes y de medios. Inquietud a través de un decidido eclecticismo.
Inquietud por la vía de lo inesperado, inesperado incluso para mí.
Esto significa, entre muchas otras cosas, que no me interesa apegarme a las formas acostumbradas del teatro o lo teatral. Tampoco me interesa si lo que hago está bien o no, merece premios o no, merece fama o no, merece aplausos o no, merece un espacio o no.
Yo simplemente trabajo por ideas que me interesa plantear, sin apego a fórmulas, teorías o maquinarias dramáticas convencionales.
Tal vez eso me ha deparado un gran fracaso como autor teatral, podría ser.
O sea, que no aparezco en las antologías, ni me invitan a congresos o debates, ni se citan mis cosas, no.
Es más, mis obras no tienen ni siquiera posters celebrándolas. Puede ser que eso sea un fracaso, claro.
Pero sucede que no aspiro ni he aspirado a eso, de modo que no lo veo como un fracaso, y tampoco como un triunfo.
Yo, la verdad, prefiero trabajar con libertad.
Decir las cosas exactamente como yo quiero decirlas, en términos de modo, estilo, extensión y tono. Incluso decirlas con el quipo teatral que yo quiero. La verdad, con eso me basta, con eso y nada más.
Quizás alguien, sin ver mi teatro, sin haberlo visto jamás, se atreva a descalificarlo con toda la mano. Claro, está en su derecho.
Pero, después de todo, si esa persona no está dispuesta a desembolsar 50 pesos por ver mi teatro, pues… me da lo mismo.
Alguien que no tiene 50 pesos dedicárselos al arte escénico, ¿qué puede tener? Los necesita, obvio, para cosas fundamentales como… vaya… dos kilos de tortillas o… unas aspirinas o… una caguama. Lo entiendo y tiene razón. No todos tenemos dinero para cultura, hay gente que no lo tiene, es la verdad.
Ok. Pierdo básicamente nada con lo negativo de su opinión. Y tampoco ganaría nada con lo positivo de su aplauso, incluso si pagara, porque el costo de un boleto, un solitario, un singular boleto, para mí, es básicamente nada. Así que esa opinión, buena o mala, me da lo mismo.
Lo que realmente me importa del teatro, es que el escenario es un vehículo de la imaginación, y mientras yo pueda utilizarlo, lo usaré.
Digan mis amigos lo que quieran por inbox o en su muro, porque todos somos dueños absolutos de nuestras palabras.
El teatro, por suerte. no se dice, se hace, y a mí me gusta hacerlo, hacerlo precisamente como lo hago.
Si otra gente prefiere hacerlo de otro modo, o simplemente no hacer nada, sólo opinar sin ver y sin saber, yo… feliz de la vida. Se puede vivir, ciertamente, en el lado del money for nothing o en el lado del que carga los refrigeradores.

