El magisterio metido en el alma

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Por Ismael Vidales Delgado

Fue hacia 1965, cuando por encargo del profesor Oziel Hinojosa García acudí a recoger las “pruebas” de un libro que habríamos de revisar en la Normal Superior titulado “Los símbolos patrios”. Acudí a la imprenta del Maestro Alfonso Reyes Aurrecoechea, ubicada en la calle de Tapia al Oriente, en la Colonia Obrera. De inmediato me cautivó el arte que se respiraba en su “imprenta-santuario.” Todos los muchachos que laboraban en su imprenta te atendían amablemente encabezados por Panchito Bárcenas, pero el Maestro era otra cosa, él te explicaba, conversaba, aconsejaba y te dejaba ensayar como corrector y hasta como escritor, improvisando alguna frase de emergencia o un pie de ilustración.
El Maestro Reyes era la bondad personificada. La sabiduría convertida en paciencia.

Nosotros, los que en ese tiempo éramos jóvenes que nos legitimábamos socialmente haciendo “periodiquitos” en las escuelas, siempre encontramos en él, apoyo total: papel, revisión, formatación, ideas, ilustraciones, ¡todo gratis! Él nos conseguía el papel que se convertía en ilusiones impresas que iban de mano en mano de los estudiantes de secundaria que ensayaban sus dotes de reporteros y escritores, guiados por algún maestro metido románticamente a editor periodístico como Rodolfo de León o Celso Garza Guajardo, y muchos más.

Nadie que visitara al Maestro Reyes se retiraba con las manos vacías. Siempre pulcro, camisa blanca, corbata, bien peinado y afeitado, su saco de corte clásico, de lana, impecable; zapatos lustrados y lápiz en ristre presto para dejarlo correr sobre la cartulina y perpetuar en ella la imagen de sus personajes, lo vi dibujar a varios exgobernadores, supongo que era un encargo oficial. Pero también lo vi dibujar a José Clemente Orozco para un folleto de su autoría. Todo lo rubricaba a mano alzada con su inconfundible AR.

Era un hombre prudente, sabio, respetuoso de las ideas y expresiones de los demás, yo acudía, porque acompañaba al Maestro Oziel o al Maestro Timoteo, quien de cariño me llamaba «ahijado» y me distinguía con su amistad, tanto que me hizo sub director de la Normal Superior cuando “era joven y alocado y solía aullarle a la luna”. El maestro Oziel Hinojosa, también frecuentaba a “Poncho”, y muchas veces lo escuché decir «¡Nadie como Poncho, es el mejor de los artistas!». El libro lo revisamos Jorge Pedraza y yo, el profesor Oziel lo entregó al Presidente Gustavo Díaz Ordaz, y lo imprimió el maestro Reyes, luego fue repartido en las escuelas, Yolanda Blanco cuando fungió como Secretaria de Educación hizo una reimpresión con igual destino.

En 1970 la Normal Miguel F. Martínez cumplió 100 años, con ese motivo me encargó el Director, Profr. Jesús García, la renovación del escudo, desde luego tuve la asesoría del Maestro Reyes, quien realizó el dibujo original a color, luego Alberto Cavazos lo replicó en tamaño muy grande para exhibirlo en las fiestas del Centenario en el stand que la Normal montó en la Exposición Agrícola y Ganadera (Guadalupe) y en todos los festejos presididos por este emblema. La descripción heráldica la realizó el Maestro Israel Cavazos; huelga decir que todos lo hicieron de manera gratuita.

Una tarde, le pregunté al Maestro Reyes si era muy difícil dibujar con la maestría con la que él lo hacía. Me dijo, pruébalo. Enderezó la cartulina hacia mi lado, me dio el lápiz y colocó un retrato de Timoteo que era el personaje que estaba trabajando. Realicé apenas un garabato, tomé el borrador de inmediato y borré los trazos, soplé el migajón lanzándolo sobre su camisa blanca, impecablemente planchada.

Con la paciencia de Job en sus movimientos y palabras, tomó una brocha y me dijo “nunca se sopla el migajón encima de la gente, se toma la brocha y se recoge hacia tu lado, luego se lleva hasta la orilla del restirador y lo tomas en tu mano, lo depositas con cuidado en el bote de basura, sacudiendo el polvo que te quede, en el mismo bote.” Esta fue mi brevísima incursión como dibujante: debut, beneficio y despedida. ¡Alfonso Reyes Aurrecoechea llevaba el magisterio metido en su alma!

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