Dr. Carlos Eduardo Medina de la Garza
Puede ser una materia de simple curiosidad el hacer evocar en los científicos cuáles fueron sus inspiraciones infantiles o juveniles, para buscar ya como adultos, el dedicarse a la ciencia y a la academia científica. Algunas iniciativas educativas alientan este ejercicio, el cual consideran estimulante e inspirador para los niños y jóvenes que buscan la vereda de su destino en el entorno inmediato y en el ejemplo de sus mayores. Evidentemente habrá científicos extraordinarios que no recordarán haber sido inspirados jamás por nada ni nadie. Algunos de ellos seguramente fueron tocados, incluso aún antes de ser concebidos, por las manos de los dioses y llegaron así al nirvana del conocimiento. Pero para la gran mayoría de nosotros, que carecemos de inspiración divina y pisamos ambientes más terrenales, existieron vivencias, imágenes y lecturas que exaltaron nuestra imaginación y nutrieron nuestra mente con ideas, preguntas, sueños. Estas imágenes y narraciones nos acercaron a través de la curiosidad al mundo de la ciencia, del conocimiento y la tecnología, aun cuando ignorásemos el significado de tan sofisticadas palabras.
En mi caso particular, por si a alguien interesase, entre la lectura de la Enciclopedia Grolier, la colección del Selecciones de los años 50’s de mi abuelito y los programas televisivos de ciencia ficción, recuerdo con particular afecto una serie documental televisiva que me despertó un incipiente entusiasmo y curiosidad. La serie se llamaba “Aquí, Londres” y era transmitida por el canal 6 de televisión, de TIM (Televisión Independiente de México) a las 2.30 pm, una vez a la semana, regularmente los martes. Como antecedente para situar el tiempo y el espacio, el canal 6 de televisión inició en Monterrey sus transmisiones en el año 1961 y como TIM en 1965. Este canal puede considerarse un pionero en la divulgación del conocimiento y en el uso pedagógico de los medios masivos de comunicación, pues transmitía programas didácticos con el apoyo y colaboración de diversas instituciones educativas y por la SEP, que incluían la campaña nacional de alfabetización, clases de inglés y, para alumnos de nivel primaria, historia y geografía.
Aquí Londres, transmitido en blanco y negro con duración de 15 minutos, salió al aire en Monterrey en febrero de 1967 y duró, con una frecuencia semanal, hasta diciembre del año 1968. El documental pertenecía a una serie de programas de divulgación, con un imaginable sentido pro-británico, hechos por la Central Office of Information de la Gran Bretaña y que se llamó “London Line” (1964-1979). London Line estaba editado en dos versiones en inglés para las naciones pertenecientes al Commonwealth; tenía una versión en español (“Aquí Londres”) para Latinoamérica y una versión en idioma árabe. Mientras que la versión en inglés parece haber alcanzado los 500 episodios, no hay datos que nos indiquen cuanto duró la versión en español de este programa. Como se ha referido, el primer episodio de Aquí Londres en Monterrey fue transmitido hace poco más de 50 años, según el periódico “El Porvenir”, el martes 7 de febrero de 1967.
Si bien a tantos años de distancia es difícil recordar con exactitud el contenido de Aquí Londres, mi recuerdo principal son las notas de tecnología, los medios de transporte y los inventos que resolverían los problemas de la humanidad. En 2015, después de varios años de “googlear” infructuosamente “Aquí Londres” en internet apareció un hit en YouTube: un episodio sobre las universidades del Reino Unido, en particular de la Universidad de Essex y su sección de estudios Latinoamericanos. Quienes tengan interés de ver como lucía Aquí Londres, pueden ver ese capítulo en YouTube dando clic en la siguiente liga:
Este episodio especial fue subido a la red por la Profesora de español de la Universidad de Essex Lexa Olivera-Smith y sus alumnas del Máster en Traducción, Interpretación y Subtitulado, quienes hicieron la traducción del audio original en español a los subtítulos en inglés. Relata la Profesora Olivera-Smith que la cinta en cuestión fue encontrada al limpiar un almacén en la Universidad, donde llevaba años, y que al parecer fue un obsequio a la Universidad de Essex hecho por el padre de una de las estudiantes que aparece en este episodio. El departamento de lenguas y lingüística tomó la traducción y la sub-titulación como un proyecto académico y sus resultados están ahora disponibles en internet. Parece ser el único episodio de la serie disponible en la red, y es desconocido si existen cintas originales en algún lugar de Latinoamérica. La serie estaba destinada a ser exhibida en el extranjero y esta cinta es aparentemente la única que todavía existe en el Reino Unido.
En todo caso, es posible que no muchos recuerden esta serie documental. Sin embargo, en su momento, estoy seguro que no solo para mí, sino para otros niños y jóvenes, significó una pequeña gran ventana a un mundo más allá de las paredes de la casa y de la escuela, una mirilla a una ciudad exótica; en alguna parte de un mundo lejano, misterioso y fascinante, donde se llevaban a cabo cosas extraordinarias y se fraguaba la solución de los problemas de la humanidad a través de la ciencia. Naturalmente, esa visión infantil no correspondía ni se acercaba a la realidad. Luego, el destino se encargaría de poner mi itinerario por senderos aledaños a aquel mítico lugar y a sus odiseas científicas. Si el objetivo de la serie era un acercamiento social a la ciencia y la tecnología, entonces ¡misión cumplida! El germen de mi curiosidad y entusiasmo, el “imprinting” para la ciencia, lo puedo situar en esa pantalla de televisión que mostraba el futuro en blanco y negro, en “Aquí, Londres”.
*Agradezco a la Prof. Lexa Olivera-Smith de la Universidad de Essex, a la Sra. Sue Woods, del British Film Institute, Londres, y a Don Patrico Bañados, de Santiago de Chile, quienes me proporcionaron algunos valiosos datos sobre “Aquí, Londres”. Así mismo a Bárbara Alanís V, por sus sugerencias.


