MEC Gisela Aguilar Martínez
Durante el paso del tiempo y de la historia, la sociedad nos acostumbró a ver hombres exitosos en todo tipo de ámbitos, sociales, culturales, religiosos, etc, siendo las mujeres quienes admiraran el trabajo realizado y desarrollado por ellos. Todo esto llevó a la mujer a pensar y sentir que sería difícil alcanzar o empatar el tipo de actividades que los hombres realizaban. La idea no es hablar del machismo o feminismo, si no de la capacidad que tuvo la mujer como ser humano para alcanzar el éxito, basado en la autoestima.
La autoestima es el arte de amarse y respetarse a uno mismo. Es valorarse y empoderarse para sentirse bien, pleno y capaz de lograr objetivos trazados en el aire y llevarlos a la realidad.
La magia de la autoestima empieza desde el vientre materno. Ese momento en el que apenas se empiezan a percibir las sensaciones del amor de los padres, con cantos, pláticas y caricias al vientre materno. Es el hecho de sentirse amado y deseado. Es en el hogar en donde el apoyo y las expresiones de amor se transmiten a los hijos, para convertirlos en seres seguros de sí mismos; es el cariño la primera arma con la que cuenta un niño para sacar adelante una situación adversa y poder tomar decisiones a una corta edad.
Un niño o un adolescente que crece con amor, apoyo, aceptación, es una persona segura y cuando está en una situación en donde se tenga que tomar una decisión, no va a tomar la opinión de nadie, aceptará riesgos y de los resultados que se obtengan, irá tomando mayor seguridad.
En el caso de las mujeres, es la valentía lo que nos incita a tomar riesgos para escalonar peldaños y llegar al éxito; estar a la par o superar al sexo opuesto. La mujer cada vez está más segura de lo que vale, de lo que es y de lo que es capaz de proyectar. Las consecuencias de esto, positivas o negativas, son aprendizajes de suma importancia, porque va adquiriendo experiencia y fortaleza. Una mujer empoderada, es éxito en potencia, para la industria, la política, la educación, la ciencia; es capaz de sobresalir en cualquier campo.
Cuando una mujer es temerosa, tal vez sea porque en su niñez fue sobreprotegida; es probable que sus padres, por quererle cuidar en demasía, la volvieron incapaz de tomar decisiones y pedir aprobación para cada paso a dar.
La idea no es formar mujeres libertinas, sino mujeres seguras de sí mismas; atrevidas para emprender, libres en ideologías, libres en espíritu, mujeres destinadas al éxito, destinadas a dejar huella, a ser admiradas, finalmente a ser tomadas en cuenta como piezas fundamentales para tomar grandes decisiones, en áreas que son dominadas por el sexo opuesto.
Las mujeres mexicanas se han convertido en pieza clave para elevar el desarrollo económico de nuestro país, generando correlaciones en distintos sectores productivos y han incrementado su participación como población económicamente activa
En 1995, en México se tenían 2.5 millones de emprendedoras y para el año 2011, más de cuatro millones. Las mujeres que forman parte de la población económicamente activa, son casi 19.5 millones; de ellas, más de 13 millones son madres que trabajan. De las mujeres ocupadas, dos de cada tres (65.1%) son subordinadas y reciben una remuneración por su labor; 23.2% trabajan por cuenta propia. El 76% de las mujeres que trabajan son empleadas; 6% trabajan por su cuenta; y 5% son obreras. (1)
Gracias a que el rol de la mujer ha crecido en la sociedad exponencialmente, cada vez más mujeres son empresarias y generan empleos.
Todo esto va a lograr que se mejore su autoconocimiento, confianza, seguridad, asertividad y autoestima.
(1) Nacional Financiera.




