Juan Roberto Zavala
Con preocupación recientemente nos enteramos que, de acuerdo al Informe General del Estado de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, dado a conocer este año por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), en México el 41.6 por ciento de la población formada en los campos de la ciencia y la tecnología, está desempleada.
Por el mismo documento sabemos que en nuestro país el acervo de recursos humanos en ciencia y tecnología llega a 11.4 millones de personas, de las cuales una buena parte tiene una educación universitaria y otra, no teniéndola, se emplea en esas actividades y solo 6.6 millones tienen una ocupación.
Esto nos habla de una aparente paradoja pues, en tanto que todos reconocemos a la ciencia y a la tecnología como la base de la transformación productiva de la sociedad y conocemos el progreso de los países que invierten una buena parte de sus recursos en estas áreas, en México, como ya se dijo, una buena parte de la población preparada en estas áreas está desempleada o realiza trabajos en actividades ajenas a estas disciplinas.
De ahí la necesidad de nuevas políticas públicas con una visión claramente definida de generar las condiciones que permitan el crecimiento económico del país y con ello la creación de nuevas y numerosas empresas de base científica y tecnológica que generen empleos y fortalezcan la demanda interna de productos y servicios.
Para lograr esos mercados y esas empresas es necesario, como ya se ha dicho, fortalecer la cadena educación, ciencia básica y aplicada, tecnología e innovación, con la participación del sector gobierno, las universidades, los centros de investigación, la iniciativa privada y la comunidad, fomentando la creación de nuevas empresas de base científica y tecnológica, creando nuevos consorcios de investigación, agilizando el acceso de los investigadores a los fondos públicos de financiamiento, formando redes de colaboración y fomentando que los investigadores, a través de acciones, sean copropietarios de las empresas.
Hago aquí referencia a la propuesta de mi amigo, el excelente escritor Rodrigo Soto Moreno de utilizar, ajustándola a las características de nuestro país, la forma en que opera la Singularity University, en los E.U.A, con lo que cada universidad e institución de educación superior substituiría los últimos semestres y las tesis o exámenes profesionales con la formación de equipos multidisciplinarios, es decir de las diferentes carreras de la institución, que diseñen, organicen y pongan en marcha proyectos productivos, con base científica y tecnológica. Esto sería el requisito indispensable para concluir sus estudios.
Además y para avanzar más rápidamente en el campo de la producción es necesaria la descentralización de los diferentes fondos y programas de apoyo a la ciencia, la tecnología y la innovación, jerarquizándolos por sectores estratégicos y por estados o región, lo que incrementaría notablemente la investigación, el desarrollo de la tecnología propia, la innovación y la competitividad.
Igualmente se requiere emprender una verdadera campaña de difusión de la cultura científica, es decir, convencer a la población, con ejemplos claros y atractivamente presentados, de que el conocimiento científico nos ha venido aportando, a través de la historia, bienes y servicios que satisfacen necesidades y hacen más agradable la existencia.

