José Leal
Si uno imagina a Internet como una geografía virtual, paralela a la realidad física, formada por oníricos paisajes con montes, valles y cañones majestuosos, selvas, marismas y toda clase de atributos “naturales” probablemente terminará perdido en un ejercicio lastimosamente ocioso. Si, en cambio, se visualiza la red como un sistema de cavernas oscuras y sinuosas o como un gigantesco laberinto minoico, probablemente se esté mucho más cerca de la realidad. Topología es la rama de las matemáticas dedicada al estudio de aquellas propiedades de los cuerpos geométricos que permanecen inalteradas por transformaciones continuas. La topología de redes estudia la forma de las redes (y otras estructuras geométricas no euclidianas) en busca de su eficiencia operativa.
Investigaciones recientes sobre la topología de las redes sociales[1] revelan las dinámicas estadísticas que dan a éstas forma una “orgánica” y explican sus patrones de comportamiento. El mapeo de algunas redes sociales logrado con robots cibernéticos, muestra en ellas un asombroso parecido con las redes metabólicas de ciertas células[2], cuya función es la producción de proteínas. Una de las principales característica de estas topologías es que resultan especialmente resistentes ante colapsos parciales producidos por alteraciones o ataques ambientales de naturaleza aleatoria, como agentes patógenos por ejemplo. Manuel Castells ha estudiado el comportamientote las redes sociales en circunstancias extremas como las revoluciones que están transformando a Oriente Medio. Entre algunas de sus aseveraciones más sobresaliente enfocamos nuestra atención en la naturaleza incensurable de las redes. Se sabe que durante los disturbios de Egipto, por ejemplo, los esfuerzos del régimen de Mubarak por desconectarlas fueron burlados por hackers capaces de allanar con enlaces clandestinos los cercos del estado, que infructuosamente buscaban contener la diseminación de mensajes subversivos.
“He participado en muchas comisiones en todo el mundo; lo que más interesa a los gobiernos es cómo controlar la Internet. Cuando les digo que no se puede, me echan de las comisiones. Están aterrados los gobiernos” sentencia Castells y advierte: “dos tercios de los ciudadanos del mundo desconfían de sus gobiernos, Internet se puede utilizar para que los ciudadanos acaben con esos gobiernos o para que los gobiernos, al final, intenten conectar con sus ciudadanos”
