(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño)
Jugando con la velocidad y la intensidad de la luz en las fibras ópticas, es posible, por lo menos en teoría, volver invisibles los objetos
Reino Unido.-
Si Danny Ocean quisiera reclutar un décimo cuarto miembro para su equipo, probablemente elegiría a un físico, a fin de aprovechar la capa espacio-temporal imaginada por el equipo de Martin McCall en Colegio Imperial de Londres. A diferencia de las capas que vuelven invisible un objeto –al desviar la luz del mismo- una capa espacio-temporal sería capaz de abrir un espacio-tiempo en la luz, controlando su velocidad a través de fibras ópticas, para volver a cerrarlo, a fin de ocultar toda actividad en el seno de este espacio-tiempo. Es lo que, en teoría, podría permitir a un ladrón taladrar un cofre, mientras la cámara de seguridad filma un espacio vacío.
Alberto Favaro, colega de Martin McCall, utiliza la siguiente analogía para explicar el funcionamiento de esta capa: imagine una carretera de mucho tráfico, en la que los automóviles pasan rápidamente, aunque, a pesar de todo, dejan pasar a los peatones. Para eso, los vehículos reducen la velocidad y crean así un espacio libre, sin autos, antes de recuperar sus velocidead inicial y recrear un flujo continuo. En el proyecto del equipo del Colegio Imperial, la fibra óptica corresponde a la carretera, y los fotones que pasan por la fibra son los automóviles.
Este acercamiento de los científicos se basa en una rara propiedad de las fibras ópticas en silicio : su índice de refracción, que corresponde a la velocidad de la luz a través del material, varía en función de la luminosidad. Para desplegar una capa espacio temporal en el rayo de luz que pasa por la fibra, un láser, controlado por computadora, inyecta un impulso luminoso suplementario. Esta mayor luminosidad reduce la velocidad del flujo, explica Paul Kinsler, uno de los miembros del equipo.
Los rayos más luminosos, guiados por la fibra, son, pues, poco a poco, rebasados por los rayos menos luminosos, más rápidos, lo que crea un espacio. El impulso láser que ha generado la velocidad adicional es, entonces, eliminado por un filtro, y todos los rayos luminosos vuelven a ser similares, y se desplazan a la misma velocidad, lo que preserva la dimensión del espacio, del agujero creado previamente.
Para lograr la invisibilidad no falta sino inyectar en este agujero la señal luminosa que uno quiere hacer desaparecer, con lo que todo queda entonces encaminado por la fibra de vidrio óptica. Una vez leída la señal, puede quitarse para dejar una vez más un espacio.
Para volver a cerrar esta bolsa de invisibilidad, se inyecta en el flujo luminoso un impulso láser, justo antes de la aparición del espacio vacío, lo que desacelera lo suficiente este flujo, a fin de permitir que la luz que está detrás de dicho espacio, elimine su retardo y, en consecuencia, llene el vacío que se había creado.
Para que estos cambios en el flujo luminoso sean completamente indetectables, se necesitaría un dispositivo más complejo, en el que los espacios vacíos se crearían acelerando ciertas partes del haz luminoso, y desacelerando otras. Y, para ello, habría que utilizar metamateriales. Como la capa espacio-temporal abre una brecha en el flujo de luz, toda persona que quiera explotar este espacio tendrá que trabajar en la oscuridad. Sin embargo, no es éste el mayor obstáculo que tendría que vencer el eventual horadador del cofre, si es que quiere volverse invisible.
Porque, mientras más tiempo quiera uno estar disimulado, mayor será la longitud de la fibra óptica necesaria para manipular la luz. Ahora bien, la velocidad de la luz es tal, que incluso a un muy breve período de tiempo correspondería una longitud formidable, explica Alfonso Favaro. Con nueve kilómetros de fibra óptica, McCall y su equipo podrían abrir y cerrar un espacio-tiempo de cinco nanosegundos –el tiempo necesario para permitir que una señal prioritaria pase a través de una fibra óptica utilizada de manera estándar.
Alexander Gaeta, de la Universidad Cornell, en Ítaca, Estado de Nueva York, ha construido lo que denomina un telescopio temporal, que opera igualmente sobre la velocidad de la luz, por medio de fibras ópticas. Aunque encuentra interesante la idea de la capa espacio-temporal, no está verdaderamente convencido de que se pueda poner en práctica. Según él, la intensidad de la luz necesaria para modificar el índice de refracción de la fibra óptica podría, en efecto, atraer la aparición de fotones dispersos, que vendrían a interferir con el láser.
