La invención de la dinamita

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Es el creador del Premio Nobel de la Paz. También inventó la dinamita. Cuando Alfred Nobel escribió su legendario testamento, ¿lo hizo para expiar algo por su devastador invento o fue simplemente la última buena acción de un hombre consagrado a la paz?

Tomado de The fascinating book of history. Traducción de Félix Ramos Gamiño).

En diciembre de 1896, Ragnar Sohlman, sentado sobre una caja que contenía una de las más grandes fortunas del mundo, viajaba nervioso en un carruaje a través de París. Sohlman era el albacea principal del testamento de Alfred Nobel, el industrial sueco –e inventor de la dinamita- que acababa de morir en una villa italiana, después de años de residir en la capital francesa.

Sohlman tenía sus manos llenas. El testamento de Nobel constaba de un extenso y vago párrafo, que disponía  que la entonces enorme suma de 4.2 millones de dólares se entregara a las personas “que durante el año anterior hayan hecho el más grande beneficio a la humanidad” en los campos de la medicina, química, física, literatura y paz.

Nobel había designado a las instituciones que él quería que otorgaran los premios, pero no se había molestado en decírselo. Tampoco había creado alguna fundación.

Nobel había vivido en Italia, Rusia, Alemania, los Estados Unidos y otros países. Por lo tanto, muchas diferentes naciones podrían reclamar su riqueza.

CREACIÓN DE UN FAMOSO PREMIO

Tras discutir sobre el tesoro con las autoridades suecas, Sohlman inició negociaciones con las instituciones que Nobel había señalado. Eran éstas la Academia Sueca de Ciencias (física y química), el Instituto Carolina (medicina); la Academia Sueca (Literatura) y el Parlamento noruego (paz). Los primeros premios Nobel fueron finalmente otorgados el 10 de diciembre de 1901, en el quinto aniversario de la muerte de Nobel.

LOS INTERESES DE UN GRAN PENSADOR POLÍGLOTA

Nacido en 1833, Alfred Nobel llevaba la ciencia y la tecnología en la sangre. Era descendiente del profesor de medicina Olof Rudbeck El Viejo, quien descubrió el sistema linfático. El padre de Alfred, Immanuel, arquitecto e ingeniero, fue el inventor de la madera contrachapada. Sus hermanos fundaron la industria rusa del petróleo.

Aparte de sus antecedentes familiares, el interés de Nobel en la medicina se derivó de su mala salud crónica. Padecía terribles migrañas y depresión. Él decía de sí mismo: “Alfred Nobel –una lamentable media vida, que debía haber sido extinguida por algún doctor compasivo, cuando el infante lloró para iniciar su peregrinar en este mundo”. También padecía de angina. El popularizador del explosivo, así como de la medicina conocida como nitroglicerina escribió: “¿No es una ironía del destino el que me hayan recetado nitroglicerina tomada?”

Nobel se convirtió en una autoridad amateur en transfusiones sanguíneas. Incluso apoyó tempranos experimentos en fisiología, financiando el trabajo de Iván Pavlov.

En cuanto a la literatura, Nobel era poeta y autor de la obra de teatro Némesis. Trataba de una familia aterrorizada que tundió a golpes al violento padre, hasta causarle la muerte. Su familia tenía 97 de las cien copias destruidas, porque la obra fue considerada blasfema.

Un asunto en el que no estaba interesado era el derecho. Escribió: “Los abogados tienen que ganarse la vida y sólo pueden hacerlo haciendo creer a la gente que una línea recta está torcida”. No es de admirar entonces que él mismo haya redactado su testamento.

Se ha pensado con frecuencia que el interés de Nobel en la paz se debió a un sentimiento de culpa por la invención de la dinamita. En 1888, un obituario francés que equivocadamente reportó su muerte, lo llamó “el mercader de la muerte”. Decía así: “El doctor Alfred Nobel, quien se hizo rico encontrando formas de matar más gente más rápidamente que nunca antes, murió ayer”.

Sin embargo, la evidencia respecto a sus sentimientos de culpa (o falta de ella) está mezclada. Correspondencia recién revelada con su amante Sofía, que era empleada de una florería austriaca, indica que abrigaba serias dudas en torno a su trabajo. Sin embargo, dado que vivió en una época de relativa paz, casi ninguno de sus inventos fue utilizado en combate. Lo que es más, creía firmemente que el poder destructivo de un invento tal como la dinamita detendría la guerra. Anticipando las armas atómicas, dijo un día a un activista por la paz: “Cuando dos ejércitos de igual poderío puedan aniquilarse mutuamente en un instante, entonces todas las naciones civilizadas se retirarán y desbandarán a sus tropas”.

UNA ESPADA DE DOS FILOS

La familia de Nobel figuraba entre los líderes manufactureros de explosivos y armamentos de su tiempo. Su padre estableció una fábrica en Rusia para fabricar minas navales. Durante la Guerra de Crimea, los negocios de la familia prosperaron, pero se fueron a pique cuando llegó la paz en 1856.

Esto puso a Alfred en una frenética búsqueda de nuevos productos. Él y sus hermanos hicieron experimentos con nitroglicerina volátil, inventada décadas antes por Ascanio Sobrero. En 1864, su hermano menor, Emil, murió cuando estalló la fábrica de nitro de Nobel, cerca de Estocolmo. Dos años más tarde, otro accidente destruyó una fábrica de nitro de Nobel, fuera de Hamburgo, en Alemania.

Sin inmutarse, ese mismo año Alfred experimentó la sustancia en un lugar más seguro, una balsa en el río Elba, de Alemania. Finalmente, en una demostración en Manhattan, probó que la nitro podía usarse de manera segura.

Su famoso despegue se produjo al año siguiente. Nobel añadió una sustancia inerte, tierra cargada de silicón, a la nitro, lo que dio por consecuencia la dinamita, un material que podía ser manejado y transportado con seguridad.

Enseguida vinieron los detonadores, patentes para 355 inventos, y negocios rentables en muchos países. La mayor parte de los explosivos de Nobel fueron empleados para la construcción de tiros de minas, presas, canales y edificios.

Si nos atenemos a su palabra, el peculiar idealismo de Nobel fue la causa de su interés por la paz.: “Tengo muchos tornillos sueltos, y soy un súper idealista que puede digerir la filosofía mejor que los alimentos”.

 

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