
(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño)
En Ucrania funcionan todavía 15 reactores nucleares. Cerca de la mitad (46.6 por ciento) de la electricidad producida en el país proviene de esos reactores. Después de la de Francia (77.1 por ciento), y apenas antes que la de Suecia (42.6 por ciento), es la electricidad más atómica del mundo.
Poco más de 25 años después de la catástrofe –que tuvo lugar el 26 de abril de 1986), los habitantes que, pese a todas las leyes y prohibiciones, se quedaron a vivir en los alrededores de Chernobyl, pueden finalmente abrigar alguna esperanza. En el marco del CRDP (Programa de Rehabilitación y Desarrollo de Chernobyl, por sus siglas en inglés), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, (PNUD), la región puede esperar verdaderos cambios.
La comunidad internacional ha hecho hincapié en la necesidad de una transición hacia una vida estable en estos territorios en que la radioactividad ha disminuido de manera significativa a partir de 1986. Sin embargo, la situación no es nada alentadora en el campo de la salud, dado que mucha gente vive aún sobre las tierras contaminadas por la radiación, incluidos algunos pueblos de donde deberían haber sido evacuados hace mucho tiempo.
CONTAMINACIÓN DE CULTIVOS
En ocasión de una entrevista con Den, Natalya Klymtchouk, asistente del jefe médico del dispensario regional, declaró que la incidencia de enfermedades ligadas a la radiación iba en aumento, tanto en adultos como en niños. Se trata sobre todo de enfermedades de la sangre, de los órganos hematopoyéticos y del sistema endocrino. Por otra parte, numerosos habitantes padecen una alteración de su sistema inmune, problemas digestivos y del metabolismo. Según este especialista, sólo el uno o dos por ciento de los niños que nacen aquí gozarán de buena salud. Una de las principales causas de esta situación, según el doctor Klymtchouk, sería el consumo de productos cultivados en la tierra contaminada por elementos radioactivos.
Esta realidad ha traído consigo un cambio de estrategia de parte de asociaciones humanitarias, como es el caso de Chernobyl Chubu, asociación de ayuda para Chernobyl, creada por el Distrito de Chubu, en Japón. Hasta el momento, esta ONG se preocupaba, sobre todo, de enviar a Ucrania medicamentos y equipo médico. Ahora, los japoneses han puesto en marcha el proyecto Colza, para la rehabilitación de la región de Narodytchi. Uno de los actores clave de este proyecto, el biólogo Masahara Kawata, ha sido nombrado Ciudadano Honorario de la región de Narodytchi.
Como lo explica Eugenia Dontcheva, directora adjunta de la asociación humanitaria Rehenes de Chernobyl, por medio de ellos pasan todas las operaciones de ayuda, ya que los japoneses no tienen confianza más que en las organizaciones no gubernamentales. Según dice ella, el financiamiento japonés se elevaría a 9.3 millones de yenes (unos 84 mil euros). Por lo que corresponde a Chernobyl Chubu, se hizo la precisión de que esta evaluación implica tanto donativos privados, como becas de estudios, cuya mayor parte proviene del fondo japonés de la caja postal de ahorros. Para garantizar la supervisión científica, los dirigentes de Rehenes de Chernobyl se han dirigido a los profesionales de la Universidad Nacional Agroecológica de Jytomir.
Según Tomiyo Hara, coautor del proyecto, la utilización de colza –planta que absorbe los elementos radioactivos con mayor eficacia que otros cultivos- permitirá reducir la cantidad de radioelementos presentes en el suelo de Chernobyl (donde la tasa de radioactividad rebasa significativamente las normas en vigor). Una vez franqueada esta etapa, será posible practicar otros cultivos. En esta forma se espera llegar a una reducción importante de la contaminación de la producción agrícola, a fin de luchar contra la contaminación de los habitantes ligada al consumo de legumbres locales. Este consumo, en efecto es una de las causas de que vaya en aumento la incidencia de enfermedades.
Nunca antes en el mundo se había puesto en marcha en tan gran escala un proyecto de esta naturaleza, subraya Tomiyo Hara. Señala, además, que el aceite que se obtenga de la colza podrá servir para la fabricación de biocarburante. Y para limitar el volumen de la biomasa (tallos y hojas), donde se van a concentrar los radioelementos absorbidos en el suelo, se podrá utilizar para la producción de biogás, el cual no deberá contener elementos radioactivos, tales como el estroncio y el cesio, por lo menos no en concentraciones peligrosas.
UN PROYECTO PARA CINCO AÑOS
El acuerdo de colaboración en el proyecto Colza para la Rehabilitación de la Región de Narodytchi” ha sido concebido entre cinco partes : la Asociación Tchernobyl-Chubu, la Asociación Rehenes de Chernobyl, el Consejo Regional de Narodytchi, la Administración Regional y la Universidad Nacional Agroecológica de Jytomir. Como lo explica Mykola Didoukh, director del Instituto Científico encargado de los problemas ecológicos regionales, dependiente de la Universidad Nacional Agroecológica, su instituto será responsable de llevar a cabo la parte experimental. Desde hace ya largo tiempo, este instituto trabaja en asuntos relacionados con la rehabilitación de las tierras en esta región. En 2007, Anton Malinovsky, rector del instituto, publicó una monografía sobre este tema, titulada Renacimiento sistemático de las tierras agrícolas en las regiones contaminadas por la radioactividad. Antes de tomar parte en esta experiencia del cultivo de colza, los científicos ucranianos han realizado ya ciertos experimentos. Según los informes de Didoukh, el proyecto debería desarrollarse en un lapso de cinco años. Una vez terminado este plazo, la administración local obtendrá consejos y asesoría para, mediante la técnica del cultivo de colza, rehabilitar tierras contaminadas y producir biocarburante y biogás.
IDENTIFICAR LA VARIEDAD RECOMENDABLE
Según los cálculos de científicos, la región de Narodytchi comprende alrededor de diez mil hectáreas de tierras contaminadas que será posible rehabilitar para fines de explotación agrícola. A pesar de todo, como lo señala Didoukh, no es seguro que los campesinos de la región vuelvan a trabajar sus tierras con entusiasmo. La causa principal de ello es la necesidad de recurrir a
técnicas agrícolas complejas que los agricultores de la región no dominan. La fito remediación –la rehabilitación por medio de las plantas– supone poner en marcha un sistema de alternancia de cultivos muy compleja, así como tener acceso a una variedad de colza adaptada al clima local.
Cerca de la aldea de Stary Charno, desierta en teoría, se ha sembrado colza de primavera en un campo experimental de cuatro hectáreas cuya contaminación es significativa. Los granos que se obtengan deberán ser tratados en Narodytchi, donde se han instalado, con apoyo financiero de un socio japonés, una prensa para la preparación del aceite y un aparato para la purificación, así como máquinas destinadas a la producción de biocarburante. El biocarburante producido se somete a pruebas diversas. En la aldea de Lasky, sobre el sitio de la granja de Ihor Kaletskiy, se esfuerzan en producir biogás a partir de estiércol de vaca. Tomiyo Hara ha dispuesto la instalación de una cisterna de recuperación de metano. Se ha analizado ya una primera liberación de biogás, pero en pequeñas cantidades. La tecnología, que no es muy efectiva, está en curso de volver a desarrollarse. Entre los obstáculos que frenan el programa Hara menciona la deficiente formación brindada a los operarios locales, dado que nadie en la región tiene experiencia en la producción de biocarburante y de biogás. En este sector de Ucrania es difícil encontrar especialistas. Tanto del lado de los japoneses, como del lado de los ucranianos, reconocen que no comparten la misma visión en lo que se refiere a la puesta en marcha de este proyecto. Empero, para extender la experiencia, será necesario implicar a más participantes.
No es la primera vez que una experiencia de producción de biogás da resultados en la región. Quienes intervienen en este campo, trátese de funcionarios o de empresarios, han tomado conciencia de la excepcional oportunidad que estas acciones representan, dado que les permiten evaluar las nuevas tecnologías y analizar los programas relacionados con su aplicación concreta, en condiciones reales, sobre la marcha, tanto en el plano agrícola como en el industrial. Sin embargo, el status de experimentación científica en el cual se han obtenido ciertos equipos impide que se les utilice con fines comerciales. Asimismo, hasta el momento, el proyecto no ha llamado la atención de empresas privadas. En el área de trabajo, las personas ocupadas en él se pueden contar con los dedos de la mano (solamente unos cuantos en Narodytchi y en Lasky, bajo la dirección de Didoukh). Tomiyo Hara viene frecuentemente de Japón, y los representantes de la asociación de los Rehenes Chernobyl pasan también con cierta regularidad.
Sea como sea, los japoneses, en colaboración con los científicos de Jytomir, nos ofrecen una caña con la cual podríamos esperar que un día lograremos una pesca milagrosa. Un saneamiento de las tierras de Chernobyl tendría como consecuencia directa una mejoría sustancial en la salud de sus habitantes, al tiempo que abriría el camino a nuevas tecnologías en el sector de economía de la energía. ¿Sabremos aprovecharnos de esta oportunidad única ? Eso no depende más que de nosotros.
