Muchos espacios en diversos medios ocupan los llamados “NINIS”. La prensa, los medios impresos y especializados, las aulas universitarias, especialistas en la materia y hasta los políticos hacen sus aportaciones sobre el tema. Los únicos espacios que estos jóvenes no ocupan son aquellos en donde realmente deberían estar.
Llamar la atención de la autoridad y los diversos sectores de la sociedad sobre este segmento de la población no es exclusivo de México. Los jamados “NINJAS” «No Income, No Job, (No) Assets», sin ingreso, sin trabajo, sin actividad. Han sido motivos de análisis económicos en los Estados Unidos. La crisis financiera reciente dio como resultado amplios estudios sobre este segmento poblacional que entre otras cosas, fue objeto de créditos inmobiliarios sin un sustento suficiente que soportara dichas inversiones, dando como resultado el colapso del sector que a la postre contribuyo en una de los momentos más dramáticos en el ámbito financiero de la Unión Americana.
En México la preocupación sobre este segmento de la población es creciente, pues las repercusiones de no atenderlo adecuadamente van más allá de situaciones financieras.
Los discursos para “hacerse cargo” del asunto parece no salir del círculo de brindar más y mejores oportunidades. Eso resulta obvio, pero cómo hacerlo sería lo relevante.
Una propuesta recientemente difundida salta a la vista;obligar a estos jóvenes a hacer un servicio militar de tres años donde además de obtener una instrucción castrense, puedan educativamente formase en oficios y recibir inclusive un ingreso económico. Es decir, sustituir las aulas universitarias de nivel medio superior y superior por cuarteles militares donde los jóvenesaprendan a serbuenossoldados.
Si bien en los análisis de políticas, todas las alternativas suelen ser válidas en determinadas circunstancias, considero que estas (las circunstancias) hoy en día no son las propicias para tal alternativa.
En México el porcentaje de población entre 15 y 29 años es de más del 27%, lo que obliga al estado a diseñar políticas orientadas a este segmento poblacional fundamentalmente, educación, empleo, deporte y esparcimiento.
La inversión en educación deberá reorientarse a la construcción de mayor infraestructura que logre albergar a estos jóvenes. La Universidad Pública deberá recobrar ese carácter, impulsando la equidad para estar más al alcance de los grupos más vulnerables. Las escuelas de educación media superior y superior universitaria, además de buscar incrementar sus niveles de calidad educativa, su tarea será posicionarse en la sociedad para representar una alternativa suficientemente atractiva para los jóvenes. Esta tarea deberá ejecutarse en estrecha colaboración con el sector productivo que a final de cuentas será quien absorba esta mano de obra.
El bachillerato podría ampliarse a tres años, sin que ello desaliente a los jóvenes su ingreso, sino que permita consolidar una formación en las artes, idiomas y formación cívica, o bien aquellos elementos que contribuyan a una más sólida formación.
En la medida que los jóvenes tengan mayores expectativas de una formación de calidad y empleos bien remunerados, serán menos susceptibles a convertirse en “ninis”, pero esto solo podrá lograrse con un acuerdo amplio entre los diversos sectores sociales y productivos mediante una “reforma” integral al margen de otro tipo de cuestiones que perturben su éxito.

