Por Indira Kempis
¿Qué se siente ser ciego?, es probable que en algún momento nos hayamos preguntado eso. Cuando uno de los sentidos falla, se desarrollan otros, eso nos queda claro, pero aún con eso podemos suponer que no es tarea fácil el no poder relacionarse con el entorno por medio de la vista y todo lo que eso implica: conocer colores, formas, contornos.
¿Se imagina ahora que un ciego pueda moverse en bicicleta? Esto pareciera prácticamente imposible. No obstante, en México se han originado colectivos que promueven el uso de la bicicleta como un ejercicio para la reintegración de las personas con ceguera al disfrute de la ciudad.
El primero se formó en el Distrito Federal. Donde, según Daniel Huami –uno de los organizadores-, a raíz del Parlamento de Seguridad Vial en 2008, varias organizaciones intervinieron en este objetivo “era como hacer que los invidentes tuvieran su ciudad, era hacer que ellos también tomaran su ciudad porque la ciudad es de todos, todos tenemos derecho a ella. No porque no veamos no vamos a poder andar en la bici”, declara.
Así se organizaron recorridos de aproximadamente una hora en bicicletas tandem, es decir, bicicletas dobles en las que el conductor es el guía y el contacto directo con la persona ciega. En Monterrey, desde hace un mes un grupo de voluntarios planean lanzar los primeros recorridos en las semanas siguientes.
De acuerdo con una de las iniciadoras de este Paseo a Ciegas, Leticia Esquier -quien también pertenece al colectivo Pueblo Bicicletero- ese programa “es una gran oportunidad para sensibilizar a la comunidad en general sobre la otra cara de lo que se piensa es una «discapacidad». Existen muchos estigmas alrededor de la ceguera y Paseo a Ciegas busca mostrar que todos somos iguales. Que las personas con capacidades diferentes son capaces de ser independientes”.
Lo más interesante de esta forma de moverse en bicicleta, para quienes no somos ciegos, es la oportunidad de darle mediante la convivencia al ciego la oportunidad de ver la ciudad a través del contacto. “En Monterrey, como en otras ciudades del país, hemos crecido a una velocidad exorbitante y nos hemos olvidado de sus habitantes, dejando de lado las necesidades otros grupos sociales como niños, ancianos y personas con discapacidad. Por lo que PaC llega en un momento en que es necesario, indispensable, que se repiense la ciudad, adaptando la infraestructura y sistemas de transporte para que permitan la autonomía y libre movilidad”, concluye Leticia.
