Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en México

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Maestra en ciencias Georgina Echaniz Pellicer

El tema de la ciencia y la tecnología es intrínsecamente polémico. ¿Cómo se determina si un invento o desarrollo es bueno o malo per se? ¿Cuánto tiempo y cuánta información hacen falta para emitir un juicio de valor respecto de sus beneficios y perjuicios?, Más aún, ¿quién tiene la razón en sus argumentos: los beneficiados o los perjudicados? Con esto quiero enfatizar que con los avances de la ciencia y la tecnología siempre se obtiene algún beneficio, pero también siempre se pierde en algún otro aspecto.

En relación con el medio ambiente, el tema de la ciencia y la tecnología no es más sencillo, ni tiene una sola apreciación.

Existen muchos casos en los cuales los avances de la ciencia y la tecnología han afectado, de una u otra forma, al medio ambiente; por ejemplo, el caso de los pesticidas. En sus orígenes, después de la Segunda Guerra Mundial, los pesticidas sintéticos eran una gran solución contra plagas y pestes; sin embargo, un par de décadas después, cuando los efectos del uso y abuso de estas sustancias comenzaron a ser evidentes en el medio ambiente y la salud humana, fueron incluso mencionados por Rachel Carson en su libro Silent Spring como “la sustancia más peligrosa que el hombre haya creado”.

PODER DE TRANSFORMAR

En este orden de ideas, a principios de los años 70, la comunidad internacional, en la Declaración sobre el Medio Ambiente humano de Estocolmo, en 1972, proclama que: “En la larga y tortuosa evolución de la raza humana en este planeta, se ha llegado a una etapa en que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología, el hombre ha adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuanto lo rodea”.

Asimismo, esta declaración reconoce el potencial de la ciencia y la tecnología en sentido positivo, y establece en su Principio 18 que: “Como parte de su contribución al desarrollo económico y social, se debe utilizar la ciencia y la tecnología para descubrir, evitar y combatir los riesgos que amenazan al medio, para solucionar los problemas ambientales y por el bien común de la humanidad”.

En México, la Ley de Ciencia y Tecnología de 2002 retoma esta visión e implementa como principio orientador que “La actividad de investigación y desarrollo tecnológico que realicen directamente las dependencias y entidades del sector público se orientará preferentemente a […] permitir mejorar la calidad de vida de la población y del medio ambiente, y apoyar la formación de personal especializado en ciencia y tecnología”.

Existen otras leyes mexicanas que fomentan el desarrollo científico y tecnológico enfocado hacia las cuestiones medioambientales. Así, por ejemplo, tenemos que la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente en su artículo 116 establece estímulos fiscales a quienes realicen investigaciones de tecnología cuya aplicación disminuya la generación de emisiones contaminantes.

Aunque este tipo de estímulos económicos puede resultar útil para fomentar la inversión privada en ciencia y tecnología, para mejorar el medio ambiente, “el proceso para acceder a ellos es complejo y, por tanto, inhibe el uso de este instrumento por parte de las empresas”.

Pero, ¿qué pasa en términos de inversión pública en ciencia y tecnología en México? La tendencia general ha sido, desde hace más de una década, el aumento en la inversión federal ejercida en ciencia y tecnología; Este presupuesto, se distribuye a su vez entre diversos ramos o sectores que lo ejercen, entre ellos la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).-

Además, la SEMARNAT y el CONACYT han constituido un fideicomiso con recursos concurrentes denominado “Fondo Sectorial de Investigación Ambiental” para apoyar proyectos de investigación científica y tecnológica que atiendan los problemas, necesidades u oportunidades que en materia de medio ambiente y recursos naturales presenta el país, y fortalezcan la capacidad científica y tecnológica del sector productivo para un desarrollo sustentable.

Este apoyo va dirigido a universidades e instituciones de educación superior, públicas y particulares; centros, laboratorios, empresas públicas y privadas y demás personas que se encuentren inscritas en el Registro Nacional de Instituciones y Empresas Científicas y Tecnológicas. En los últimos años, el Fondo Sectorial de Investigación Ambiental ha asignado millones de pesos a propuestas sobre temas como la conservación de bosques, selvas y humedales; estudios sobre biodiversidad, recursos genéticos, OGM y bioseguridad, así como estudios sobre gestión de cuencas y recursos hídricos.

INSTITUCIONES BENEFICIADAS

Con dicho apoyo se han visto favorecidos organismos e instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el Instituto de Ecología, A.C., el Colegio de México, la Universidad Autónoma de Baja California Sur, la Universidad Autónoma de  Querétaro, la Universidad Veracruzana y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

En un balance general, el panorama respecto de la ciencia, la tecnología y el medio ambiente en México no es tan desalentador. Como país en desarrollo, está abierto a las oportunidades que puedan existir en estas áreas, y, sobre todo, a la participación conjunta de los sectores público y privado, nacional y extranjero.

PROPUESTAS DE PROTECCIÓN AMBIENTAL

Hay ya algunos ejemplos de proyectos y propuestas que, aunque con financiamientos mixtos, contribuyen al avance en el desarrollo tecnológico de México hacia la búsqueda del desarrollo y la protección del medio ambiente. Tal es el caso de los cambios recientes en materia de energía en México, en los que se está apostando por una contribución cada vez mayor de las tecnologías de generación de energía renovable. En este campo, diversas instancias ofrecen apoyos no solo para la transferencia, sino para el desarrollo e implementación de dichas tecnologías; así, tenemos cada vez más presente a la energía eólica, solar, a los biocombustibles, etc. Además, también se fortalecen las capacidades de investigación en materia de ciencia, tecnología y medio ambiente en muchos otros temas, como es el caso del agua, el suelo, el aire y el cambio climático, a través de diversos institutos pertenecientes a los sectores gubernamental, académico y privado.

Es cierto que existen todavía innumerables metas que cumplir en México y mucho por hacer en diferentes áreas de la ciencia y la tecnología en beneficio del medio ambiente; pero lo más importante es que comprendamos que la inversión en ciencia y tecnología para el cuidado del medio ambiente no es un lujo y no es solo un gasto en el corto plazo, sino que es una inversión necesaria que puede redituarnos un mejor lugar para vivir en el mediano y largo plazo. Aunado a lo anterior, no debemos olvidar que para lograr un avance tangible en materia de conservación ambiental, no sólo debemos desarrollar e implementar nuevas investigaciones y tecnologías, sino que debemos acompañarlas de avances en la regulación, la política, la economía y el desarrollo social del país para transitar con paso firme hacia un verdadero desarrollo sustentable.

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