José Leal
Siempre ha sido claro que el petróleo se agotará tarde o temprano. Hoy la era de fácil extracción ha quedado atrás y la demanda agregada de China, India y otras economías emergentes crece más rápido que la capacidad de aprovisionamiento. En un mundo cada vez más inestable en los ámbitos político y económico, socioambientalmente abrumado por el “triunfo” neoliberal; guerras, crisis financieras y otras contingencias tienen altas probabilidades de crecer.
Sólo un puñado de actores domina la producción y distribución primaria de hidrocarburos. El fuerte cambio que se está operando en la industria petrolera mundial se manifiesta en un incesante vaivén de las cotizaciones de crudo que mantienen en vilo a estados, mercados y consumidores por todo el mundo. La “grandes” anglosajonas (Exxon, Shell, British Petroleum, Total y Chevron), que controlan apenas el 9% del las reservas mundiales enfrentan a la OPEP con el 53% de las reservas y a los nuevos gigantes asiáticos como la China National Petroleum Corporation, la China Petroleum and Chemical Corporation y la China Nacional Off Shore Oil Company, con operaciones en unos cuarenta países del mundo. Es un secreto a voces que tanto las anglosajonas como los gigantes asiáticos son deficitarios en su capacidad de reconstrucción de reservas. Shell, por ejemplo, ha tenido que reconocer su proclividad a cometer “errores” en su medición de reservas de hasta 20% que le han evitado quedar mal con sus accionistas.
El desastre en los reactores nucleares de Fukushima ha enviado fuertes ondas de choque a la comunidad internacional con repercusiones que apenas se adivinan y añade serias dudas sobre la viabilidad de la tecnología atómica como alternativa en la carrera por la sustentabilidad energética, reduciendo efectivamente el abanico de opciones. A pesar de todo, el mundo post-petrolero no es imposible: la energía solar, eólica y de biomasa es 15 mil veces más de la que consume la humanidad. Mediante legislaciones que incentivan económica y fiscalmente la micro producción doméstica con interconexión a la red pública países como Alemania y Dinamarca están logrando tasas de sustitución que permitirán suprimir la dependencia de energía fósil o nuclear a partir del año 2020; Brasil por su lado se ha convertido en una verdadera potencia en biocombustibles en los últimos 30 años. La anticipación con que esos países están reduciendo el consumo de hidrocarburos y auspiciando la inversión en energías renovables los tiene hoy en un sitio de liderazgo mundial. El retraso que México exhibe en la carrera por la seguridad energética es preocupante ya que el ritmo de extracción y reconstrucción de sus reservas conducen al agotamiento petrolero dentro de los próximos 10 años (CEPAL) y, a pesar de ello, los legisladores mexicanos parecen tener tiempo de sobra para postergar indefinidamente las reformas energéticas más urgentes con las que se podría emancipar a tiempo la economía mexicana del petróleo.


