José Leal
Ivanpah, California. Cerca de la frontera con el estado de Nevada, en el desierto de Mojave, la compañía BrightSource Energy, Inc. está construyendo una planta de energía solar con extensión aproximada de 9 kilómetros cuadrados. Según la empresa, dicha instalación representa un incremento del 60% en la capacidad de generación eléctrica de origen solar en los Estados Unidos y podría cubrir hasta un tercio de la energía total consumida en el estado de California para el año 2020. Más de 390 megawatts de energía renovable.
Tres enormes arreglos de espejos controlados por computadora concentrarán la energía cosechada de billones de fotones en calderas de vapor conectadas a generadores de electricidad. La empresa asegura que con esta planta evitará la emisión de hasta 400,000 toneladas anuales de dióxido de carbono (CO2) y generará cerca de 650 empleos directos en una de las zonas más áridas del territorio americano. Pero el cielo no está libre de nubarrones para BrightSource y su tecnología de vanguardia.
Grupos ambientalistas han puesto en duda la conveniencia del complejo en Ivanpah por considerarlo peligroso para el medio ambiente local y las culturas ancestrales que ahí se encuentra. La planta -dicen- cuya construcción requiere disponer de grandes áreas, desplazará decenas de especies vegetales y animales de sus hábitats; ciertas tortugas en particular, endémicas de la zona, estarían amenazadas seriamente. Situada al margen de Metamorphic Hill, montaña donde se encuentran diversos sitios que fueron habitados por nativos americanos hace miles de años, el complejo solar podría también poner en riesgo el patrimonio cultural que representan. BrightSource, por su parte, contraataca con la publicación de estudios “científicos” realizados por consultores que ellos mismos han contratado, y justifica el inevitable impacto ambiental de sus instalaciones en el desierto de Mojave.
En su ya legendaria tesis sobre las estructuras de repartición de los riesgos sociales inherentes al desarrollo tecnológico,[1] Ulrich Beck destaca la proclividad humana por privilegiar el progreso material tangible sobre los riesgos imperceptibles aparejados a éste, y la importancia del acceso a los medios de comunicación en la definición de los mismos. Quien logra influir eficazmente en la percepción pública sobre lo que es un riesgo aceptable y lo que no lo es lleva la delantera y el progreso –si algo enseña la historia- nunca se detiene ante la duda del desastre socioambiental; in dubio pro progressu.
[1] Beck; Sociedad del Riesgo Mundial / Editorial Piadós 2008.
