La psicología de las decisiones

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Gabriel Leyva

La psicología detrás de la toma de decisiones es mucho más complicada de lo que nos imaginamos. Claro, todos sabemos que no es buena idea tomar decisiones cuando estamos cansados o enojados. Pero sabias que tener una bebida caliente en tu mano te hace ser mas amable? O que tener una vejiga llena te ayuda a tomar mejores decisiones? Las variables que los estudios científicos han encontrado son tan sombrosas como son interesantes.

Una de las teorías mas establecidas dentro de la psicología de la toma de decisiones es lo que se llama “agotamiento de ego”.  La idea es que los seres humanos tenemos una reserva limitada de ego que baja cada vez que tenemos que hacer una decisión que requiera de auto control. Entonces si escogemos comer una ensalada en vez del la hamburguesa que realmente queríamos, después se vuelve más difícil no fumar un cigarro por ejemplo. Según esta teoría tenemos que tener cuidado de no agotar nuestro auto control antes de tomar una decisión importante. Por ejemplo, investigadores en Israel notaron que los jueces eran más propensos a darle libertad condicional a un convicto después de una comida. Al principio pensaron que esto se debía a los niveles de azúcar, pero después descubrieron que los jueces simplemente se cansaban después de varias decisiones y por lo tanto empezaban a irse por la opción más fácil y regresar a la persona a la cárcel.

Pero un estudio realizado por la Universidad de Twente en Holanda obtuvo resultados que cuestionan la validez de esta teoría. En el experimento dos grupos de personas eran evaluados en su habilidad para tomar decisiones. Un grupo había tomado un poco de agua antes 40 minutos antes del examen, mientras que el otro grupo había tomado cinco vasos de agua. El agotamiento del ego diría que el grupo que tomo más agua haría peores decisiones ya que estos ya habían reducido su auto control al aguantarse las ganas de ir al baño. Pero los resultados del estudio fueron opuestos, el grupo que se estaba orinando era más capaz de tomar decisiones a largo plazo.

Otro factor sorpréndete en la toma decisiones es nuestro entorno.  Según otro estudio, esta vez realizado por la universidad de Michigan, algo tan trivial como el objeto que tenemos en la mano puedo afectar drásticamente nuestro juicio. En el experimento, los participantes hacían entrevistas a personas y después daban una evaluación sobre su carácter. Un grupo hacia la entrevista con un objeto pesado en la mano mientras que el otro lo hacía con un objeto igual pero más ligero. Según los resultados, los seres humanos nos tomamos las metáforas muy en serio. Los participantes con el objeto pesado tendían a decir que las personas que entrevistaron tenían “gravitas” o influencia. Así mismo, los participantes que tenían el objeto ligero tendían a ver a la gente que entrevistaban como de carácter débil.  Otros estudios han descubierto que uno es más duro para negociar cuando está sentado sobre una silla dura, o también que cuando tenemos una bebida caliente estamos predispuestos a ser más amables que cuando tenemos una bebida fría.

Todos sabemos que es no es buena idea tomar decisiones cuando estamos cansados, pero parece que la mayor parte de la gente asume que esto tiene el efecto equivocado. El pensamiento común es que cuando no hemos dormido somos excesivamente cautelosos para sobre compensar. Pero los experimentos sobre los efectos del sueño en la toma de decisiones nos dicen lo contrario. Aparentemente no dormir hace que tomemos decisiones más arriesgadas. De hecho los casinos se han aprovechado de esto por mucho tiempo. Es porque estos no tienen ventanas ni relojes y ponen oxigeno extra en el ambiente.  La libido tiene efectos similares sobre nuestra habilidad de tomar decisiones, pero mucha gente subestima su efecto.

Ante todo esto, parece ser que los seres humanos tenemos menos control sobre nuestras decisiones de lo que creemos. No nos damos cuenta porque somos muy buenos para racionalizar nuestras acciones post hoc. Aunque le duela a nuestro ego ver que no somos tan racionales como nos gustaría pensar, al menos podemos controlar estos factores cuando hay una decisión importante.

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