La ciudad no se ve igual desde la «indepe» (parte III)

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Indira Kempis

Una gran plaza pública y un centro comunitario enorme es lo que lleva el 75 por ciento de avance en su construcción. Apenas es una estructura de concreto cuya figura ya tiene cabida en la imaginación y montones de tierra suelta. Ahí, en ese punto, el que me aleja de todo ruido propio de las construcciones, me lleva a ver a la ciudad. Es como la escena que quizá los regiomontanos tendrían que ver para reencontrarse con los tiempos que juegan entre el pasado, el presente y el futuro. Ahí en ese pedazo de eje cardinal descubro que puedo observar con detenimiento las calles abajo, los edificios representativos, las casas, los colores, el paisaje.

“La ciudad no se ve igual desde aquí”, le he dicho con determinación a mi anfitrión. Él, uno de los creadores de esto que pisamos, junto al Ing. Gabriel Todd, y un equipo en la administración pública, como tomadores de decisión en el ámbito privado y la sociedad civil que participa, me contesta: “cuando llegué aquí, a ese mismo punto, pensé lo mismo”, ¿qué es lo que tiene esa vista que atrapa? Diferencias. Porque allá abajo sólo se convive con la violencia, el narcotráfico y la desigualdad. Entre más subes por las calles de la Indepe, más vives entre ellas.

La vista que se hace profunda en detalles, destapa las cajas de pandora, despierta los sentidos, agudiza la perspectiva, complementa el entorno. No es lo mismo vivir aquí en la Indepe, rodeados de la Virgen de Guadalupe, igual del crimen organizado. Esa es la importancia de rescatar los territorios de nuestros espacios. Intervenir con infraestructuras y programas que abran la puerta a otras posibilidades en donde el deporte, la educación, la cultura, el arte, estén ahí para quien quiera conocerse ese otro mundo que ha sido negado durante tantos años.

La Indepe me muestra con libertad sus arterias, me permite ver hasta sus riñones, saborear el aire que corre mientras los niños y las niñas salen de las escuelas. Mis pies sobre esa plaza pública en la que originalmente en los años 30 las personas iban a pasear ahí tiene un gran letrero que dice en mi mente: Todavía estamos a tiempo para hacer algo. Está claro que el proyecto no valdrá la pena, si la sociedad civil no se apropia de él para seguir trabajando con la comunidad porque en la reinvención de una ciudad no hay plazos, sólo tiempo al tiempo. Que estas infraestructuras, aunque se ve de gran tamaño, es sólo una muestra de lo que se podría hacer en los 69 polígonos de pobreza restantes, ¿se puede replicar el modelo? En la medida en que cada uno de los actores involucrados quieran, sí. Ya tenemos uno, el de la Indepe

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