Indira Kempis
La invención del uso del automóvil está relacionada con la velocidad y el espacio. Tener tiempo suficiente como para transportarse casi de manera inmediata al nuestro destino. Carreteras y conexiones viales están diseñadas para ciudades rápidas. Sin embargo, conforme ha crecido la densidad de las ciudades y cambiado los hábitos, parece que este objetivo se encuentra “estacionado” ante el tráfico cada día dueño de nuestro tiempo y hasta de la salud física.
Las ciudades rápidas han dejado de serlo. Sin embargo, los planeadores y tomadores de decisión parecen promover una rapidez que de facto parece imposible a menos que existan condiciones para eso. De ahí la importancia de suprimir la infraestructura que monopolizan la movilidad urbana en un solo medio de transporte. Pero esto puede ir más allá que sólo evitar perder el tiempo o incrementar la calidad de vida de los habitantes. También es un tema que está relacionado con la seguridad.
Algunas ciudades europeas, como Delft en Holanda, han descubierto que el tráfico lento aumenta la seguridad. En donde no sólo se ha implementado el transporte multimodal, sino también se han puesto mecanismos para reducir la velocidad y priorizar el caminar por las calles con camellones especiales, banquetas anchas y texturas en las calles, se ha observado importantes reducciones de criminalidad, robos y violaciones.
La explicación tiene que ver, principalmente, con el incremento de la interacción de los ciudadanos. Salir del encierro llamado tráfico, permite ver diferente a la cotidianidad de los habitantes de una ciudad. Además, las reacciones ante el entorno se agudizan, contrario a lo que sucede al ir en el auto: difícilmente o nos percatamos de la vida que tienen las calles o de cuestiones más profundas como sus focos de inseguridad y contaminación, entre otros problemas urbanos. Además, los kilometrajes cortos y variados motivan el movimiento y el encuentro social, elementos básicos para la seguridad ciudadana.
La promoción de una nueva manera de ver la infraestructura vial como el hecho de motivar una forma de movilidad urbana que sea sustentable, humana y que, por ende, sea catapulta de ciudades seguras.
