Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez
Investigadora / UANL
Como metrópoli, Monterrey es la puerta de ingreso del TLC, la ciudad es la tercera en importancia nacional, y su ubicación entre las cien ciudades más grandes del mundo exige a la “Sultana del Norte”, un desarrollo urbanístico multidimensional, cuyo punto de partida sea necesariamente económico y cuyo principio de éxito se cimente en una tarea titánica: impulsar una gran visión para la concertación política, más allá de los planes sexenales.
Hoy, cuando esta ciudad de majestuosas montañas y clima extremoso está sujeta a los impactos de la globalización económica, y por ello se afana en lograr una economía industrial competitiva, con fábricas limpias y producción de artículos de alto valor agregado; con un sector terciario que brinda servicios comerciales y financieros fuertes, reclama considerables inversiones en infraestructura física, educativa, de seguridad pública y, por supuesto, de vialidad.
REQUERIMIENTOS ESTRATÉGICOS
Es indiscutible que la expansión demográfica y urbanística de las grandes concentraciones humanas nace de la dinámica económica que éstas tienen. La inserción de Nuevo León en los complicados esquemas de las economías internacionales plantea requerimientos estratégicos de equipamientos, tierra e infraestructura para que, al tiempo de apoyar a la planta productiva, se impulse el desarrollo sustentable. El fomento al desarrollo sustentable sería la respuesta ideal para hacer a un lado los nuevos feudos que en ocasiones algunos urbanizadores pretenden, con todos los grandes males que ello acarrea en materia de inseguridad, de delincuencia y de enormes desplazamientos de la casa al trabajo, amén de los altísimos costos que suelen endosarse a nuestro ecosistema y, de paso, de elevadas sumas de dinero público para hacer frente a los nuevos requerimientos de vialidad, redes de servicio o transporte. Empero, el logro de este desarrollo no se consigue sólo con dinero e industrias nacionales o extranjeras dispuestas a traer capital y personal especializado aquí. Esto conlleva toda una tarea de concertación entre los actores sociales y políticos del Nuevo León de hoy, con estrategias y, sobre todo con amor al terruño, para pensar en lo que nos corresponde hacer en aras de legar a nuestros hijos y a nuestros nietos una ciudad más próspera en oportunidades de trabajo y, a la vez, más limpia, segura y transitable.
Éstos son los grandes desafíos para la gestión de políticas especiales, donde deben incluirse lógicamente los procesos, diagnósticos, pronósticos, normativas e instrumentos a utilizar en el Nuevo León de este Tercer Milenio.
FORTALEZAS Y DEBILIDADES
Nunca como ahora precisamos de considerar la dimensión científica que el desarrollo urbano conlleva, para determinar la organización territorial de los nuevoleoneses y de sus actividades económicas a partir de nuestras fortalezas como ciudad, como pueblo y como personas. Existen ciudades como Roma, en Italia, donde aún se transitan calles como la llamada Vía Appia, construida durante el imperio romano, para transportar mercancías hacia el sur de ese país. Ésas y otras arterias de esa época aún subsisten y se sostienen con ese fin. Los ciudadanos pasan por ella y platican con orgullo este hecho. En Nuevo León, nuestras calles, nuestras casas y edificios y hasta nuestro deficiente drenaje tienen sus fortalezas y sus debilidades. En ellas debemos pensar y planear para tener un destino que si bien aspira a las grandes ligas de las economías internacionales, también tiene el derecho y el deber de legar un medio ambiente limpio y seguro a las próximas generaciones.
