Huertos familiares para un autoconsumo sostenible

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Antonio Muñoz Santiago (MF’81)

El escenario, la producción hortícola a nivel familiar resulta una buena opción para lograr la alimentación óptima, así como subsanar la deficiencia de estos artículos.

Para enriquecer su dieta, las personas deben complementar los alimentos básicos como maíz, arroz y papas, con carne, verduras, frutas y legumbres. Una adecuada disponibilidad de alimentos en el hogar, es esencial para el bienestar de la familia, y especialmente para el crecimiento y desarrollo saludable de los niños.

En el caso de las hortalizas, cada una de ellas tiene diferentes cantidades de nutrientes, por lo que es importante combinarlas para lograr un balance. Sin embargo, la falta de abastecimiento de estos productos, ha provocado que la dieta del pueblo mexicano sea deficiente, principalmente en el medio rural y en las zonas marginadas de los centros urbanos. Los huertos familiares, son entonces una alternativa para que el panorama cambie. Estos sistemas de siembra de hortalizas para el autoconsumo, contribuyen a mejorar la seguridad alimentaria y la economía de los hogares en donde se establecen.

Según las dimensiones y el nivel de productividad, estos cultivos pueden proporcionar una gran variedad de hortalizas durante todo el año, y permiten a las familias consumir sus propios vegetales, lo que significa un ahorro, al no tener que pagar por ellos en el mercado. Por otra parte, pueden generar ingresos adicionales por la venta de excedentes.

Los recursos necesarios para hacer un huerto son simples y económicos (la mayoría de las familias prácticamente ya cuentan con ellos): el terreno de un patio, agua, luz, algunas herramientas de siembra y mano de obra. Lo anterior debe complementarse con capacitación sobre conocimientos generales y técnicas apropiadas de producción, procesamiento, y almacenamiento de los alimentos.

Los pasos a seguir para realizar y mantener un huerto familiar son la elección del terreno, preparación, limpieza y remoción del suelo, ruptura de terrones, incorporación de materia orgánica, formación de surcos, siembra, riego, apoque, fertilización, control de plagas y control de enfermedades.

Los objetivos  que  pueden alcanzarse con un buen manejo de los huertos familiares son:

 

*        Informar a las personas sobre la importancia de consumir una variedad y cantidad ideal de alimentos, al mismo tiempo que se resaltan las necesidades energéticas y de nutrientes en los niños.

*        Apoyar e incentivar en la gente el desarrollo de habilidades y acciones que les permitan aprovechar los recursos con los que cuentan.

*        Tener familias capacitadas en cultivos múltiples de especies hortícolas adecuadas a cada temporada.

*        Producir suficientes alimentos nutritivos para toda la familia durante todo el año.

*        Obtener ganancias extras por la venta de productos excedentes.

 

Algo importante a considerar es que la responsabilidad del manejo, implantación y control del sembradío, debe compartirse entre todos los miembros de la familia. Los huertos en casa pueden ser muy exitosos, en la medida en que contribuyan a su desarrollo el mayor número de integrantes en el hogar. Esto porque además de los objetivos señalados antes, esta actividad permite una mayor integración familiar, y fomenta los valores de responsabilidad, cooperación, trabajo y respeto a la naturaleza y al medio ambiente, entre otros.

Se recomienda que en las actividades de capacitación y asistencia técnica proporcionadas para el desarrollo del huerto, se incluya siempre la participación de las mujeres, pues la tendencia muestra que esto favorece el que los productos que se obtengan del huerto, sean en primer lugar, para la alimentación de todos los miembros de la familia.

Otros dos aspectos importantes a considerar para la siembra en casa son:

La disponibilidad de agua. Ya que el desabasto de agua limita el establecimiento y el mantenimiento de las plantas, entre las alternativas de solución podemos mencionar el reciclado de agua. Puede usarse, por ejemplo, con la que se enjuaga la ropa, la que cae de la regadera antes de calentarse el agua o la de lluvia.

La planeación del huerto. Entre las actividades a prever están: la elección del terreno (debe estar dentro del patio de la vivienda, ser plano y sin sombra excesiva); el abasto de agua; la elección de las especies a plantar (las más fáciles de cultivar son calabacita, calabaza, chile jalapeño, pimiento morrón, chile serrano, melón, pepino, sandía y tomate); y la disponibilidad de semillas (en muchas tiendas se pueden encontrar certificadas y libres de patógenos).

La preparación de herramientas. Algunos de los insumos básicos orgánicos que pueden utilizarse para el cuidado del cultivo son: composta, abono y fertilizantes. Respecto a los materiales inorgánicos a utilizar se encuentran también fertilizantes; insecticidas; fungicidas; y sustratos como peat moss, perlita, vermiculita, arcilla y arena. Es importante además, contar con instrumentos como pala, azadón, pico o talache, rastrillo, regadera de mano, manguera, aspersor y escalera.

La implantación de un programa de esta naturaleza a nivel masivo, pondría al alcance de miles de familias mexicanas una alimentación más variada, saludable y económica, que permitiría una mejor nutrición y, por ende, mayor desarrollo físico e intelectual para niños y jóvenes.

Antonio Muñoz Santiago (MF’81) es director general del Laboratorio de Investigación y Diagnóstico Agropecuario (LIDAG).

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