La Autoestima la genera la derrota superada

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Maestro Arnoldo Téllez López

Facultad de Psicología / UANL / atellez50@hotmail.com

A menudo tengo la fantasía de lo que podría suceder si, después de una noche de sueño, todos despertáramos con una elevada autoestima. Creo que nuestro mundo sería muy distinto. La gente podría tratar a los demás, y a sí misma con amor, bondad y realidad

Virginia Salir

Todos hemos hablado u oído hablar alguna vez de la autoestima. Decimos que tal o cual persona tiene mala o buena auto estima, y decimos eso por el comportamiento que observamos en ella. Pero, ¿qué es realmente a lo que se refiere el término autoestima? Se refiere a la opinión, al afecto que tenemos hacia nosotros mismos, al concepto del «tipo de personas que somos». La palabra estima significa afecto.

La estimación que yo tenga de una persona se manifiesta cuando digo: «Rodrigo es un excelente amigo, muy solidario, muy sencillo y sabe escuchar. Uno puede contar con él cuando lo necesite». Eso es tener buena estima por alguien. Pero puede ocurrir lo contrario. Cuando expreso:

“Ana es conflictiva, ni siquiera la tolero cuando habla”, eso es una estima negativa. Pero cuando opinamos sobre nosotros mismos, sobre nuestro físico, sobre nuestra capacidad de hacer las cosas, nuestras aptitudes, etcétera, hablamos de nuestra propia estima, o autoestima.

LO QUE PENSAMOS DE NOSOTROS MISMOS

Expresiones como: “No me van a dar el trabajo, se lo van a dar a otro más capaz que yo.” “Qué estúpido soy, me volví a equivocar”. “Nadie se fijaría en una mujer como yo”, pueden reflejar una mala autoestima. Podemos definir la autoestima o autoimagen como nuestra propia concepción del “tipo de personas que somos”. La autoestima se construye de las propias ideas que tenemos acerca de nosotros mismos. Estas ideas se han formado, en su mayoría, inconscientemente, a partir de experiencias pasadas, especialmente en la infancia. Es el resultado del balance de experiencias de éxitos y/ o fracasos, humillaciones o halagos, de castigos y cariños, y de la forma en que otra gente reaccionó ante nosotros. Todas estas experiencias forman el concepto o la imagen que tiene de uno mismo. Una vez que una idea es coherente con esta imagen, ésta se convierte en “verdadera”, y es difícil cuestionar su “validez”. Uno procede como si fuera verdad. El cirujano plástico Maxwell Maltz menciona que él estaba acostumbrado a los cambios positivos en la autoestima tras corregir quirúrgicamente una cicatriz en el rostro después de un accidente, o una nariz aguileña, etcétera. Lo que lo sorprendía y desconcertaba era la reacción de algunos pacientes que, después de una operación claramente exitosa, seguían viéndose al espejo como personas feas, y reclamaban la mala intervención del cirujano plástico. Fue cuando Maltz se dio cuenta de que esas personas no tenían un problema de imagen, sino de autoimagen. Era la imagen mental de sí mismos la que ellos necesitaban cambiar. Estos pacientes no necesitaban un bisturí de acero inoxidable, sino un bisturí invisible: una intervención psicoterapéutica. Maltz sostuvo el siguiente principio: “Todas las acciones, emociones, actitudes y habilidades tienden a ser consistentes con la autoestima”. Esto quiere decir que si una persona se concibe a sí misma como una persona “fracasada”, “una persona pobre” o “una persona nacida para sufrir”, encontraría circunstancias, eventos que puedan darle la oportunidad de interpretarlos de tal forma que ratifique sus creencias y por lo tanto consolidar esa autoestima. Lo mismo ocurre, pero en dirección opuesta, cuando nos concebimos como “una persona respetable, con capacidad de ser feliz”.

AJUSTE DE PERCEPCIONES

Maltz opina que la autoestima es la base donde la personalidad, la conducta y las “circunstancias” se edifican. Lo anterior significa que una persona que tenga una imagen de sí misma como “fracasada”, su conducta va a actuar de acuerdo a esa imagen o idea de sí misma y por lo tanto creará en forma inconsciente las circunstancias que le confirmen esa creencia. Lo anterior significa que los individuos tienden a reforzar su autoestima ajustando las percepciones para que coincidan con la autoestima percibida. De esa forma, los individuos que se perciben a sí mismos como exitosos tienden a comportarse en forma exitosa y/o a percibir su conducta de forma exitosa; la gente de autoestima baja tiende a comportarse y/o percibir su conducta  como fracaso, lo que da como resultado lo que en psicología se conoce como una profecía autocumplida. Por ejemplo he visto en la práctica clínica mujeres que crecieron observando cómo sus madres eran víctimas de violencia física de parte de sus esposos, o recibieron ellas mismas un trato humillante de niñas, y se crearon una imagen “de cómo una mujer es tratada”. Posteriormente en la edad adulta, en sus relaciones de pareja, suelen también ser víctimas de violencia. Y cuando rompen sus relaciones, ya sea de noviazgo o matrimoniales por esa razón y establecen nuevas relaciones, vuelven a encontrarse con que su nueva pareja también las maltrata, y expresan: “todos los hombres son violentos” o “¿por qué tengo tan mala suerte?”. Pero lo que pasa es que su pobre autoestima o la autoimagen de “mujer sin dignidad o derecho a ser respetada”, las guía inconscientemente a buscar ese tipo de parejas, y a co-crear y especialmente a tolerar las circunstancias de maltrato.

Recuerdo a una paciente que después de un divorcio por causa de maltrato físico por parte de su esposo, y el rompimiento de varias relaciones de noviazgo posteriores por esa misma razón, se encontró en una relación con un hombre pacífico y respetuoso, pero decidió romperla, debido a que «no me gustan los hombres sin carácter».

MANIFESTACIONES DE BAJA AUTOESTIMA

La baja autoestima suele manifestarse de dos formas: a través de la sumisión humillante o la prepotencia. Los hombres que suelen abusar de sus parejas tienen una muy baja autoestima. Al respecto, Branden opina que tendemos a establecer relaciones con personas con autoestima parecida a la nuestra.

Sin embargo, la autoestima y la autoimagen que tenemos son cambiables. Necesitamos tener una imagen de nosotros mismos que podamos «aceptar»; una autoimagen en la que podamos confiar y creer, de la que no podamos avergonzamos, en la que podamos expresamos creativamente y que corresponda a la realidad, de forma que podamos funcionar más efectivamente. Los expertos opinan que la auto estima de un niño de cinco o seis años estará moldeada casi exclusivamente por su familia; después, otras influencias externas a la familia, tales como la escuela, los amigos, etcétera, empezarán a tener importancia, pero la familia continuará siendo esencial.

El doctor Albert Bandura acuñó el término de «autoeficiencia» como un sinónimo de autoestima o autoimagen. Definió el término de autoeficiencia como la expectativa y la confianza de ser capaz de manejar exitosamente varias situaciones.

Un niño con buena autoestima podrá tener la confianza en sí mismo para aprender cualquier cosa nueva que se le presente en la escuela o fuera de ella; es decir, tendrá una buena auto eficiencia.

EVALUACIÓN DE NOSOTROS MISMOS

Obviamente que el maestro o maestra tendrá un papel importante en fortalecer o no la autoeficiencia durante ese proceso de aprendizaje por ensayo y error. El nivel real de autoestima se prueba en las situaciones difíciles, cuando las cosas no van bien. La auto estima es la evaluación que en forma habitual hacemos de nosotros mismos y que expresa aprobación o desaprobación, e indica hasta qué punto uno se considera eficiente y capaz de merecimiento de respeto y de dignidad.

Por esa razón, muchos pacientes con baja autoestima presentan un flujo ininterrumpido de autocríticas y autoculpa, con las cuales se censuran continuamente. A veces confundimos «lo que uno es» con «lo que uno hace» o «lo que uno tiene»; es decir que no distinguimos entre «ser» y «hacer y tener».

El valor de uno como persona es independiente de lo que uno hace o uno tiene. Una buena autoestima permite minimizar o no darle tanta importancia a la crítica interna. El fomento de una buena autoestima desde la infancia podría ser un factor preventivo de muchas psicopatologías revisadas en esta revista.

REFERENCIAS

Branden N. (2001). Los Seis Pilares de la Autoestima. México: Paidós

Maltz M.(1997). La Imagen de si Mismo. México: Ed. Herrera Hermanos

Mruk C. (1998). Autoestima: Investigación, Teoría y Práctica. Bilbao: Ed.

Desclée De Brouwer.

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