Primero, el peatón

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Indira Kempis

Jim Walker es el Director de la organización civil Walk21 (http://www.walk21.com/) , promotor de hacer ciudades para caminar. Los argumentos de Jim no sólo estriban en el impacto que esto tiene en la salud física, como podría pensarse, sino en un concepto más grande que tiene que ver con la construcción de una ciudad humana y sustentable.

La premisa de Jim se basa en que a los seres humanos se nos ha olvidado que lo primero que aprendemos cuando somos bebés es a caminar. Siendo así, quiere decir que caminar es algo que nos es natural. Sin que esto signifique que caminando podamos llegar a todos lados porque en las ciudades en las que vivimos necesitamos de diferentes formas de transporte para movernos en donde la prioridad, en una óptima planeación urbana debe ser: primero el peatón, después bicicletas, luego el transporte público y en el último nivel el automóvil.

Jim encuentra cinco argumentos para determinar que se pueden hacer ciudades para que la gente camine: el primero tiene que ver con el flujo. La importancia de transportar gente, no autos, a los destinos. El segundo es el aire limpio, una ciudad donde la gente camina los índices de contaminación del aire bajan drásticamente. En tercer lugar, el tema está relacionado con la salud física, se ha comprado a nivel mundial que el sedentarismo que provoca el tráfico es nocivo para nuestra salud y mover las piernas es un excelente ejercicio. En el cuarto argumento, encontramos la facilidad con la que se puede generar convivencia social al caminar. Se encuentran amigos en el camino. Y, por último, caminar también tiene que ver con dinero. Hay estudios europeos que han comprobado que mientras más caminatas realice la gente, mayor es su consumo y, por tanto, se incrementan los negocios e inversiones.

La tarea de Jim Walker para el 2012 es ambiciosa porque quiere poner en la agenda pública internacional la mirada hacia ciudades en las que podamos caminar. Es un reto, sobre todo en América Latina, porque no existe la infraestructura necesaria para que eso sea posible y que, al final del día, eso influye en la decisión de la población de atreverse a caminar. Si pretendemos hacer de Monterrey una ciudad humana, tendremos que aprender a caminar nuestra ciudad.

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