¿Que comerá la humanidad en 2050?

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Nueve mil millones de personas que alimentar a mediados de siglo, y cambios climáticos: un verdadero reto para el futuro. Un organismo internacional  plantea las opciones que tendrá el ser humano desde ahora hasta entonces

(Tomado de Courrier International. Traducción de Félix Ramos Gamiño)

Dentro de 40 años, la Tierra tendrá que proveer alimento para nueve mil millones de personas. Para Cary Fowler, director del Global Crop Diversity Trust (estructura asociativa entre la FAO y organismos privados, como las fundaciones Rockefeller o Bill Gates, que tiene como objetivo el mantenimiento de la diversidad biológica de las variedades agrícolas), se va a tratar de un gran desafío. La urbanización o la falta de tierras agrícolas no serán la fuente del problema.

Las complicaciones vendrán de los cambios climáticos, que van a exigir el surgimiento de nuevas variedades de alimentos, capaces de resistir el calor y la sequía. Según Fowler, para ello hace falta adaptar las culturas agrícolas actuales.

Pensemos que no se cambia nada : en ese caso la producción se desplomará y los precios aumentarán.

Pensemos que nos inclinamos por alimentar de otra forma a los nueve mil millones de personas que habitarán el planeta en 2050.
John Beddington, el principal consejero científico del gobierno británico, subraya que “el reto no radica solamente en aumentar la producción de manera sostenible, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, con el fin de preservar la biodiversidad, sino en hacer la alimentación más reactiva, en vista de la inestabilidad tanto económica como climática”.

Un impresionante expediente sobre este tema, publicado por la Royal Society, nos da una visión menos pesimista sobre el futuro de la alimentación, perspectiva que no comparte Fowler: “Se nos dice que es necesario producir más alimentos, pero en esta materia nada es automático”.

Desde el nacimiento de Fowler, en 1950, la superficie de tierras cultivadas ha aumentado en diez por ciento, en tanto que la población se ha más que duplicado. Las desigualdades en materia de distribución explican que la séptima parte de la humanidad sufre hambruna, en tanto que otra séptima parte tiene alimento de más a su disposición.  “Las tierras irrigadas se han duplicado; la cantidad de agua utilizada se ha triplicado, y la de pesticidas se ha multiplicado por 53”, asegura Fowler. Es imposible hacer que aumenten más las tierras cultivadas, porque la agricultura intensiva no es infinita. “Es necesario repensar la agronomía, las prácticas agrícolas y la reproducción de las plantas”.

El artículo de la Royal Society dedicada al cambio climático defiende la idea de que no hay datos suficientes para conocer el impacto real de éstas. Otro artículo pretende que en 2050, el rendimiento por hectárea será de 50 a 75 por ciento mayor que el actual.

Fowler se imagina un escenario mucho más sombrío, y cita dos ejemplos entre muchos otros:

“Si tomamos en cuenta el arroz, el aumento de un solo grado en la temperatura nocturna ha hecho que su producción se reduzca en diez por ciento, y si se fija uno en los polinizadores, verá que el calor afecta su comportamiento y contribuye a un menor rendimiento de las plantaciones”.

Actualmente, el objetivo de Global Crop Diversity Trust y de los investigadores de la Universidad de Stanford, en California, es 2030, año para el cual ya han sido establecidos los datos sobre los efectos del cambio climático. “Si se tienen las mismas culturas que hoy en día, se puede prever una baja en la producción de maíz en África austral. En esta región, el maíz representa el 50 por ciento de la alimentación”, afirma Fowler, quien anuncia crisis alimentarias espectaculares en caso de que las cosas no cambien. La alternativa radica en la investigación de nuevas variedades de plantas silvestres, parientes de las cultivadas y que vivan naturalmente en zonas extremas.

“Tenemos necesidad de recolectar esas plantas, porque debemos ser capaces de utilizarlas en el futuro para la reproducción, y eso representa un promedio de diez años”, calcula él. Y es necesario agregar diez años más para que esas nuevas variedades estén listas para el cultivo.

No importa dónde se ubiquen las nuevas culturas; en el límite de los desiertos o en las montañas. “Pienso que si alguien regresara a Portugal dentro de cien años, los regímenes alimentarios no serían los mismos”, predice Fowler. En el futuro, ciertas culturas podrán aumentar su participación en la producción mundial, en tanto que otras la disminuirán. Lo importante es salvaguardar esos tesoros naturales, hasta que sean necesarios para la humanidad.

“Para cumplir una tarea de esta naturaleza será necesario que el mundo entero haga un esfuerzo, lo que está muy lejos de ser el caso. Los líderes del planeta responden únicamente a problemas de corto plazo, y se despreocupan del problema del fundamento biológico de la civilización que es la agricultura”.

Comentario:

La alimentación del futuro

Dentro de cuatro decenios, algunos alimentos en los que nadie habrá pensado vendrán a sazonar nuestro menú cotidiano. Pruebe, pues, el sorgo, de la familia de las gramíneas (como el trigo), acompañado de amaranto, arbusto originario de México, cuyas hojas pueden ser utilizadas como legumbres.

Anímese a probar el tubérculo de ñame, así como el gesse común, pequeña planta leguminosa, originaria de Irak. La particularidad de estos alimentos es su gran resistencia a la sequía. Así pues, responden perfectamente al contexto previsto para 2050.

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