¿Casas o microciudades?

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Indira Kempis

¿Alguna vez ha pasado por los complejos habitacionales que se encuentran en la periferia de las ciudades?, ¿conoce a alguien que viva en ellos?, ¿ha diseñado uno?, ¿le gustaría vivir ahí? Más preguntas podemos plantearnos cuando reconocemos que aunque el sistema de crédito para la vivienda ha tenido un gran éxito por la cantidad de empleados que cuentan con este beneficio, también sabemos que a la última pregunta contestaríamos negativamente o en cierto grado de conformismo.

Las razones saltan a la vista. Viviendas que se construyen de manera similar, una pegada a la otra, sin espacios públicos con dimensiones en proporción a lo construido, de materiales que parecen desmoronarse al primer fenómeno natural, sin una visión de respeto al medio ambiente, a veces sin seguridad o incluso ausentes de servicios básicos. La calidad habitacional de la vivienda en México es algo que no debería pasarse por alto ante la demanda creciente.

Algunos de los motivos, que más que razones son justificaciones, es por la inversión y gastos que si se incrementarán no corresponderían a los préstamos de largo plazo. No obstante, cada vez más urbanistas a nivel mundial han puesto sobre la agenda pública el debate de la vivienda en los países en vías de desarrollo.

Las alternativas que se ofrecen a las empresas constructoras tienden a instalarse en la construcción amigable con el medio ambiente. Los costos se reducen una vez que se invierte a largo plazo en el ahorro de agua y luz, por ejemplo, o en diseños de casas que cuentan con más espacio para actividades durante el día. También en los materiales que pueden ser hasta reciclables. En diseño de jardines lúdicos, o bien, diseños particulares para que el mantenimiento no incremente los gastos a largo plazo y que permitan la interacción social.

La calidad de vida de un habitante, también depende de dónde vive y cómo vive. No es sólo el hecho o alcanzar una cifra de quienes cuenta con una casa. La comodidad del espacio por modesto o lujoso que sea, influye de manera determinante en el estado de ánimo personal, las relaciones entre los vecinos y el placer de habitar una ciudad. Más que pensar en casas, se debe planear en los conjuntos habitacionales como pequeñas ciudades integrales. Así, tal como dice la voz popular: Dime en dónde viven los habitantes de tu país y te diré cómo es tu país.

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