Indira Kempis
Los pasos peatonales son señalamientos que con claridad nos comunican un espacio correspondiente para los que caminamos por la ciudad. De acuerdo con algunos lineamientos de la arquitectura urbana, según una constructora, “la señalización del paso de peatones (paso de cebra) consiste en bandas paralelas a la acera pintadas sobre la calzada de 0,50 m. La pintura deberá resistir la intemperie, mantener el color, generalmente blanco, no ser deslizante con la lluvia y ser resistente al desgaste por el tráfico rodado”.
La mayoría de los pasos de cebra van acompañados de un semáforo que anuncia el momento en los peatones deben cruzar la calle. Así que esos 0,50 m se vuelven en la forma más segura de estar en el otro lado de la cera. En una ciudad con avenidas grandes como Monterrey, estas líneas anchas se vuelven una prioridad para brindar seguridad al peatón.
Aunque parece que la cultura vial no es lo nuestro, ésta es responsabilidad no sólo de quien utiliza los pasos peatonales, también de los automovilistas. Cada día, a veces en mayor o menor proporción, veo a conductores que no frenan antes de las líneas de cebra y se instalan sobre ellas. Limitando el paso y creando un ambiente de vulnerabilidad para quien camina por ahí. No conforme con eso, algunos aceleran segundos antes de que el semáforo indique el color verde.
A veces me pregunto por qué es que se tienen esas descortesías viales cuando son las más necesarias en una ciudad donde la mayoría de la población se mueve en autos. Ahí donde no hay esa cordialidad y empatía tanto de quienes caminan como quienes circulan, no hay tampoco seguridad alguna pese a los señalamientos existentes. Sólo recuerde la última vez que uso el paso de cebra como descanso o paso corriendo cruzando una calle sin usar el paso peatonal. Se sorprenderá el día que haga este conteo. Ceda el paso, es por nuestra seguridad, la de todos.
